Semana Santa

Las cofradías de Logroño, contra el veto a las mujeres: «No tiene cabida en nuestra sociedad»

Las cofradías de Logroño, contra el veto a las mujeres: «No tiene cabida en nuestra sociedad»

Hombres y mujeres comparten varal en los pasos de Logroño desde hace décadas.

La reciente decisión de la cofradía de la Purísima Sangre de Sagunto de excluir a las mujeres de su estructura ha reabierto un debate que, en otros puntos del mapa cofrade, está más que superado. Es el caso de Logroño, donde la presencia femenina no solo está plenamente normalizada desde hace décadas, sino que resulta imprescindible para entender el crecimiento y la consolidación de su Semana Santa.

Lejos de los postulados restrictivos que aún sobreviven en algunas hermandades españolas, la capital riojana presenta un modelo basado en la integración y la corresponsabilidad. Las mujeres participan en igualdad de condiciones que los hombres en todos los ámbitos de la vida cofrade: desde los trabajos internos, muchas veces invisibles, hasta la calle, ya sea como portadoras, músicas o integrantes de filas.

Ignacio Arruti, secretario de la Hermandad de Cofradías de Logroño, lo resume con claridad: «La mujer en Logroño está dentro de las cofradías desde hace muchísimos años y es una presencia muy importante, de hecho, fundamental». Su papel, insiste, trasciende lo simbólico: «Siempre se suele decir, y hay mucho de verdad en ello, que sin la aportación de la mujer la Semana Santa no sería posible».

Ese protagonismo se refleja también en los órganos de gobierno. En la actualidad, dos de las once cofradías logroñesas -la de la Magdalena y la de la Flagelación– están presididas por mujeres, una circunstancia que evidencia el peso real de la mujer en la toma de decisiones. Pero la presencia femenina no se limita a estos casos: «En la práctica totalidad de las juntas de gobierno de las hermandades tenemos mujeres», subraya Arruti, quien recalca que ocupan «puestos igual de importantes que los de los hombres», desde secretarías y tesorerías hasta vicepresidencias o, en el caso de Magdalena y Flagelación, el escalafón más alto de la jerarquía orgánica.

Bajo los varales, la mujer no solo parte en igualdad para participar junto a los hombres como portadoras, sino que en algunos pasos -como en el de la Virgen del Rosario de la cofradía de Santa Cruz (Maristas)– la totalidad de la cuadrilla la conforma una veintena de hermanas de la corporación.

Procesión de Nuestra Señora del Rosario en Logroño, cuyo paso lo llevan exclusivamente mujeres. EFE/ Raquel Manzanares

Incluso, una de las once cofradías de Logroño -la de María Magdalena, presidida actualmente por una mujer- nació en plena posguerra con el propósito de agrupar a todas las mujeres que -ya por entonces- participaban como penitentes en las otras procesiones de la ciudad.

Este avance, además, se vincula directamente con el reconocimiento externo de la Semana Santa logroñesa, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. «Gran parte de eso ha sido gracias a la labor de las mujeres», apunta el secretario de la Hermandad, que considera que excluirlas -como han decidido en Sagunto- carece hoy de sentido: «Este tipo de cosas no tienen cabida en la sociedad actual».

Uno de los elementos que refuerzan esa igualdad es el propio sentido del hábito. «El capuz tiene un significado, que es que todo el mundo sea igual debajo del hábito nazareno», explica Arruti. Una idea que se traduce también en la realidad de los pasos, donde conviven con normalidad portadores de género masculino y femenino.

«Bajo el hábito somos todos iguales»

Desde dentro de las cofradías, esa visión se comparte con naturalidad. José Pavón, cabo de varas (el máximo responsable de los pasos y el tallaje de los portadores) de la Cofradía de Jesús Nazareno -la más antigua de la ciudad-, incide en que la distinción por género carece de sentido en el ámbito de la fe. «Nosotros no nos distinguimos en géneros ni nada. Al final llevamos un hábito, vamos con la cara tapada, lo que significa que somos todos iguales», recalca.

Aunque las cofradías han sido siempre reflejo de la sociedad del momento y la incorporación de la mujer ha sido progresiva, hoy es una realidad consolidada. Pavón explica que en su propio paso actualmente participan siete mujeres, fruto de una evolución que se ha producido «poquito a poco» a lo largo de los años. Lo relevante, subraya, es que ese proceso no ha generado rechazo interno: «Nunca ha habido ninguna queja. Al revés, toda persona que venga a aportar es bienvenida, sea hombre o mujer».

Paso de María Magdalena, en la madrugada del Viernes Santo. FOTO: Jaime Ocón.

Este modelo integrador, sin embargo, convive con ciertos estereotipos que aún pesan sobre el mundo cofrade. «Siempre se nos ha visto como algo muy antiguo, incluso como algo solo para hombres», reconoce Pavón. Una percepción que, a su juicio, no responde a la realidad actual, marcada por una apertura creciente y por la implicación de nuevas generaciones.

En ese contexto, tanto Arruti como Pavón coinciden en un mensaje: la igualdad no es una aspiración futura, sino una realidad cotidiana en la Semana Santa de Logroño. Una realidad construida a lo largo de los años, en la que la mujer no solo participa, sino que sostiene buena parte del engranaje cofrade.

Frente a decisiones como la de Sagunto, el modelo logroñés se presenta así como un ejemplo de adaptación a los tiempos sin renunciar a la tradición. Porque, como resume Arruti, «vivimos en una sociedad igualitaria para todo y la Semana Santa no es, ni quiere ser, una excepción».

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top