La Semana Santa en La Rioja, lejos de limitarse a sus grandes focos urbanos, se despliega como un mosaico de celebraciones singulares que combinan religiosidad, tradición, cultura y gastronomía. En una comunidad de reducido tamaño, cada localidad ha sabido imprimir un sello propio a estas fechas, construyendo un calendario diverso que enriquece el conjunto y atrae cada año a miles de visitantes con celebraciones que, en muchos casos, hunden sus raíces muchos siglos atrás.
Varias de estas celebraciones cuentan con la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional, reconocimiento que avala el arraigo, la calidad y la capacidad de estas convocatorias. Entre ellas se encuentran la Semana Santa de Calahorra y la de Logroño, pero quienes busquen algo más que procesiones en estas fechas cuentan en La Rioja con una amplia oferta de celebraciones singulares, que no encuentran réplica en ningún otro territorio. Acompáñanos en un breve recorrido por cada una de ellas.
Gastronomía en Alfaro
En Alfaro, las fiestas se viven a mesa puesta. La denominada Semana Santa Verde, que se celebra desde el próximo viernes hasta el Lunes de Pascua, alcanza este año su vigésimo aniversario consolidada como una propuesta que fusiona turismo, gastronomía y cultura. Degustaciones, rutas de pinchos, catas de productos locales, visitas guiadas y actividades culturales configuran un programa pensado para todos los públicos.
Este ciclo, que ha ido creciendo con el paso de los años, pone en valor el potencial turístico de la localidad más allá de lo estrictamente religioso. La iniciativa invita a redescubrir Alfaro desde una perspectiva sensorial, en la que el visitante no solo contempla, sino que participa activamente en una experiencia que conecta tradición y modernidad.

Una de romanos
También en Calahorra, la historia se abre paso con Mercaforum, que durante el próximo sábado y el domingo transforma la ciudad en un auténtico mercado romano, como antesala de la Semana Santa. La recreación, de gran rigor histórico, permite viajar dos mil años atrás hasta la antigua Calagurris Iulia Nassica, mostrando cómo era la vida en uno de los enclaves más importantes del imperio en la península.
Durante dos jornadas, las calles se llenan de reproducciones de edificios públicos y privados, personajes ataviados con vestimentas de época y escenas cotidianas que sumergen al visitante en la antigua Roma. La implicación de asociaciones y vecinos convierte esta cita en un ejercicio colectivo de memoria histórica que complementa la Semana Santa desde una perspectiva cultural única.

Foto: EFE/ Fernando Díaz
Cinco siglos de devoción
En Villoslada de Cameros, la Semana Santa adquiere un carácter artístico y patrimonial en torno a La Sarga. Este imponente lienzo del siglo XVI, atribuido al taller de Martín de Vos y procedente de Amberes, se erige como eje de un programa cultural que celebra este año su decimocuarta edición de la mano de la asociación La Colodra.
La obra, de más de once metros de alto, podrá visitarse de forma excepcional hasta el 18 de abril, acompañada de visitas guiadas y recursos digitales que profundizan en su significado. El momento culminante llegará el Sábado Santo, cuando la compañía teatral represente la Pasión frente al propio lienzo, fusionando arte, fe y escenografía en un entorno único.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares
La Pasión cobra vida
Calahorra vuelve a cobrar protagonismo el Jueves Santo con el Paso Viviente, una de las representaciones más espectaculares de la Pasión en España. Desde su origen en 1982 como una breve escenificación de la Crucifixión, la cita ha evolucionado hasta convertirse en un recorrido de más de un kilómetro que recrea, escena a escena, los momentos clave de la vida de Jesús.
El público acompaña a los actores a lo largo del itinerario, integrándose en una narración que combina luz, sonido y una cuidada ambientación. La representación, que se prolonga durante más de dos horas, destaca por su realismo y por la implicación de cientos de vecinos, consolidándose como uno de los grandes atractivos de la Semana Santa calagurritana.

FOTO: EFE/Fernando Díaz.
Las brasas de la tradición
En Arnedo, el Jueves Santo tiene aroma y sabor propios con el Día del Ajo Asado. Desde primera hora de la mañana, la Puerta Munillo acoge una gran hoguera en la que se asan miles de ajos y huevos que posteriormente se reparten entre vecinos y visitantes en un ambiente festivo y popular.
La jornada se prolonga con la Ruta del Pincho de Ajo, en la que bares y restaurantes de la ciudad reinterpretan este producto en múltiples formatos. La tradición gastronómica se convierte así en un elemento central de la celebración, reforzando el carácter comunitario de una cita que trasciende lo religioso.

Penitencia centenaria
Pocas manifestaciones resultan tan impactantes como la de los Picaos en San Vicente de la Sonsierra. Este rito penitencial, único en España, se mantiene vivo desde hace siglos gracias a la Cofradía de la Santa Veracruz, cuyos disciplinantes se flagelan públicamente como expresión de fe durante el Jueves y Viernes Santo.
Lejos de interpretaciones superficiales, el ritual está profundamente reglado y acompañado en todo momento por miembros de la cofradía que velan por la seguridad del disciplinante. La tradición, documentada al menos desde el siglo XVI, convierte a San Vicente en un enclave singular donde la Semana Santa se vive con una intensidad difícil de encontrar en otros lugares.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Las llamas que cierran el ciclo
El ciclo se cierra en Alfaro con la quema de los Judas el Domingo de Resurrección, una fiesta declarada de Interés Turístico Regional que combina crítica social y tradición popular. Decenas de muñecos, elaborados a lo largo de todo el año, cuelgan de las calles hasta que al mediodía son pasto de las llamas.
Antes de la quema, la jornada arranca con la degustación de tortilla de chorizo en la plaza de España, en un ambiente festivo que reúne a vecinos y visitantes. El fuego pone el punto final a la Semana Santa alfareña, simbolizando la renovación y el cierre de un ciclo que, en La Rioja, se vive con múltiples acentos pero con una misma intensidad.

En conjunto, todas estas celebraciones dibujan una Semana Santa riojana plural y profundamente arraigada, donde la fe convive con la historia, el arte, la gastronomía y la participación popular.
Dinero que cae del cielo
La única lluvia que es bien recibida en Semana Santa es la que cae sobre Ezcaray cada Domingo de Resurrección. Porque no lo hace en forma de goterones, sino de euros por los que pugnan vecinos y visitantes bajo la balconada de la iglesia. Así lo marca la tradición de los Aleluyas, cuyo origen se pierde en el tiempo aunque hay constancia de que ya se celebraban en el siglo XVI.
Con los años la celebración no ha hecho sino crecer en concurrencia y pervive como un ritual que marida fe, ambiente festivo y generosidad.

Desde la sobriedad de los ritos ancestrales hasta la creatividad de las propuestas culturales y festivas, cada localidad aporta una mirada propia que enriquece el conjunto y convierte a La Rioja en un destino singular durante estos días. Porque aquí, en apenas unos kilómetros, la Pasión se vive de muchas formas, pero siempre con la misma intensidad colectiva que la hace única.


