Cultura y Sociedad

Annie, de ‘MasterChef’: «Creo que me merezco vivir ahora mi sueño»

Lleva todo el día haciendo entrevistas. No le importa. Al contrario: quiere dejar un hueco para los de casa. Ana Jiménez, la hija del Casto y la Jorja en Calahorra, Annie la de ‘MasterChef’ para el resto del mundo, sabe que con los 50 le ha llegado su momento y piensa aprovecharlo al máximo. La vida no se lo ha puesto fácil, pero es de esas mujeres que plantan cara a todas las adversidades con una sonrisa. Una de esas sonrisas a las que resulta complicado no querer y con las que, casi sin darte cuenta, acabas sonriéndole también a la vida. Este martes quedó segunda en uno de los ‘realities’ más longevos de la televisión. Y, todavía sin creérselo del todo, se enfrenta a un futuro que pasa por estudiar, seguir formándose gastronómicamente y luego… Dios y el destino dirán.

– Enhorabuena, Ana. ¿Qué tal?
– Gracias. Hoy con la voz un poco tocada porque llevo sin dejar de hablar todo el día con las entrevistas, pero encantada de la vida. No me imaginaba que esto iba a ser así, tan exigente, pero merece la pena. He dormido tres horas por todo lo que me está pasando y es tan bonito…

– Antes de entrar al programa, ¿era consciente de que cocinaba tan bien?
– Qué va. Yo solo repito lo que me enseñó mi madre y lo que he ido aprendiendo en los últimos años en redes sociales o antes en libros. Yo sigo diciendo que no sé cocinar y alucinaba cuando mis compañeros me decían que era la que mejor lo hacía.

– Quizás esto depende también de tener o no mano.
– Pues yo creo que en parte sí. Yo sabía hacer mis cositas, mis guisos, mis lentejas… pero cuando entras en esas cocinas y ves toda la maquinaria que hay, todas las técnicas que se pueden hacer, pues es que alucinas y crees que no vas a pasar del primer programa.

– Conociéndola, seguro que ya se ha hecho con uno de esos cacharros de cocina que has utilizado estos días.
– Efectivamente, ya tengo un hornito añadido para hacer mis cosas y hoy me ha llegado una amasadora. Estos días he pensado en todo el tiempo que he invertido en hacer cosas que con estas máquinas se hacen rapidísimo.

– Si algo ha destacado de su paso por el programa son las raíces tan profundas que mantiene con la tierra. Da igual Calahorra que Préjano.
– Quién nos iba a decir que íbamos a escuchar dos veces El Chorra en Televisión Española. Es que yo, a pesar de no ser riojana de nacimiento, siento mucho esta tierra porque me lo ha dado todo.


– ¿Qué ha sido lo más complicado estos meses?
– No tener el contacto físico con los míos. Un abrazo, un beso, un café… Pero lo entiendo. En el programa tienes que estar centrada al cien por cien en lo que estás haciendo.

– Tampoco habrá sido fácil callarse ese segundo puesto tantas semanas después de salir del programa.
– Ha sido durísimo. Me ha costado mucho porque soy muy transparente y, aunque la gente sabía que no podía decir nada, al final te termina preguntando.

– A cambio, ha notado mucho cariño, sino también hacia su familia.
– Eso ha sido lo mejor después de salir. Gente que no te conocía y te miraba por la calle sin atreverse a acercarse, pero lo notabas. Mujeres mayores que me han contado historias de mis padres que ni yo sabía. Gente que ha venido a pedirme una foto con los ojos brillantes. Está siendo todo muy emocionante.

– Parece que ha hecho ‘match’ con Marta, jueza del programa.
– Era su primer año y lo ha hecho genial. Es verdad que hemos tenido una conexión importante. A mí me tiene para lo que quiera. Creo que me llevo una amistad. Pero es que son todos maravillosos. No son tan gruñones como parecen. Jordi, por ejemplo, me encanta cómo te reconduce, cómo te ayuda, cómo te enseña cuando te atascas.

– También hs hecho buenas migas con algún cocinero. Fue curioso ver cómo una mujer que lleva en el ADN la cocina tradicional podía congeniar tan bien con alguien como Dabiz Muñoz.
– Al final, en la base de toda cocina está la tradicional, venga de donde venga. Me encantó hacer sus platos y, si me hubiese ido ese día, que lo pensé por un momento en el segundo cocinado, me habría ido tan feliz de haber cocinado sus tres platos.

– Chusco decía en la final: “La que has liado”. Y no le faltaba razón.
– Es que él confió en mí desde el primer momento, incluso cuando yo no confiaba.

– Esa sensación ha dado en el programa: la del crecimiento personal y la de que a los 50 también se puede empezar a vivir un sueño.
– Efectivamente. Creo que me lo merezco. Ahora que Ander ya va a ir a la universidad y que Claudia ya trabaja, puedo dedicarme a hacer lo que me apasiona. Además, he de decirte que tampoco siento que tenga 50. Era la más mayor de la casa y había algunos que parecían más mayores que yo de espíritu.

– ¿Y ahora, qué? Algunos preguntan cuándo va a montar algo para poder probar esos platos.
– Pues de momento, a estudiar el curso de repostería en el Basque Culinary Center y a seguir aprendiendo. A corto plazo no me planteo abrir nada porque la hostelería no está bien. Es difícil contratar gente buena. Lo ves cuando vas a comer a algún sitio: hay gente que está porque tiene que estar, no porque quiera estar. A la hostelería de ahora le falta amor. Entonces, si un día monto algo, será algo que pueda llevar yo.

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