El Rioja

«Nos han llevado a un zulo con treinta tíos oliendo a mierda»

Como en años anteriores, el período de vendimia trae hasta La Rioja numerosos temporeros que, con contrato o sin él, llegan hasta nuestra región para trabajar durante aproximadamente un mes en los viñedos riojanos. Pero no todos los que llegan lo hacen con la misma suerte. Todavía hay personas que no han encontrado trabajo o personas que, creyendo tener el próximo mes solucionado, se encuentran con sorpresas muy desagradables.

Es el caso de un grupo de cinco temporeros llegados desde Santander para trabajar por primera vez en la vendimia. Negociaron las condiciones antes de venir a La Rioja, pero al llegar a Hormilla, lugar donde presumiblemente iban a trabajar, se han encontrado con una situación muy diferente a la pactada.

«Nos habían hablado de tener cada uno su habitación, con su cama y su tele y ganar setecientos euros a la semana», denuncia uno de los temporeros en los micrófonos de Onda Cero. «Nos han venido a recoger y nos han llevado a un zulo con treinta tíos durmiendo juntos, oliendo a mierda, con cucarachas por todos los lados, moscas en la comida y nos han dicho que íbamos a ganar tres euros a la hora».

Viendo la situación, la cuadrilla ha viajado hasta Logroño, a la recién abierta oficina de atención a temporeros y agricultores de Cáritas La Rioja, para buscar trabajo y, por lo menos, ganar algo de dinero para volver a sus casas.

Para intentar evitar estas circunstancias, el dispositivo de acogida a temporeros, ha ofertado 209 plazas de alojamiento que se distribuirán en el polideportivo del colegio General Espartero (160) y en el Centro Municipal de Acogida (49), donde, además del servicio de alojamiento, se entregarán enseres para la higiene personal y desayuno.

La historia se repite

Desafortunadamente, este trance se repite cada año pese a las medidas tomadas. Las prácticas irregulares en la contratación de temporeros nos dejan escenas vergonzosas, como la que vivió una cuadrilla de trabajadores gallegos, que, tras la firma de un contrato en Logroño con una empresa de trabajo temporal, se vio obligada a dormir en la calle porque el empleador no le ofrecía el alojamiento al que le obliga la Ley. «Trabajamos ocho días sin un domicilio, durmiendo en la calle entre Elciego y Cenicero y nos desplazábamos de la viña a Logroño caminando».

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