Gastronomía

La sopa castellana llega justo a tiempo a la calle San Juan

Lo prometido es deuda. Y Juan en la calle San Juan ha cumplido con su promesa. Y desde hace una semanas presenta a quien se acerque hasta Oliva la sopa castellana que arregla cualquier cuerpo destemplado. Es como esas sopas de ajo que se hacen por los Cameros, muy similar. El pan le da la textura, y el caldo sabroso la potencia necesaria para que salir de pinchos por Logroño merezca la pena también en invierno. Un par de cazos de esta sopa en un plato hondo de barro, y el invierno tiene las horas contadas.

Contra las bajas temperaturas, el frío helador y la lluvia a la escocesa, Juan de La Oliva suministra calorías a los clientes que agradecen que este bar se haya convertido en un cuartel de invierno, en el que tomarse esta sopita testeada en el frío castellano de Valladolid, de donde viene la tradición gastronómica de esta familia llegada hace unos años desde el centro del tapeo vallisoletano hasta la San Juan logroñesa.

El tazón de sopa castellana caliente de La Oliva.

El proyecto que ha montado Juan en la San Juan está chutando. Demostrando una vez más que lo sencillo sigue teniendo su público, y que en la vida no conviene complicar las cosas importantes, como es salir de pinchos, toda vez que lo trascendental (la vida, el curro, las relaciones personales…) se complica hasta el extremo. Una buena sopa a la que se le puede añadir un golpe de picante y un vasito de vino mitiga cualquier dolor, aunque solo sea por un instante.

Y la parada en Oliva se puede alargar. Probando sus aceitunas aliñadas con una receta familiar. O con la especialidad de la casa, el bonito casero con aceite de oliva, tomate, queso, anchoa... un bocatita al que se le pueden añadir unos cuantos ingredientes buen ricos para irse a casa cenados, en busca de la manta y el sofá en estos días de invierno en el que una buena sopa quita todas las penas.

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