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Bienvenidos a la Segunda B

“No han jugado una castaña”. Estamos de acuerdo. No han jugado bien. Se ha dado la extraña situación de que el equipo visitante, con un hombre menos y sin nada que perder, ha merecido empatar un partido que debió perder en la primera parte cuando fue más cauto y cedió más terreno al equipo local. Es decir, este Salamanca fue cobarde en la primera parte, y solo cuando se vio con un hombre menos y por detrás en el marcador decidió irse al ataque porque ya no tenía nada que perder. Ahí sí hizo sufrir al líder, que no supo adaptarse a este cambio, no supo hacer lo que habitualmente hace a la perfección lejos de Las Gaunas, por ejemplo, en León: enganchar una contra, hacer el segundo y apelar a eso de “más vale un por si acaso” que “un quien lo iba a decir”. Miño evitó el empate del Salamanca, también el poste en la siguiente, y la Unión Deportiva Logroñés suma una nueva victoria para mantener los seis puntos de distancia sobre el segundo clasificado, diez puntos sobre el tercero y cuarto (Cultural y Real B), y trece puntos sobre el quinto.

“Y no jugó una castaña”. Cierto. Pero una cosa importante para aquellos que van picoteando poco a poco del fútbol en blanco y rojo al calor de los buenos resultados (6.600 en Las Gaunas): bienvenidos a la Segunda B. Esto más o menos funciona así. Conviene partir de la premisa de que el equipo perfecto no es aquel que juega bien y gana siempre. Esto precisamente estuvo cerca de cargarse la Primera división española con las Ligas de los 100 puntos de Madrid y Barça. Reeduquemos el gusto por la igualdad, la competitividad, la sorpresa… Dejémonos llevar por la premisa más sagrada del fútbol: no hay rival pequeño y cualquiera puede ganar al líder de la categoría.

El manual de supervivencia de la Segunda B solo exige no sumar dos derrotas seguidas y no pasar más de tres jornadas sin ganar. Y a ser posible: hacer de tu casa un fortín, empatar fuera y de vez en cuando ganar lejos de Logroño. Así de sencillo para ser líder, y al mismo tiempo tan complicado tras once temporadas de intentonas fracasadas. Pero por fin parece que los vamos entendiendo.

En Segunda B el equipo perfecto es aquel que logra una regularidad lo suficientemente exitosa como para mantener, primero, su portería a cero; y, después, si se da el caso y hay tanta fortuna como algo de talento, aprovechar alguna, la que sea y como sea, para ganar a su rival, ya sea en casa o lejos de su hogar.

En la Segunda B no sirve lo evidente: el líder siempre gana en su casa al de la zona media. Ni de coña. Si así fuera no llevaríamos tantas temporadas yendo al fútbol: si a todo esto le quitas la incertidumbre del resultado inesperado no nos quedaría nada. La Segunda B es magia pura porque cualquier cosa puede pasar. No ocurre lo mismo en Tercera, ni por supuesto en Primera. La Segunda B se parece más a la Segunda. Es el imperio de la igualdad. Así que la incertidumbre es segura en esta división.

Porque ni tu equipo es perfecto ni el de enfrente es tan malo. Son más o menos iguales. Quizás el tuyo tenga la capacidad de tener una en la segunda parte y mandarla de zurdazo a la escuadra como hizo Rubén Martínez, y ellos, pues tengan dos, la primera la saque tu portero, y la segunda la repela el poste. Cuestión de suerte, aunque no solo de suerte. La calidad en los pequeños detalles: Miño la para, Sotres, no. Rubén la mete; Gio, no… Fútbol.

Y claro, habitualmente no juegan una castaña… ojo, bajo los criterios del fútbol que observamos por la tele. La virtud del ganador es precisamente ganar aunque no lo merezca para seguir alejándose de los domingos de indiferencia. Si has ido por primera vez a Las Gaunas, más allá de la Copa, quizás te has aburrido, a pesar de que los tuyos hayan ganado. Paciencia, a esto se le acaba cogiendo gustillo, aunque queremos huir de la Segunda B como de la peste. La Segunda B es un coronavirus con vacuna.

Bienvenido a la Segunda B. Lo normal, ojo, es aburrirse. Pero, claro, llega el gol, llega la victoria… y como que se arregla el cuerpo. Nadie recordará este partido el domingo que viene. Como a buen seguro tampoco recuerdes de qué manera se le ganó este año al Guijuelo en Las Gaunas. No tiene importancia. El asunto se resume en ganar domingo tras domingo y ser el equipo más regular del campeonato aunque te pueda parecer que lo hace sin suficiencia, con cierta dosis de fortuna, con escaso merecimiento, sin estilo…

Fíjate cómo es la Segunda B de perra que la Unión Deportiva Logroñés de Sergio Rodríguez, sí, el equipo de Sergio Rodríguez, da la sensación de que va a pasar a la historia como uno de los equipos más defensivos de la historia de esta categoría. Un dato: solo ha encajado un gol en liga en este 2020. Solo el Ibiza, en el Grupo 1, de Pablo Alfaro suma menos goles. Sergio Rodríguez, 16. Pablo Alfaro, 15. Sergio Rodríguez y Pablo Alfaro… Ojo con este asunto. Qué dura es la Segunda B, que iguala dos caracteres deportivos tan antagónicos. Recuerda aquella primera UD Logroñés del riojano y aquel Mirandés del maño. Malo es pedir, pero peor es pasar hambre.

Los habituales de Las Gaunas ya lo saben, llevan años repasando la lección: lo mejor para salir del pozo de la Segunda B es enfangarse de barro, aceptar el asunto tal y como venga, y hacer el camino, que al final uno como que se acostumbra y hasta acaba sintiendo empatía y ternura hacia la primera categoría no profesional del fútbol español. No queda otra.

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