La Rioja

Ana Katia Pérez: «La sonrisa es nuestra mejor arma»

Ingresó en la Guardia Civil en septiembre de 1993. Quinta promoción de mujeres guardia civiles. Veinte años después fue destinada a Calahorra como jefa de de área de atención ciudadana del Puesto de la Guardia Civil de la capital riojabajeña. Ha sido la primera mujer suboficial de la Guardia Civil destinada en la ciudad bimilenaria y ha dejado una huella importante en la ciudad.

Su sonrisa, su mejor arma, como ella misma dice, será difícil de olvidar en la ciudad. Ana Katia Pérez Gil se despedía hace unos días del acuartelamiento de Calahorra para cambiar su destino a la provincia de Zamora. Comprometida con el papel de la mujer en el instituto armado, es vocal del Comité en representación de la Asociación Escala de Suboficiales de la Guardia Civil y su trabajo es firme en la visibilización de las mujeres en el cuerpo.

– ¿Cuándo supo que quería ser Guardia Civil?

– Quise ser guardia Civil desde que era muy pequeña. Era tal la matraca que les daba a mis padres que con 14 años mi madre me llevó a la Comandancia de Ofra en Santa Cruz de Tenerife y un guardia civil le dijo que no se preocupara que se me quitaría de la cabeza. Yo ya sabía que para acceder al cuerpo se debía tener la EGB y yo ese requisito acaba de conseguirlo. Lógicamente, no reunía el requisito de la edad. Cuatro años después, con COU finalizado, aprobaría las pruebas de acceso al cuerpo. Ingresé en la Academia de Guardias de la Guardia Civil de Baeza el 7 de septiembre de 1993 junto a 398 mujeres.

– ¿Es fácil ser mujer y guardia civil?

– Las mujeres, en general, no lo han tenido fácil en el mundo laboral. Entre otras cosas, cuando se llega a casa se tienen “obligaciones” familiares que sorprendentemente aún en nuestro tiempo (con lo modernos que presumimos ser) seguimos pensando que recae prácticamente en exclusividad en las mujeres. Esto hará que ellas en el día a día acaben más saturadas, agotadas y desoladas que quien llega de trabajar, tiene la mesa puesta cada día, las criaturas atendidas y se va a hacer deporte, charlar con los amigos o, simplemente, no se levanta del sofá en lo que resta de tarde. Aplicas esta mentalidad que claramente hace de menos a la mujer a cualquier trabajo como el mío, donde la mujer está infrarrepresentada, y puedes imaginar un poco las dificultades a las que nos podemos enfrentar. Depende en gran medida a la mentalidad de las personas de nuestro entorno laboral y su sensibilización, concienciación y respeto a la mujer. Soy consciente de que en estos momentos no hay mayor discriminación en la Guardia Civil que en otras organizaciones comparables. Sí es importante mejorar en aspectos muy necesarios como es el número actual de mujeres y en otras cuestiones ya detectadas por la GuardiaCivil asumidas en su I Plan de Igualdad, actualmente en ejecución.

– ¿Cómo fue su llegada a Calahorra ?¿Qué se encontró aquí?

– Llego a Calahorra en julio de 2013, un destino que pido voluntariamente, y me encuentro una ciudad multicultural y de gente muy trabajadora. Observo una tasa delincuencial ajustada al movimiento laboral, empresarial, de transeúntes y de ocio que asume la zona. Hay que recordar que La Rioja es una de las comunidades con menor tasa en España.

– Llega y la mayoría de sus subordinados son hombres. ¿Cómo se gestiona esa situación?

– Llego como suboficial a un acuartelamiento donde la mayoría son hombres y casi en su totalidad subordinados. El trato dispensado ha sido correcto y, cuando no ha sido así, he gestionado la situación. No puedo indicarle si estas acciones lo fueron únicamente por ser mujer o simplemente por ser mando. Eso a quien habría que pregúntaselo es a la otra persona.

– El porcentaje de mujeres en la Guardia Civil es bajo. ¿A qué cree que se debe esa situación?

– La representación de mujeres en cuerpos tradicionalmente masculinos está lejos de ser equilibrada. En el caso de la Guardia Civil, las cifras son para sonrojar tras más de treinta años desde su incorporación. En el año 2007, la Guardia Civil creó el Observatorio de la Mujer. En el año 2014 creó el Comité para la Igualdad efectiva de mujeres y de hombres en la Guardia Civil. Se puede decir que ese año hay un punto de inflexión en materia de la igualdad en el cuerpo. Hay que seguir trabajando. Lo importante es que la mujer llegue a cargos de responsabilidad y de toma de decisiones. Eso hará que las normas cambien y que las mujeres tengan referentes para saber que son bienvenidas al cuerpo.

– Está claro que existe el techo de cristal en el cuerpo

– Existe el techo de cristal y el suelo pegajoso. El techo de cristal es teniente coronel. Hay tres mujeres en la actualidad que ostentan ese empleo en la Guardia Civil. Y suelo pegajoso porque tenemos un 7,62 por ciento de mujeres, donde más del 85 por ciento están en la base de nuestra pirámide.

– ¿Qué momento recuerda con más cariño de su paso por Calahorra?

– Con más cariño y con más ternura sin duda fue el homenaje que el Ayuntamiento de Calahorra organizó en el año 2018 con motivo de la conmemoración del 30 Aniversario de la incorporación de las mujeres en la Guardia Civil. Se realizaron una serie de actos y eventos que culminarían el día de la festividad del Pilar con la entrega de una placa para honrar a las mujeres guardias civiles que prestaban servicio en esta ciudad o que lo hubieran hecho. Les puedo asegurar que me sentí feliz por mí, por las mujeres guardias civiles que estaban junto a mí y muy especialmente por aquellas que habían prestado servicio y ya no estaban. Como anécdota les contaré que esa placa ha estado sobre la mesa en el despacho en el que yo trabajaba durante todo este tiempo y en mi marcha sentí la necesidad de buscar un buen lugar en el cuartel. Ahora está en un lugar predominante.

– ¿Y con más preocupación?

– Con más preocupación, sin duda, el momento actual que estamos viviendo. Desde el inicio de toda la crisis sanitaria, pero sobre todo cuando más preocupación sufrí fue al comprobar el desdén que algunas personas tenían sobre la situación. El poco valor que estaban dando a las normas, recomendaciones y usos en aquellos importantísimos días donde la cantidad de personas contagiadas y fallecimientos estaba en auge. La responsabilidad de las familias, que yo tanto había defendido en foros internos donde presumía que serían impecables en las normas e implacables en su cumplimiento, observé una falta innecesaria de seriedad, solidaridad y educación. Interactuando con familias, más de una persona debería sonrojarse por sus formas. Ojalá que en el tiempo que nos queda en esta nueva normalidad no tengan familiares o seres queridos afectados.

– ¿Ha cambiado la imagen de las fuerzas de seguridad con esta pandemia?

– Yo creo que sí. No sé cuanto durará, pero es evidente que la gente nos ve ahora de otra forma. Cuando los niños empezaron a poder salir a la calle resultaba muy gratificante que te saludasen cuando ibas en el coche. En varias ocasiones me tuve que quitar la mascarilla para que notasen que yo les devolvía la sonrisa. Creo que nuestra sonrisa es nuestra mejor arma, que la ciudadanía sepa que estamos para ayudarles, para resolver sus dudas… creo que los paseos de las ocho de la tarde han hecho por nosotros más que muchas campañas de publicidad. ¿Cuánto durará? Eso ya no sé decírtelo.

– Casi no ha podido despedirse de la ciudad por el estado en el que nos encontrábamos

Ha sido bastante complicado porque no hubo abrazos ni besos. Todo nos lo teníamos que decir con la mirada que ha sido la forma de expresar todos esos sentimientos.

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