La Rioja

Año nuevo y propósitos viejos: «Hay que empezar poco a poco»

Gimnasios, farmacias y centros de formación coinciden: empezar despacio con los propósitos es la fórmula del éxito

Enero llega con resaca de roscón, agendas nuevas y una fe casi inquebrantable en que esta vez sí. Es el mes de las promesas solemnes, de los «esta vez en serio» y de los propósitos escritos con boli nuevo: moverse más, comer mejor, dejar malos hábitos, aprender algo pendiente… El calendario cambia y, con él, la sensación colectiva de empezar de cero, como si el año viniera con botón de reinicio incluido.

Durante unas semanas, todos vivimos un poco en modo propósito: hay más gente caminando rápido, más consultas sobre salud, más matrículas, más decisiones aplazadas que por fin ya tienen fecha. No todo dura, ni todo cuaja, pero el arranque del año sigue teniendo ese poder casi mágico de empujar a intentarlo. Luego llegará febrero con su dosis de realidad. Pero de momento, enero manda… y todos, en mayor o menor medida, le hacemos caso.

El gimnasio como rutina

Adrián Alonso, responsable de CrossFit Colen, lo nota con claridad: «Siempre hay una pequeña avalancha de gente al empezar el año». Pero su mensaje es claro y va justo en la dirección contraria a la prisa habitual. Más que objetivos cortoplacistas -pensar solo en el verano o en bajar rápido unos kilos-, defiende el ejercicio como un compromiso a largo plazo, casi como una forma de vida. La clave, insiste, «no es empezar fuerte, sino empezar bien».

Uno de los errores más frecuentes es querer hacerlo todo de golpe. Cuatro o cinco días a la semana desde el primer momento, sin adaptación previa. «Al final se cansan, fallan un día y tiran la toalla», explica. Por eso, desde el gimnasio recomiendan comenzar con dos días semanales e ir aumentando de forma progresiva. El cuerpo necesita un periodo de adaptación, igual que un niño cuando empieza el colegio, y el descanso forma parte esencial del proceso. Pasar de cero a una carga intensa suele acabar en frustración… o lesión.

El objetivo real, subraya Alonso, es crear un hábito que perdure en el tiempo. Una rutina asumible, compatible con la vida diaria y que no se abandone a la primera dificultad. Esa filosofía de constancia y sentido común es la que explica, según cuenta, la alta retención que tienen en el centro: “Hay poca gente que lo deje a los dos meses”. Frente a la cultura del esfuerzo rápido, apuestan por construir poco a poco una base sólida de actividad física y bienestar.

Esa idea conecta con una recomendación básica: no hacen falta muchas horas para estar en forma, sino disciplina y regularidad. Empezar con entrenamientos cortos, buscar momentos concretos del día para moverse y asociar el ejercicio a sensaciones positivas ayuda a consolidar el hábito. Además si se hace en grupo, mucho mejor. En definitiva, convertir el gimnasio en algo cotidiano, asumido y sostenible, más que en un propósito que se quema en las primeras semanas del año.

Dejar de fumar: es posible

Ese empujón de los buenos propósitos también se percibe con claridad en la Asociación Española Contra el Cáncer en La Rioja. Desde la entidad explican que estos primeros días del año se anima mucha más gente a dar el paso, especialmente en los programas para dejar de fumar. La demanda ha sido tal que ya se está formando un nuevo grupo y no descartan que un nuevo curso pueda arrancar en cuestión de semanas.

Todos los servicios que ofrece la asociación son gratuitos, aunque para estos programas se solicita una fianza de 60 euros que se devuelve íntegramente a quienes completan el curso. Una fórmula que funciona como elemento de compromiso. «Gracias a eso, es muy poca la gente que lo deja a medias», explican. Aun así, reconocen que dejar de fumar no es un proceso lineal ni sencillo y que en algunos casos hay personas que necesitan repetir el programa hasta lograrlo.

Foto/Fernando Díaz, Riojapress

Desde la asociación subrayan que, en la mayoría de los casos, no se trata de decisiones impulsivas propias de enero. «Casi siempre es algo muy meditado o una recomendación médica después de un susto de salud», señalan. Dar el primer paso ya es, en sí mismo, un avance importante. Por eso insisten en que dejar el tabaco con apoyo multiplica las posibilidades de éxito, especialmente cuando el proceso está acompañado por profesionales.

En ese acompañamiento juega un papel clave el trabajo en grupo. La asociación cuenta con un equipo de psicólogos que guían el proceso y con dinámicas colectivas que ayudan a compartir experiencias. «Estar rodeado de personas que están pasando por lo mismo hace que te sientas comprendido y menos solo», explican. Una red de apoyo que refuerza la motivación y ayuda a mantener el compromiso en los momentos más difíciles.

La misma tendencia la ha notado Mario Domínguez desde su farmacia, donde este año el arranque ha sido especialmente intenso. «La última semana del año vino mucha gente a pedir los medicamentos para empezar el día 1», cuenta. Para él, no hay dudas: «Es la mejor decisión que pueden tomar».

Perder kilos con hábitos saludables

El propósito de perder unos kilos también asoma cada enero por los mostradores de las farmacias, aunque de forma más discreta . Mario Domínguez reconoce que ha notado un ligero aumento de personas que preguntan por medicamentos para el control del peso, empujadas por el deseo de empezar el año «más ligeros». Su mensaje, sin embargo, es siempre el mismo: estos fármacos pueden ser una ayuda, pero no una solución por sí solos.

«El error es pensar que funcionan de manera aislada», explica. Según Domínguez, los tratamientos pueden ofrecer buenos resultados cuando van acompañados de cambios reales en la alimentación y en la actividad física, pero pierden sentido si se mantienen los mismos hábitos. Sin ese ajuste en la rutina diaria, el efecto es temporal y el riesgo de frustración aumenta.

La evidencia científica refuerza esta idea. Un amplio metaanálisis publicado estos días ha analizado 37 estudios con más de 9.300 participantes, y concluye que suspender los medicamentos para la pérdida de peso suele ir seguido de una recuperación progresiva del peso corporal y de la reversión de las mejoras en indicadores clave de salud cardiovascular y metabólica, como el colesterol, la presión arterial o el control de la glucosa.

El estudio detalla que, tras abandonar el tratamiento, la recuperación media es de unos 0,4 kilos al mes, lo que implica que en aproximadamente 1,7 años se vuelve al peso previo. Además, los marcadores de riesgo de diabetes y enfermedades cardiovasculares regresan a niveles iniciales en torno a los 1,4 años. Un dato especialmente revelador es que esta recuperación es casi cuatro veces más rápida que la observada en personas que adelgazan únicamente a través de cambios sostenidos en dieta y ejercicio, una diferencia que vuelve a poner el foco en la importancia de los hábitos a largo plazo.

Aprender idiomas, para septiembre

Otro de los clásicos propósitos de año nuevo, aprender idiomas, ya no vive su gran momento en enero. Eva, de Call Logroño, explica que esa tendencia cambió hace tiempo y que ahora el verdadero pico de matrículas se concentra en septiembre. “La mayoría de los que se apuntan son estudiantes y lo hacen coincidiendo con el inicio del curso”, señala, en una dinámica cada vez más ligada al calendario académico que al simbólico arranque del año.

Donde sí se nota claramente la llegada de enero es en el ámbito de los exámenes oficiales. Call Logroño es centro examinador de Cambridge y, en este caso, el cambio de año actúa como detonante. Muchas personas que llevan tiempo dándole vueltas a la idea de certificar su nivel de inglés toman ahora la decisión definitiva y dan el primer paso.

“Lo primero que hacen es matricularse al examen”, explica Eva. Tener una fecha cerrada funciona como un compromiso consigo mismos y marca el inicio de la preparación. No se trata tanto de empezar de cero como de poner orden y objetivo a un esfuerzo que, en muchos casos, llevaba tiempo en la cabeza, pero necesitaba un empujón para hacerse realidad.

El carnet de conducir, pendiente de las listas

Otro propósito que durante años fue casi automático al comenzar enero, sacarse el carné de conducir, ha perdido ese carácter estacional. Desde Autoescuela Servando explican que la planificación ha sustituido a la improvisación, en parte por las largas listas de espera. «Ahora mismo hay esperas de cuatro y cinco meses para poder coger coche», señalan, una realidad que obliga a organizarse con mucha más antelación.

Esta situación ha diluido los picos tradicionales de demanda. Ya no se concentra todo en enero ni, como ocurría antes, en el inicio del verano. Aunque el periodo estival sigue atrayendo a estudiantes, la tendencia general es que quienes quieren sacarse el carné repartan el proceso a lo largo del año, adaptándolo a su disponibilidad y a los tiempos reales de las autoescuelas.

También ha cambiado el perfil del alumnado. «Ya no es como antes, que a los 18 años la gente estaba deseando cumplirlos para sacarse el carné», explican. Cada vez acuden más personas adultas, mientras que los jóvenes retrasan esa decisión. En ciudades como Logroño, la mejora del transporte público y la existencia de más alternativas de movilidad han restado urgencia a un trámite que durante décadas fue casi un rito de paso inmediato.

Y ojo a la salud mental

La psicóloga calagurritana Amaia Eguizábal advierte de que los propósitos de año nuevo no siempre generan bienestar y, en muchos casos, pueden convertirse en una fuente añadida de presión. Muchas personas llegan a enero ya cansadas, con la sensación de que deberían cambiar, mejorar o lograr más cosas, y cuando no lo consiguen aparece la frustración e incluso la culpa. Por eso, más que centrarse en los objetivos en sí, Eguizábal invita a fijarse en cómo nos tratamos mientras intentamos alcanzarlos.

Desde su experiencia profesional, propone revisar el origen de esos propósitos. No es lo mismo plantearlos desde la autoexigencia o el castigo que desde el cuidado personal. También insiste en desterrar la lógica del “todo o nada”: no cumplir un objetivo no equivale a fracasar. La constancia perfecta es poco realista y, a veces, avanzar significa simplemente no abandonarse del todo. En esa misma línea, recomienda transformar los grandes objetivos en gestos pequeños y cotidianos, más asumibles y capaces de generar confianza y motivación.

Eguizábal subraya además que los propósitos no tienen por qué ser inamovibles. Lo que una persona necesita en enero puede cambiar con el paso de los meses, y ajustar o incluso soltar un objetivo también es una forma de autocuidado. En definitiva, defiende una mirada más amable: más allá de cumplir expectativas externas, el verdadero propósito puede ser vivir con menos juicio y más presencia, recordando que hablarse con cariño también cuenta como avanzar.

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