Gastronomía

De Madrid a Clavijo: cocinando su propia receta vital

Un riojano y una extremeña cambian Madrid por la hostelería rural

La cocina es cuestión de pillarle el punto. Ese que le da la textura exacta, el sabor adecuado, la sal justa… Ana Isabel Díaz y Manu Ruiz están cocinando su propia receta vital y esto les ha llevado hasta Clavijo. Ellos son ahora quienes gestionan el alojamiento rural Casa Tila. «Queríamos un cambio de vida y nos llegó esta oportunidad», explican este riojano y esta extremeña.

Ana y Manu se conocieron en Madrid hace unos años. De Extremadura ella y de Briones él, la capital española les unió. Cocinero el riojano, profesora de portugués la extremeña, cada uno llevaba su camino profesional. Manu había trabajado en Barcelona y Londres previamente, en restauración; Ana estudió filología y por su ascendencia lusa daba clases de portugués.

Pero en ellos rumiaba una idea: un proyecto personal en el sector del turismo rural. Y, sin prisa, pero sin pausa comenzaron a mirar opciones: Extremadura, Portugal, el norte de España y La Rioja estaban en su abanico de destinos. «Mis padres me comentaron que la casa rural de Clavijo estaba en venta: vinimos, aunque yo soy de La Rioja no conocía este pueblo, y nos encantó todo. Al final nos decidimos a llevar a cabo nuestra aventura», recuerda Manu.

De eso ha pasado un tiempo. Han reformado y decorado con su estilo la casa y desde hace dos meses está en marcha el alojamiento, que cuenta con siete habitaciones dobles. «Estamos por encima de las previsiones de ocupación», admiten.

Pero su proyecto tiene una segunda pata: el restaurante. Este se ha reabierto desde hace tres semanas. «Queremos recuperar el auge que tuvo hace años, cuando nos cuentan que había mucha demanda», explican. «Apostamos por un estilo de cocina riojana y vasca con algún toque extremeño», cuenta el cocinero, Manu.

«Funcionamos con carta, pero nos adaptamos a grupos si quieren cerrar un menú», añade. Con capacidad para entre 18 y 20 comensales, el comedor está abierto todos los días a excepción de los domingos por la noche y los lunes, pero «si hay reserva, abrimos».

Este es quizás su principal reto: «que la gente de alrededor, de la zona, sepa que estamos en funcionamiento; de momento los huéspedes de la casa están quedándose a cenar y repitiendo, cosa que es muestra de su satisfacción, pero la tarea ahora es darlo a conocer».

¿Y cómo es pasar de vivir en el centro de Madrid a hacerlo en un pueblo pequeñito, que apenas supera el centenar de habitantes? «Estamos muy contentos, es muy gratificante el proyecto personal de turismo rural, algo que deseábamos hace tiempo», admite Ana. ¿Echan de menos su vida anterior? «De momento no, estamos muy entretenidos, aprendiendo mucho cada día. Es divertido», concluyen. Están cocinando su vida a su gusto y eso, para ellos, no tiene precio.

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