TRIBUNA

La función directiva escolar necesita una reforma real

En el Pleno del 21 de mayo, y a propuesta del grupo parlamentario socialista, el parlamento de La Rioja aprobó, en parte, una moción cuyo objetivo, era dar visibilidad a una realidad creciente y estructural dentro del sistema educativo, como es la falta de interés del profesorado por asumir las funciones directivas en los centros escolares públicos.

Así se acordó con el voto en contra de VOX y la abstención de Izquierda Unida ” impulsar medidas que permitan dignificar y reforzar la función directiva, mejorando su reconocimiento profesional y retributivo, favoreciendo la formación específica continua, garantizando condiciones laborales adecuadas para el ejercicio de una responsabilidad fundamental, dentro del Sistema Educativo Riojano”.

La dirección escolar es uno de los pilares fundamentales sobre los que se sostiene la calidad educativa de cualquier sistema. Un director o directora no solo administra recursos o resuelve incidencias diarias; lidera proyectos educativos, coordina equipos humanos, impulsa cambios pedagógicos y representa al centro ante familias, instituciones y comunidad educativa. Sin embargo, el modelo actual está llevando a muchos equipos directivos a convertirse más en gestores burocráticos que en auténticos líderes educativos.

Cada vez resulta más difícil encontrar docentes dispuestos a asumir estas responsabilidades. Las razones son conocidas: exceso de trabajo, elevada presión, escaso reconocimiento profesional y una burocracia creciente que consume tiempo y energía. A ello se suma la falta de incentivos profesionales atractivos y la limitada autonomía de los centros para desarrollar proyectos propios.

La propuesta que llevamos al Parlamento pretende abordar precisamente esas carencias. Apostamos por reforzar la formación específica de forma presencial de quienes acceden a cargos directivos, incorporando programas más prácticos y orientados al liderazgo pedagógico. También plantemos establecer sistemas de mentoría para acompañar a los nuevos directores durante sus primeros años de desempeño, así como desarrollar una formación continua que permita actualizar conocimientos y mejorar la gestión de los centros.

Otro aspecto esencial es avanzar hacia modelos de evaluación útiles, vinculados a la mejora educativa y a los objetivos del Proyecto presentado. La dirección necesita herramientas que permitan analizar resultados, corregir dificultades y consolidar proyectos sólidos a largo plazo. Evaluar no debe entenderse como una medida de control, sino como una oportunidad para mejorar el funcionamiento de los centros y reforzar la calidad del sistema educativo.

Del mismo modo, consideramos imprescindible reducir la sobrecarga administrativa que soportan actualmente los equipos directivos. La digitalización y simplificación de procedimientos debería servir para liberar tiempo y dedicar más esfuerzos al liderazgo pedagógico, que es donde realmente se producen las mejoras educativas y poder reducir las altas de abandono escolar de nuestra región.

También es necesario abrir un debate sobre el modelo organizativo de algunos centros. La proliferación de macrocentros con un número excesivo de líneas y diferentes etapas educativas complica enormemente la gestión, desvirtúa los Claustros, y dificulta la atención cercana al alumnado y las familias. Para garantizar la continuidad de los Proyectos educativos es necesario dotar de estabilidad a las plantillas docentes en los centros.

La educación necesita liderazgo. Y el liderazgo educativo requiere equipos directivos fuertes, preparados, reconocidos y con capacidad real de actuación.

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