El Death Walley es uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra.Un desierto al sur de California donde se ha alcanzado la terrorífica temperatura de 54,4 º C.Un lugar donde los rangers del parque advierten que lleves el depósito de gasolina lleno y buenas reservas de agua si no quieres acabar haciendo compañía a los coyotes y las serpientes de cascabel. El Valle de la Muerte era un muro de desesperación mineral donde morían los enfebrecidos buscadores de oro que marchaban a buscar fortuna a California.
Sin llegar al extremo del Valle de la Muerte, la depresión del Ebro, el valle del Ebro con ciudades como Logroño, Zaragoza y Lérida va camino de la desertificación y está siendo golpeado por unas olas de calor con registros nunca vistos. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres ya advirtió en una cumbre climática que «la humanidad ha abierto las puertas del infierno».
En Logroño hemos vivido temperaturas cercanas a los 42 grados y noches tropicales a más de 25 grados.
Me siento como un buscador de oro en el Valle de la Muerte cuando atravieso a toda velocidad la reinaugurada calle Beti Jai sin ninguna sombra que aplaque el sol despiadado de estos días.El sol me abrasa en esa suerte de anfiteatro de hormigón del parque González Gallarza, donde pudo haber una arboleda. Continúo por calle Miguel Delibes y allí las aceras hierven. Pienso en las puertas del Infierno de Guterres cuando llego al parque Princesa Leonor donde unos bancos se funden al sol esperando a unos niños y a unos ancianos que jamás llegarán porque esto no es parque sino un erial.
Me guarezco en el parque del Carmen donde los árboles y el punto de lectura de la Pajarera reconfortan a cualquier explorador urbano. Y si en El Nadador Burt Lancaster iba de piscina en piscina por las urbanizaciones, trato de llegar a otro oasis urbano: la Glorieta del Doctor Zubía. Dicen que allí el insigne doctor recolectaba muestras para sus herbarios, pero ya ni bajo los adoquines crece la hierba y allí hicieron desaparecer los bancos para que los forajidos indigentes buscaran otros horizontes. Daría una recompensa si devolvieran esos bancos.
El valle de la Muerte acecha y llegan inquietantes noticias que nuevas intervenciones añadirán más cemento y menos árboles en Vara de Rey.
Estos episodios de calor extremo serán cada vez más largos y recurrentes.Por eso el urbanismo se debe teñir de verde y aportar soluciones para combatir un calor que mata como mataba a los pioneros que se adentraban en el Valle de la Muerte.
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