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La exigencia requiere una solución

La ausencia de exigencia es una enfermedad que no puede permitirse la Unión Deportiva Logroñés. Todo proyecto de nuevo cuño necesita de buenos resultados, de mover nuevas pasiones desde el resultadismo del jornada tras jornada para ir haciendo un camino lo más memorable posible. Sin hitos no hay pasiones, y sin pasiones no hay fidelidades, al menos en esto del fútbol. Nada sería esta UD Logroñés sin el ‘Soutazo’, Torrent, Villarreal, Sestao, Cartagena… Resultaría insoportable echar la vista atrás y darse cuenta de que todo esto es una pérdida de tiempo. Que no queda nada tras el partido a partido. Que nos hacemos mayores en el vacío del fútbol local. La ausencia de exigencia, es por tanto, una enfermedad que no se puede permitir el conjunto blanquirrojo. La condescendencia es un mal que acerca el desastre. El ‘no pasa nada’, pese a los resultados, es un error en sí mismo.

La exigencia es una virtud del deporte. Se requiere de digerir con naturalidad la obligación de tener que sacar adelante los partidos, como sea, da igual, poco importa el cómo, y si el qué, pues son pocos los que siguen de cerca esta Segunda B y que no se califican de resultadistas. El resultadismo es una virtud del infrafútbol. Hay que salir del pozo como sea, cuanto antes, poco importan las formas. Por eso, la condescendencia mata el deseo y la esperanza. La indiferencia como mecanismo de defensa ante el empate que no cesa, ante la falta de gol, ante la incapacidad para estar entre los cuatro primeros una vez se logra llegar a una de esas posiciones. No basta con ser la UD Logroñés, hay que parecerlo y también demostrarlo.

La exigencia requiere una solución para precisamente ir a Estella y ganar al Izarra. La exigencia requiere de una solución para ganar en Las Gaunas ante el Arenas. La exigencia requiere mirar a otros lados y ver cómo con poco más son capaces de sumar de tres en tres, como en Miranda o en Lasesarre. La exigencia se contagia desde el banquillo al colectivo, para apretar, para arriesgar, para empujar, para morder, para fallar y volver a intentarlo, para ganar de rebote, o de penalti o como leches sea. Dado que este equipo parece incapaz de hacerlo cuando lo merece. Le ha pasado en muchas ocasiones con Sergio Rodríguez en el banquillo, y por tanto es una constante que requiere de una solución, porque este equipo no es capaz de dar el salto de calidad necesario para realmente estar en el lugar que le corresponde por presupuesto, por experiencia, por jugadores, por afición, por estadio.

Es como si aquí nadie se creyera que esta temporada, como la pasada aun pagando el peaje de la falta de experiencia, la obligación de este equipo, el sí o sí, es estar en playoff de ascenso. Porque lo que no puede ser es que con 28 puntos, el quinto equipo de la liga sea ahora mismo el Langreo, y justo por detrás esté la Unión Deportiva Logroñés, perseguida por el Leioa. Es la ausencia de exigencia la que le está situando en este punto intermedio, en zona de nadie, donde disfrutan los mediocres. A trece puntos de distancia del Racing, a ocho del Mirandés, a seis del Barakaldo. Este equipo está a una distancia sideral del lugar que realmente le corresponde ocupar. Y la exigencia requiere una solución.

18 jornadas después, resulta que este equipo ha hecho su peor arranque liguero de la historia (5 partidos sin ganar), una gran reacción (9 partidos sin perder y 8 triunfos revitalizantes), y otros cuatro partidos finales hasta Merkatondoa con malos resultados. Es decir, 9 malos partidos y 9 buenos encuentros. Es lo que les pasa a los equipos de la zona media. Que ganan a veces, empatan habitualmente y pierden de vez en cuando. Así es esta Unión Deportiva Logroñés, que gana a los de abajo, empata fuera de casa, y pierde contra los mejores. No le hacen goles pero tampoco sabe hacerlos. Mediocridad. Y realmente no está diseñado este equipo para esta situación. Realmente debería ganar casi siempre, empatar fuera de casa de vez en cuando, y ganar en casa a los mejores. Pero esto no es así, ni tampoco lo fue el curso pasado. Y desde la normalidad de una digestión lenta y ya habitual de estos resultados discretos es imposible mejorar absolutamente nada, se cae en la condescendencia dentro del club, y se provoca la indiferencia en la afición. Y es entonces cuando se produce el silencio.

La indiferencia de empatar a cero en Estella y que nada pase. Y así es imposible mejorar. Y en Estella ha debido ganar, sobre todo en la segunda mitad, con dos ‘mano a mano’ de Víctor López y Rubén Martínez ante el meta rival y un posible penalti no pitado sobre Ander Vitoria. Pero o porque fallan los delanteros, o porque no se generan ocasiones, o porque el árbitro no pita lo que parece evidente… lo cierto es que siempre se observa una excusa superficial para un problema grave: que un gran equipo en lo defensivo se está dejando todas sus posibilidades de competir contra los mejores y estar en playoff de ascenso porque es incapaz de hacer gol ni por error. Tres partidos seguidos sin marcar, cuatro partidos consecutivos sin ganar. Y no pasa nada.

Pero pasa, claro que pasa. Pasa el tiempo, que ya es un privilegio inmerecido en todo club de nuevo cuño. Pasa el partido a partido sin historia ni recuerdos, sin nada que contar ni relatar, sin ‘batallitas’ que guardar. Porque empatar a cero en Estella requiere de muchas soluciones deportivas si realmente se quiere estar a la altura de la exigencia.

Ficha técnica
Izarra: Iricibar; Eneko, Cabrera, Casado, Rubén; Cisneros; Areso (Chema Moreno, min. 66), Hinojosa (Maestresalas, min. 73), Cristo, Deivid (Suárez, min. 83; y Laborda.
UD Logroñés: Miguel; Juan Iglesias, Caneda, Bobadilla; Andy, César Remón (Santos, min. 83), Salvador; Rayco (Víctor López, min. 66), Ander Vitoria y Rubén Martínez.
Goles: No hubo.
Árbitro: Yuste Querol (Comité Cántabro). Expulsó al local Cisneros por doble amarilla (mins. 56 y 90). Amonestó a los locales Laborda (min. 65) y Casado (min. 85) y al visitante Ander Vitoria (min. 85).

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