Hay negocios que nacen tras meses de estudios de mercado y complejos planes empresariales. Y hay otros que empiezan de una forma mucho más sencilla: escuchando a los clientes.
Eso es exactamente lo que les ocurrió a Elena Vargas y Rubén Físico, los impulsores de Flor de Campo, que hace un mes abrieron en Logroño un nuevo espacio dedicado exclusivamente a la repostería artesanal -Flor y Tartas- después de comprobar que sus tartas de queso se habían convertido en uno de los productos más demandados de su cafetería.
«Al principio lo que quería era tener una cafetería donde la gente pudiese merendar y tomar un postre después de comer», explica la sonriente Elena. Sin embargo, poco a poco las tartas comenzaron a ganar protagonismo hasta convertirse en el motor de una nueva aventura empresarial, que ha abierto sus puertas en calle Clavijo.

La oportunidad llegó cuando encontraron el local adecuado. «Vimos que la demanda subía muchísimo y apareció la oportunidad. Encontramos un local que nos encajaba y decidimos dar el paso», resume.
El nuevo establecimiento abrió oficialmente sus puertas hace un mes. Desde entonces, la respuesta del público ha superado las expectativas de sus propietarios. «Ha sido muy buena. Conociendo bien la zona no nos podíamos ni siquiera imaginar que iba a poder ser así», reconoce Elena.

La propuesta va mucho más allá de las tartas de queso. El local ofrece actualmente cinco variedades diferentes de tartas de queso -desde la clásica hasta sabores como Lotus, pistacho o chocolate-, además de cookies artesanas, rollos de canela, tiramisú y tres leches, uno de los postres que más curiosidad despierta entre los clientes. «Es un postre muy popular en Latinoamérica, muy jugoso y que para el verano funciona genial», explica.
A la oferta dulce se suman cafés especiales, bebidas de moda como el te matcha, los smoothies y batidos, además de una línea de helados que esta semana incorporará a la carta para completar la propuesta.
Detrás de cada elaboración no hay grandes secretos ni escuelas de alta pastelería. Hay, sobre todo, paciencia y muchas horas de pruebas. «Todo ha sido prueba y error. Igual para conseguir una tarta he tardado tres meses. Soy muy exigente. Si a mí no me gusta, no sale», asegura Elena.

Esta filosofía se mantiene en el pequeño obrador que funciona dentro del propio establecimiento, donde elaboran diariamente sus productos. Una forma de trabajar que nació casi por necesidad.
La cocina de la cafetería original apenas dispone de unos pocos metros cuadrados y había llegado un momento en el que resultaba imposible atender la creciente demanda de encargos. «No teníamos espacio suficiente para poder abastecer todos los pedidos de tartas», explica.
El resultado es un negocio pensado principalmente para encargar las tartas y pasar a recogerlas, aunque también ofrece la posibilidad de acompañar los dulces con un café o una bebida. Una fórmula que parece haber conectado rápidamente con un barrio en crecimiento y con una clientela cada vez más interesada en la repostería artesanal.

Además de la venta diaria, el establecimiento trabaja ya con encargos para cumpleaños, celebraciones y eventos, una línea de negocio que esperan reforzar en los próximos meses.
La apertura supone también una buena noticia para el comercio local en un momento especialmente complejo para muchos pequeños negocios. Mientras algunos establecimientos bajan la persiana, Flor de Campo ha decidido apostar por crecer.

Y todo gracias a unas tartas que empezaron siendo un complemento para las meriendas en una cafetería y han acabado convirtiéndose en el corazón de un nuevo proyecto emprendedor de la repostera de La Cava.


