Aunque la controversia sobre el uso del velo islámico en las aulas riojanas estallaba con el inicio de curso, la chispa se encendió meses antes. En mayo de 2025, con el curso casi finalizado, el claustro de profesores del IES Práxedes Mateo Sagasta de Logroño votaba la posibilidad de aplicar un artículo del Reglamento de Organización y Funcionamiento (ROF) que hasta entonces había pasado desapercibido: la prohibición de cubrirse la cabeza dentro del centro. La norma lo deja claro: nada de gorras, viseras o capuchas en clase, pero incluye también el hiyab o velo islámico, un símbolo religioso y cultural para algunas alumnas musulmanas.
Hasta donde ha podido confirmar NueveCuatroUno, la decisión no estuvo motivada por el uso del velo de ninguna alumna -nunca había generado conflicto en el instituto- sino por la llegada de una profesora que usaba hiyab procedente de Calahorra, donde en ninguno de los dos institutos se permitía el uso del velo en el aula. Esta novedad en un centro educativo de la capital ponía sobre la mesa un debate que acabaría estallando con fuerza en septiembre.
9 de septiembre: el arranque de la polémica
Tras un verano sin novedades, la polémica llegaba con el inicio de las clases. El 9 de septiembre, la dirección del Sagasta aplicaba de manera estricta el reglamento interno y prohibía cubrir la cabeza con cualquier prenda, incluido el velo islámico. Varias alumnas que acudieron con hiyab se encontraban con las puertas cerradas. Para entrar debían retirárselo. La medida, inédita hasta ahora en el centro, sorprendía tanto a las estudiantes como a sus familias, que recordaban que durante años las jóvenes habían llevado velo sin problema. Todo ello a pesar de que el centro repite una y otra vez que se les avisó a lo largo del verano.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
La reacción fue inmediata. Asociaciones como ATIM, AMIN, Arabella, Faizan e Madina o Gulzare Madina denunciaban públicamente la decisión como una vulneración de derechos fundamentales, apelando a la libertad religiosa recogida en la Constitución y en convenios internacionales. Lo que hasta entonces había sido una práctica normalizada en el Sagasta se convertía en el detonante de una polémica social, política y mediática que ha llegado incluso a los medios nacionales.
10 de septiembre: el instituto responde
Un día después, la dirección del centro enviaba una carta a los medios defendiendo la medida y asegurando que contaba con respaldo jurídico. Explicaban que el ROF ya establecía la prohibición de cubrirse la cabeza y que la norma había sido aprobada tanto por el claustro como por el consejo escolar. Según su versión, ninguna alumna había mostrado resistencia a quitarse el velo en clase.
Pero la realidad fue bien distinta. Una de las estudiantes afectadas, Iman, alumna del Bachillerato Internacional, decidía dar un paso al frente y denunciar públicamente la situación. Aseguraba que se sentía discriminada y que el centro le estaba obligando a elegir «entre su identidad religiosa y su derecho a la educación».

La Consejería de Educación, a preguntas de los periodistas, respaldaba ese mismo día al instituto alegando que respetaba «la autonomía de los centros para fijar sus reglamentos internos». Sin embargo, el debate trascendía las paredes del instituto: pronto se supo que otros cuatro centros de La Rioja —dos en Calahorra y dos en Arnedo— ya prohibían el uso del velo desde hace tiempo, lo que evidenciaba la disparidad de criterios en la región.
Ese mismo día, la delegada del Gobierno en La Rioja expresaba su preocupación por el impacto de la prohibición en la convivencia escolar. Y desde Izquierda Unida se alzaba la voz de alarma: calificaban la medida como “islamofobia institucional” y señalaban directamente a la Consejería como responsable por permitir que cada centro aplicara normas “arbitrarias”.
11 de septiembre: voces expertas y peticiones de claridad
El debate se trasladaba a un plano más amplio. El sindicato ANPE pedía una normativa nacional que estableciera criterios claros sobre el uso del velo en las aulas y evitara que cada centro decidiera por su cuenta. Ese mismo día, un informe elaborado por la Universidad de La Rioja salía a la luz y advertía que la prohibición «podía vulnerar derechos fundamentales como la libertad religiosa y el acceso igualitario a la educación».

El estudio, realizado por profesores y alumnos, alertaba además de las consecuencias sociales y psicológicas para las alumnas: estigmatización, ansiedad, exclusión o incluso abandono escolar. Aunque el informe no tiene carácter vinculante, insiste en que las normas de convivencia deben fomentar la inclusión y el respeto a la diversidad.
16 de septiembre: Iman da su testimonio
La tensión alcanzó un punto crítico cuando Iman fue expulsada del Sagasta por negarse a retirarse el velo. La joven relataba que durante tres días intentó acudir sin él, pero se sintió “humillada” y decidió volver a cubrirse. Al no ceder, fue enviada a la dirección, donde la sancionaron verbalmente con expulsión, sin entregarle en ese momento ninguna notificación oficial.

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El caso generó aún más polémica porque Iman cursa el Bachillerato Internacional, un programa exclusivo en La Rioja que solo se imparte en el Sagasta. «No quiero cambiar de centro porque no tendría la misma formación. Me parece injusto tener que elegir entre mis estudios y mi identidad», declaraba la joven. La estudiante ha registrado quejas formales tanto en el instituto como en la Consejería y advertía desde el principio que seguirá defendiendo su derecho a llevar velo, aun a riesgo de nuevas sanciones. Además, empezaba a recoger firmas.
Mientras tanto, la federación de asociaciones de padres, FAPA Rioja, exigía revertir el veto por considerar que «rompe la convivencia y atenta contra la igualdad».
17 de septiembre: solidaridad en el patio
La amenaza de expulsión de Iman movilizaba al alumnado. Ese miércoles, decenas de estudiantes se concentraban en apoyo a su compañera y leían un comunicado en el que denunciaban que la norma vulnera derechos fundamentales. Iniciaban además una recogida de firmas y anunciaban nuevas movilizaciones que se repitieron en días posteriores. En los panfletos distribuidos por el centro se podía leer: «Manifestar tus creencias está prohibido. Acceder a una educación pública está prohibido. Ser quien eres está prohibido».

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Los alumnos recordaban además la contradicción de prohibir el hiyab mientras en el instituto se sigue impartiendo religión cristiana y no se cuestionan otros símbolos religiosos. Algunos docentes asistían a la concentración. Ese mismo día, CCOO se sumaba a las asociaciones y pedía garantizar el derecho de las alumnas a llevar el velo en los centros educativos.
18 de septiembre: el debate entra en el Parlamento
La polémica saltaba al Parlamento de La Rioja. Vox presentaba una proposición no de ley para prohibir el velo islámico en todos los edificios oficiales de la comunidad. El portavoz del grupo, Ángel Alda, defendía que el velo “es un símbolo de sometimiento a la mujer e incompatible con nuestra cultura” y alertaba de una supuesta “islamización de España”. Llegaba incluso a reclamar que se paralizasen los trámites de nacionalidad “a quienes lo impongan”.

La iniciativa era rechazada por PP, PSOE e IU. El consejero de Educación, Alberto Galiana, recordaba que una medida así solo podría adoptarse a nivel estatal y defendía la convivencia como valor esencial. La diputada del PSOE acusaba a Vox de “querer imponer la intolerancia”, el PP advertía de que no se debe “agudizar tensiones para sacar rédito político” y desde IU se critiv¡caba la “hipocresía” de Vox al erigirse en defensor de la igualdad de la mujer.
1 de octubre: un debate nacionalizado
La polémica no se frenaba ahí. El pasado 1 de octubre, Vox en Logroño proponía extender la prohibición del velo islámico a todos los centros educativos de España. Aunque la medida carece de recorrido inmediato, ponía de manifiesto que el debate había superado el ámbito escolar riojano para convertirse en un asunto político de alcance nacional.


