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Gretel Moda Infantil echa el cierre: «El comercio local está fuera del mercado»

Ana Román comenzaba hace veintiún con mucha ilusión su proyecto más personal y a la vez profesional. Un negocio de ropa para los más pequeños de la casa. Una tienda especializada en moda infantil con ropa de calidad y un diseño y estilo muy original en todas las prendas.

Más de dos décadas adecuándose a las modas, a los tiempos, a los cambios de clientela, pero hasta aquí ha llegado la historia de Gretel Moda Infantil. «Ya no se puede sostener esto. Han bajado muchísimo las ventas. El mercado es muy inestable y eso, a la hora de comprar, es un gran problema», cuenta con rabia Ana.

La calle Muro del Carmen ha sido durante muchos años una de las referencias comerciales en el centro de Logroño, pero de un tiempo a esta parte muchos locales han cerrado y, de ocho comercios con los que contaba, solo permanecen tres.

«No creo que sea problema de la calle. La situación es mala en general. Se están cerrando muchos negocios y algunos intentan aguantar, pero llega un momento en el que no pueden más. En la zona de las cien tiendas, por ejemplo, cada día que paseas ves otro local más que se alquila o que cierra».

Ana tiene claro cuál es el principal inconveniente para el pequeño comercio: los centros comerciales. «En mi opinión, Logroño no es una ciudad tan grande como para tener dos grandes superficies. No lo tenían que haber permitido. Nuestro comercio local ha sido siempre uno de los mejores de España, en cuanto a calidad y cuidado. Entre nosotros no nos hemos hecho competencia, y somos los que hemos dado vida a la ciudad. Es una pena que, entre todos, nos lo estemos cargando».

No son muchas las tiendas que tiene la capital riojana en la que se venda ropa de bebé y niños hasta diez años, pero Ana explica que con cuatro macro tiendas que se abran en los centros comerciales ya les comen el mercado. «Estos establecimientos venden una cantidad inmensa de ropa con unos precios mínimos y con una calidad aún más mínima, pero las ventas no disminuyen. Es más, aumentan. Esta situación es la que está haciendo que nosotros desaparezcamos».

Entre la moda que vende Ana, también están los uniformes colegiales. «De un tiempo a esta parte, hasta los propios centros se han apuntado al carro y nos están haciendo perder ventas. Los colegios han querido sumarse a este negocio para ganar dinero y nos han sacado también del mercado».

Y ahora, ¿qué?

La decisión de acabar con su sueño ha sido menos dramática de lo que se esperaba Ana. «Al final, con el poco movimiento que se ve y que no sabes por dónde caminas y hacia dónde vas, lo único que te queda es esto, por mucho producto especializado y de calidad que tengas. Esto viene de atrás, y ya te vas mentalizando».

Actualmente, los precios de los artículos están muy rebajados. «Ya no te planteas la rentabilidad sino recoger lo que te queda. La suerte es que en esta tienda se trabaja al día. La ropa de invierno que tenemos es de esta misma temporada, y la de verano que nos queda es del pasado año. Intentamos no cargarnos de mucho género, no queremos almacenar».

«De momento, estaremos hasta junio, dependiendo de lo que vendamos en Logrostock, donde vamos a participar. Y también depende de la rapidez con la que alquile el local. Estoy abierta a cualquier oferta, pero estando en el lugar donde estoy, lo más seguro es que esto acabe siendo un bar».

Falta poco para que el negocio que un día emprendió Ana con ánimo y esperanza eche la persiana y la pregunta es: y ahora, ¿qué? «De momento no lo sé, solo sé que esto ya no es. Quién sabe si salgo por otro lado».

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