La Rioja

Peregrinos y curiosos asisten a la apertura de la ermita de San Gregorio

La Cofradía de San Gregorio Logroño abrió este pasado sábado por primera vez la ermita de San Gregorio (en el número 55 de la calle Ruavieja), en lo que se va a convertir en una cita mensual cada primer sábado de mes, con explicación tanto a los peregrinos que lleguen ese día a nuestra ciudad como a los logroñeses y riojanos que deseen verla y fotografiarla.

En esta primera apertura, la cofradía, encabezada por su cofrade mayor, Taquio Uzqueda, y los finos y acertados comentarios de Federico Soldevilla, se vio sorprendida por la necesidad que los curiosos mostraban de poder entrar en esta ermita «chiquitita, chiquitita» a la que cantó Pepe Blanco, quien además la veía todos los días desde su casa, dado que habitaba prácticamente enfrente de la misma, lugar donde hay una placa que recuerda este detalle.

Peregrinos alemanes, norteamericanos, franceses… y de muy diferentes comunidades españolas, junto a vecinos de la capital se dieron cita en la ermita, a la que incluso acudió, tras la misa que ofreció en Palacio, el obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, Carlos Manuel Escribano Subías, acompañado del vicario y de la mayor parte de la junta directiva de la Cocina Económica, que esa misma jornada celebraba su 125º aniversario.

La apertura de este recinto ha servido para dar a conocer al obispo de Ostia, que vino a la zona en el siglo XI para terminar convirtiéndose en el «sanador de campos» y morir en Logroño, en la casa de Alonso de Bustamante. Precisamente en el frontispicio de la ermita se puede leer el texto: «Esta es la dichosa casa en que vivió s. Gregorio y murió en ella el año 1044, hallándose a su muerte santo Domingo de la Calzada y s. Juan de Ortega, sus discípulos. Y a honra y gloria suya hizo hacer esta capilla D. Alonso de Bustamante y Torreblanca, regidor perpetuo de esta ciudad, cuyas son las casa, y se acabó el año 1642».

Dentro de la ermita se puede contemplar un cuadro del siglo XVII, que representa al santo, a su discípulo, Domingo de la Calzada junto al discípulo de este, Juan de Ortega y detalles como la mula que trasladó la caja mortuoria del santo hasta Sorlada; el escudo de los Bustamante, así como una figura en alabastro de san Gregorio que figuraba en la hornacina de una fachada anterior a la actual y que se ha venido conservando hasta ahora.

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