Por diversas cuestiones que no vienen a cuento relatar aquí, este martes me ha tocado acudir a un colegio de Logroño. Curiosamente en el que me formé académicamente. Una suerte regresar al lugar de tu adolescencia justo treinta años después de haber pisado por última vez aquellos pasillos antes de iniciar los estudios finales para darle a esto de la tecla.
Hay cosas que nunca cambian: las formas de las aulas, el olor de los pasillos, la luz del colegio a través de las ventanas parece inalterable… Como ciertos rostros, con más arrugas que antaño pero con la misma sonrisa de bienvenida, con ese gesto de cariño que todo exalumno recibe al volver a la que fue su casa durante tantos años. Algunos de aquellos profesores me han contado este martes estar prejubilados o muy cerca de disfrutar del final de sus respectivas trayectorias profesionales. Espero esté repleto de buenos recuerdos. Como los que ellos dejaron en el arriba firmante.
Y por lo que sea, el fútbol siempre se entromete en mi camino. Porque os prometo que no tocaba hablar de fútbol riojano. Pero este deporte ya estaba muy presente en mi día a día hace ya treinta años, y lo sigue estando tres décadas después. Del «Aupa, Athletic» con el que he vuelto a saludar a un antiguo profesor muy de San Mamés, a un «Visca, el Barça» a otro muy culé. Y a lo largo de la mañana, dos cuestiones que reflejan a la perfección en qué punto se encuentra el fútbol riojano y por ende la UD Logroñés. Una entidad llamada desde hace unos quince años a liderar un resurgir deportivo que no se acaba de materializar.
La primera pregunta ha sido un baño de realidad. Y ha llegado por parte de un niño. Con esa curiosidad innata e infinita que tanto se agradece se ha lanzado a preguntar al término del taller. «Oye, ¿y has entrevistado a algún futbolista famoso?». Y claro, uno, con la única intención de colmar las expectativas del alumno, de no mentirle, y de paso buscar alguna referencia que pudiera ser comprendida por él como «futbolista famoso» he tenido que hacer en milésimas de segundo un rápido repaso a más 25 años de profesión: y nada.
¿Qué será para este chaval un futbolista famoso? Lamine, Mbappé, Pedri, Koke, Unai Simón… Simeone, Guardiola… a lo sumo Bordalás. O quizás Mourinho, por irnos un poco más atrás. O Del Bosque, Iniesta, Xavi, Villa… O Hierro, Alkorta, Manjarín… Y ya forzando mucho la máquina, no sé, quizás ¿Butragueño? Hostia, sí. El Buitre. Ahí sí. Hasta ahí he tenido que llegar. Y cómo son las cosas del fútbol riojano que a Chendo, Lasa o Redondo les pude entrevistar en el Hotel los Agustinos cuando, creo, el Real Madrid visitó por última vez La Rioja para jugar a fútbol un partido oficial.
Tuvo que ser en 1995 o 1996, por ahí. Y fue posible porque mi profesor de latín, Jorcano -muy del Madrid-, viendo nuestra afición por el fútbol y el periodismo, a mi amigo y a mí nos llevó hasta Haro para ver a los jugadores. Removió cielo y tierra para finalmente poder entrevistar a Lasa y Redondo -que si no recuerdo mal tenía familia en La Rioja-, dos entrevistas que quedaron de lujo en la revista del colegio.
«Redondo», mi respuesta ha llegado justo a tiempo para atender al chaval que esperaba en su pupitre. Y el niño, no sé si por educación, empatía o por saber de quién le estaba hablando, al menos ha puesto cara de saber quién era Redondo. Bien por su padre, que con mi misma edad y también exalumno, parece haberle contado a su hijo cosas de aquellos años. Treinta años atrás para encontrar un posible «futbolista famoso» que haya pasado por aquí como para servir de cierta referencia a un niño de poco más de diez años con algo de curiosidad. Así estamos.
Y la segunda pregunta ha llegado por parte de un profesor que me dio clase. «¿Qué hacemos con la UDL?». Mira que le di respuestas aleatorias en alguno de sus exámenes, pero para esta cuestión no he tenido argumento alguno. «Qué sé yo», le he dicho. De la historia del fútbol riojano podríamos haber hablado, sin embargo, del presente y del futuro, mejor no meter el dedo en la llaga. No sé el grado de implicación que tiene mi antiguo profesor con el club. Y no es cuestión de amargarle el día. Pero se le notaba preocupado.

«¿Qué hacemos con la UDL?». Tras cinco años de decepciones, de no dar con la tecla, quizás mi exprofesor tenga razón en lo que me ha dicho a continuación: «Algo no tiene que estar bien, no tiene sentido que no les salga». Es una frase en la que les reconoce la intención de hacerlo bien, de intentarlo una y otra vez… aunque al mismo tiempo parece reprenderles, desde el presidente a los que van detrás, que hayan permitido que la duda esté muy instalada en el aficionado medio de la UD Logroñés.
Y califico como ‘medio’, no en términos de intensidad en el cariño, al seguidor que va al campo, ve al equipo, vuelve a casa, sigue la actualidad pero tampoco se manifiesta en las redes sociales con insistencia ni en los momentos buenos ni tampoco en los malos. Quizás el fan medio sea el primero en dar un paso a un lado con todo lo que ha costado que lo diera hacia adelante.
Todos estos, que siguen siendo mayoría, están también preocupados, porque observan el estancamiento deportivo en el que parece haberse instalado el club al menos con el primer equipo, único y auténtico motor de la entidad, el que hace socios y genera emociones como para llenar el estadio en las grandes citas.
Noto que actualmente se están generando, al calor de las dudas, muchas preguntas entre los aficionados, pero desde hace tiempo apenas se producen respuestas, más allá de la que puede llegar cada verano con un nuevo director deportivo, un nuevo entrenador, nuevos jugadores, un poco de generación de nuevas ilusiones hasta que vuelven las insistentes derrotas. Y cuando las hay, como Revuelta y Lasheras el curso pasado, el discurso que sale desde las esferas del club es tan viciado por esta dinámica derrotista que al final se logra el efecto contrario.
Se intenta, pero se falla. Se trajo a Lasheras, de nuevo, entonces, el hombre ascenso, cuando venía de ascender con el Sestao, y a Diego Martínez que llegaba de haberlo conseguido con el Numancia, siendo además un aficionado más del club; pero no salió bien. Se apuesta por un perfil joven como Flaño para gobernar un vestuario, y la plantilla y los entrenadores siguientes fueron aún más decepcionantes que el navarro. Y ahora se confía en Quique García y Unai Mendia, que lo acaban de lograr el verano pasado con el Teruel, y volvemos a las mismas de siempre, al menos a las de los últimos cinco años.

Todos lo consiguen en otros sitios, menos en Las Gaunas, en Soria y en Badajoz. Y el aficionado riojano medio empieza a sospechar, y ya tiene la mosca detrás de la oreja. Y como es lógico eleva la mirada, y como el domingo pasado se fija en el palco. En Revuelta, en la directiva, en Sergio Rodríguez… y porque no hay más gente tomando decisiones en un club que sinceramente parece manejarse con un telégrafo. En tiempos de fibra óptica.
Y la gente se hace preguntas, y el club no emite respuesta alguna, no da explicaciones, no se explica, no cuenta su relato, no tiene discurso, no sabemos su plan… se ha vaciado de ideas, lastrado y afectado como la gran mayoría por los malos resultados. La tristeza parece haberse instalado en las altas esferas. Y así parece complicado que la primera plantilla -independientemente de quien la construya y dirija- entienda que aquí se viene a un club grande de la Segunda Federación que debería estar en Primera Federación, y que la mediocridad no es el camino, que para eso hay otros clubes. Y es normal que la gente dude: dude de si el presidente y quienes le rodean han perdido el entusiasmo por hacer cosas realmente significativas para el fútbol riojano, con ganas de crear nuevos ídolos, como hace tres décadas.
Todos estamos de acuerdo en que algo está fallando, es algo que reconocen en los despachos del club, que le dan vueltas a las cosas pero no encuentran respuesta alguna, o al menos eso dicen los resultados. Y el problema es que sin respuesta alguna por parte de los que toman las decisiones, cada aficionado tiene derecho a pensar qué está fallando, y cada uno puede ver un problema distinto, que cuando se pone en común -como pretendía mi exprofesor- parecen muchos, al no haber una respuesta clara y única.
Así que están en su derecho de pensar que lo que está fallando es la visión que tiene Félix Revuelta del club y de la gente de la que se rodea, y que su proyecto está obsoleto, a la espera de una más que necesaria actualización que por fin redunde en beneficio del primer equipo. «Es que me dicen que Unai Mendia es un muy buen entrenador», ha concluido mi exprofesor.
Y sin embargo, con un buen entrenador y el mejor jugador de la categoría (Anai Morales)… a la UD Logroñés no el alcanza para cumplir las expectativas. Por algo será. Pero, ¿y qué será? Yo no lo sé. Pero sí sé que, cuando un club -como un buen profesor- deja de dar buenas respuestas, acaba obligando a su gente a hacerse demasiadas preguntas.


