
La transformación del viñedo ya no pertenece al terreno de los discursos futuristas. Sensores capaces de medir el estrés hídrico de una planta, inteligencia artificial que predice enfermedades o producción, análisis hiperespectrales para valorar la calidad real de la uva, microbiota aplicada a la regeneración del suelo o proyectos para reutilizar agua regenerada en el riego forman ya parte del sector vitivinícola.
Y Rioja quiere, y tiene, que estar al frente de esa transformación. Esa ha sido una de las ideas que ha atravesado la segunda mesa del ciclo “La Rioja Que Viene”, que organiza NueveCuatroUno con el patrocinio del Gobierno de La Rioja y Caja Rural de Navarra, y que se ha celebrado este martes bajo el título “Vino, agro y tecnología”, donde investigadores, tecnólogos, representantes institucionales y sector financiero han dibujado una imagen muy distinta a la de una región inmóvil o anclada en la tradición.
La conversación ha dejado claro que la revolución tecnológica en el vino no es una hipótesis y ya está ocurriendo. El verdadero reto ahora es cómo extenderla a todo el ecosistema vitivinícola, cómo hacer que llegue al agricultor y cómo convertir el conocimiento científico en herramientas útiles para afrontar el gran desafío que condiciona ya todas las decisiones del sector: el cambio climático.
En la conversación han participado Pablo Franco, director general del Consejo Regulador de la DOCa Rioja; Mar Vilanova de la Torre, directora del Instituto de Ciencias de la Vid y el Vino (ICVV); María Paz Diago, profesora titular de Viticultura de la Universidad de La Rioja; Nathalie Beaucourt, socia fundadora de Clean Biotec; Iñaki Gurría, cofundador y director general del Grupo JIG; y Ernesto Navarrete, representante de Caja Rural de Navarra.
El diálogo ha arrancado con una pregunta aparentemente sencilla: ¿en qué punto está realmente la transformación tecnológica del sector? La respuesta ha sido prácticamente unánime: sí, la revolución existe, pero todavía está lejos de consolidarse.

Pablo Franco | FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Pablo Franco lo ha resumido desde el inicio con una idea muy concreta: “Estamos en una fase en la que hay que consolidar”. El director general de la DOCa Rioja ha explicado que el sector es plenamente consciente de que necesita cambiar y adaptarse, para insistir en que el reto ahora es integrar toda esa tecnología en el funcionamiento cotidiano del viñedo y las bodegas. “Necesitamos alianzas estratégicas y buscar la integración vertical en el sector”, porque la velocidad a la que evoluciona hoy la tecnología “hace prácticamente imposible que cada actor avance por separado”.
Franco ha recordado que el Consejo Regulador lleva años trabajando en herramientas basadas en inteligencia artificial para análisis agronómicos, predicción de producción o monitorización climática. Pero ha insistido en que la clave no es solo desarrollar tecnología, sino lograr que el agricultor la perciba como útil. “Lo importante es que el agricultor o el bodeguero le vean valor”.
Consenso también en que el viñedo sigue siendo el área menos digitalizada de toda la cadena de valor del vino. Iñaki Gurría ha aportado datos concretos procedentes del hub de digitalización que han impulsado junto a la Federación Española del Vino: “Mientras departamentos de las bodegas como administración o comercialización presentan niveles altos de digitalización, el viñedo apenas alcanza un aprobado”. Para Gurría es paradójico que “la sección menos digitalizada sea la que más potencial tiene”.
La paradoja es evidente. El campo genera cantidades inmensas de información: clima, humedad, estrés hídrico, enfermedades, productividad, evolución vegetativa o composición del suelo. Datos que hoy ya pueden monitorizarse mediante satélites, sensores, drones o herramientas de inteligencia artificial. Sin embargo, gran parte de esa capacidad todavía no ha llegado de manera masiva al agricultor.

Maria Paz Diago | FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
“Somos súper fuertes en inteligencia artificial para identificación de parámetros agronómicos y pronto veremos iniciativas en esa línea” ha dicho Pablo Franco. Pero incluso con toda esa capacidad tecnológica ya disponible, la implantación sigue siendo lenta.
Tradición frente a innovación
La razón principal de ese retraso aparece una y otra vez durante la conversación: el peso cultural de la tradición. María Paz Diago es especialmente clara al describir la enorme dificultad que existe para introducir cambios en el viñedo riojano: “En el campo es mucho más difícil adoptar tecnologías”. Diago pone ejemplos concretos. Técnicas como el deshojado precoz, investigadas y probadas desde hace años, siguen sin implantarse de manera generalizada pese a sus ventajas demostradas. El motivo no es técnico, es cultural. “Saca alguien el burro y vende mucho más que alguien que trabaja con sistemas de ayuda a la toma de decisiones”.
La frase resume una de las grandes contradicciones actuales del sector: el mercado sigue premiando el relato romántico y tradicional frente a la innovación tecnológica, aunque esta última permita tomar decisiones más eficientes y sostenibles.
Mar Vilanova ha introducido además otro matiz interesante: el peso histórico de Rioja también dificulta los cambios. La directora del ICVV compara incluso la situación riojana con Galicia, donde parte de las innovaciones agronómicas se implantaron con mucha mayor rapidez. “Quizás al no tener tanta historia detrás para ellos es más fácil aceptar cambios”. En Rioja, ha explicado, la tradición pesa muchísimo más. Y cuando un modelo ha funcionado durante décadas, cuesta mucho asumir riesgos.
La parte más pragmática del debate ha llegado de la mano de Ernesto Navarrete. El representante de Caja Rural de Navarra ha introducido el factor económico como elemento central. “El agricultor tiene una explotación agraria para ganar dinero”. Y esa idea ha ido convirtiéndose en uno de los grandes ejes de la conversación. La reflexión es sencilla: el pequeño viticultor no percibe el beneficio económico de las innovaciones porque “no entiende que esas ventajas las va a tener a corto plazo”, ha asegurado Navarrete.

Mar Vilanova de la Torre | FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
El problema es especialmente delicado en un contexto de incertidumbre, costes crecientes y dificultades para mantener rentabilidad. El pequeño agricultor sigue trabajando con inercias muy consolidadas, poca capacidad financiera y escaso margen para asumir riesgos tecnológicos. En ese punto surge la defensa de las ayudas públicas, que, se ha concluido en la mesa, siguen siendo fundamentales para acelerar la transformación.
María Paz Diago ha puesto como ejemplo los recientes avances en agricultura regenerativa impulsados gracias a los incentivos de la PAC. “Si no hubiera sido por la PAC, los avances hubiesen sido quirúrgicos”. La lógica es simple: el agricultor prueba nuevas prácticas porque existe un incentivo económico. Y cuando descubre que funcionan, acaba incorporándolas.
Cambio climático: el problema que lo cambia todo
Y aunque la mesa arrancó hablando de tecnología, terminó girando hacia el gran asunto que hoy condiciona todas las decisiones del sector: el cambio climático. Nathalie Beaucourt lo ha verbalizado con crudeza: “Mucha tecnología, pero eso no nos va a proteger del granizo, de las lluvias torrenciales o de meses sin lluvia”. La fundadora de Clean Biotec ha insistido además en que la adaptación climática no puede limitarse a sensores o plataformas digitales. Para ella, el verdadero cambio empieza bajo tierra.

Ernesto Navarrete | FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
“A mí me falta la parte del suelo, la microbiota asociada a las raíces es fundamental”. Beaucourt ha defendido que el futuro pasa por recuperar la vida del suelo y construir viñedos más resilientes mediante cubiertas vegetales, micorrizas y manejo regenerativo. En esa línea ha explicado uno de sus experimentos actuales: viñas manejadas con cubiertas vegetales para aumentar la retención de agua y reducir la necesidad de fertilizantes en las que el suelo “se convierte en una esponja”.
Mar Vilanova ha querido recoger el hilo del cambio climático para explicar algunos de los trabajos que actualmente desarrolla el ICVV: riego con agua regenerada, nuevas estrategias hídricas, protección frente al granizo, cubiertas, microbiota o adaptación varietal. “El cambio climático no lo vamos a evitar, así que tenemos que adaptarnos”.

Nathalie Beaucourt | FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Y esa adaptación, coincidencia en la mesa, ya está alterando decisiones históricas del viñedo riojano que Pablo Franco ha ejemplificado: “Si hoy arranco un Tempranillo en Rioja Oriental, quizás me cuestione si explorar otras variedades de Rioja pensando en una plantación de futuro y adaptación climática”. La frase refleja hasta qué punto el sector empieza ya a asumir que el mapa vitícola del futuro será distinto.
El debate sobre el agua ha ocupado también buena parte de la conversación. María Paz Diago ha criticado abiertamente la escasa cultura histórica de riego que existe en Rioja y eso está generando ahora manejos poco eficientes justo cuando el agua empieza a convertirse en un recurso crítico.
Tanto ella como Mar Vilanova han insistido en que hoy ya existen sensores y sistemas de monitorización hídrica capaces de optimizar el riego y adaptar el estrés hídrico al objetivo de calidad buscado. Porque, en palabras de Vilanova, “un determinado estrés hídrico beneficia la calidad de la uva. Utilizarlo correctamente puede mejorar aromas, compuestos fenólicos y calidad final”.
Otro de los asuntos dialogados en la mesa ha sido la distancia histórica entre investigación y viñedo. Mar Vilanova ha sido especialmente autocrítica al reconocer que los centros de investigación han vivido durante años demasiado alejados del sector. “A veces nos metemos mucho en el laboratorio y salimos poco a divulgar”. La directora del ICVV e investigadora del CSIC cree que el sistema científico premia sobre todo publicaciones y currículum académico, y deja en segundo plano la transferencia real al agricultor. “Trabajamos para centros públicos y nuestra función también es divulgar la ciencia”. Por eso uno de sus grandes objetivos actuales es reforzar la transferencia y la comunicación del instituto. “Tenemos que salir”, ha insistido. “Que el coche del ICVV se vea por medio de los viñedos”.
María Paz Diago ha defendido que la transferencia ha mejorado mucho en los últimos años, aunque las empresas siguen acercándose poco a la universidad y a los grupos de investigación. “Con todo el tejido empresarial vitivinícola que tenemos en La Rioja, me sorprendió que solo hubiera tres empresas”, ha dicho al comentar el encuentro One to One organizado recientemente en la Universidad de La Rioja para poner en contacto a investigadores y compañías riojanas.
La conversación ha dejado esa sensación de tensión entre dos realidades. Por un lado, Rioja sigue siendo una potencia mundial del vino, con una marca histórica, enorme capacidad exportadora y un ecosistema empresarial muy fuerte pero, al mismo tiempo, el modelo necesita redefinirse. “Ya no basta con ser un referente histórico”. La frase es de Pablo Franco y evidencia el camino que está recorriendo ya la entidad que dirige.

Iñaki Gurría | FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Iñaki Gurría ha aportado una visión optimista en este sentido al defender que Rioja sigue siendo un sistema extraordinariamente sólido gracias a su estructura colectiva, su capacidad de control y su fortaleza de marca. Además, destacó la aparición de pequeños proyectos de jóvenes viticultores que empiezan a introducir nuevas dinámicas. “Algo está pasando”.
Y quizá esa fue una de las conclusiones más interesantes de toda la conversación: Rioja vive un momento de transición profunda. No tanto una ruptura, sino una redefinición.
Mirando al futuro: los proyectos que quieren cambiar Rioja
Obras son amores… Los participantes en esta segunda mesa de “La Rioja Que Viene” han desgranado para cerrar la conversación cuáles son los principales proyectos en los que están trabajando y que son un excelente termómetro de la innovación tecnológica en el campo riojano.
Iñaki Gurría, director general de JIG, ha explicado como su empresa puso el foco en el enoturismo y en la digitalización de la experiencia del visitante. Defiende que el turismo se ha convertido en una enorme oportunidad para conectar directamente con el consumidor y transformar al visitante en “fan, prescriptor y comprador de vino”. Aunque al abrir la reunión ya había citado el Enodatalake, un proyecto liderado por el Gobierno de la Rioja en el que se están desarrollando quince casos de uso de integración de datos e información en toda la cadena de valor del vino y que está destinado a ser una referencia.
Nathalie Beaucourt, fundadora de Clean Biotec, cómo la suya desarrolla actualmente dos proyectos centrados en regeneración de suelos y microbiota, tanto en Rioja como en zonas salinas de Murcia y Alicante, en los que se utilizan trasplantes de microbiota para recuperar fertilidad y resiliencia.
Pablo Franco, director general del Consejo Regulador ha insistido en que Rioja quiere seguir liderando la transformación tecnológica y sostenible del sector. Subraya que el reto real no es solo conservar el modelo actual, sino construir “un sector que seguirá siendo relevante dentro de 20 o 30 años”.

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Mar Vilanova ha presumido de varios proyectos estratégicos del ICVV: desde el uso de agua regenerada para riego hasta herramientas capaces de estimar la calidad aromática de la uva mediante imágenes tomadas con un móvil. También avanzó nuevos planes internacionales de divulgación científica y promoción de Rioja en Europa y Asia.
María Paz Diago, como representante también del proyecto Televitis, ha hablado de Hypergrade, un proyecto de análisis hiperespectral e inteligencia artificial que busca clasificar la calidad real de la uva durante su entrada en bodega y avanzar hacia una valorización económica mucho más precisa y segmentada.
Y Ernesto Navarrete, representante de Caja Rural de Navarra, ha cerrado la conversación recordando que toda esta transformación solo será posible si el agricultor obtiene un beneficio claro: “Si no gana dinero, no va a invertir”.
La Rioja dispone hoy de tecnología, investigación, datos, conocimiento y prestigio internacional. Lo que todavía está por resolver es cómo convertir todo eso en una transformación real del viñedo y hacerlo además sin perder la identidad que convirtió a Rioja en lo que es hoy.


