La Rioja

El adiós de Doré: 64 años entre colchones, cunas y generaciones de logroñeses

Fernando Domingo pone fin al negocio familiar que durante 64 años ha abastecido de colchones y cunas

Después de 64 años formando parte del comercio local logroñés, Colchonería Doré ultima los detalles para bajar la persiana. Lo hará pasado el verano, cuando Fernando Domingo se jubile y cierre una etapa que comenzó mucho antes de que él estuviera al frente del negocio. «Mis padres fueron los que lo abrieron y voy a ser yo quien lo cierre». Sus palabras denotan nostalgia pero también tranquilidad.

El cartel colgado en la puerta del establecimiento, en la calle del Cristo, anuncia un adiós agradecido. «Después de casi 64 años formando parte del comercio de esta ciudad, se acerca el momento de decir adiós». Fernando explica que Doré nació «gracias al esfuerzo y la ilusión de sus padres y yo tuve el privilegio de continuar su camino». Y lo ha hecho acompañando a generaciones enteras en los momentos más importantes de sus vidas: «El descanso del hogar, la llegada de un bebé y los pequeños detalles cotidianos que marcan la diferencia».

La historia de Doré tiene su punto de partida en la lana. El padre de Fernando se dedicaba a la compra de lana recién esquilada de oveja y contaba con un lavadero de lanas. En aquellos tiempos, lo más habitual es que los colchones fueran de este tejido, así que la familia abrió una colchonería para fabricarlos, proporcionar la materia prima y ofrecer también el servicio de rehacerlos. «Antes se elaboraban en los portales de las casas. Mis padres recogían el colchón en el domicilio, lo llevaban al taller, lavaban la funda, cardaban la lana, rehacían el colchón y lo devolvían como nuevo a la casa».

Con el paso del tiempo, aquel negocio centrado en el descanso fue creciendo de forma natural. «Yo siempre digo que Doré ha sido la cama y sus consecuencias», bromea Fernando. Tras los colchones llegaron las cunas, los cochecitos y los artículos de bebé. Y así es como Doré fue convirtiéndose en una tienda de referencia tanto como para el descanso como para la llegada de los más peques a muchas familias logroñesas.

A Fernando le salieron los dientes en esa tienda. «Nací en Avenida de Navarra, estudió en Escolapios y, al salir de clase acababa las tardes en el comercio familiar. Cuando finalizó sus estudios continuó casi por inercia el camino que habían abierto sus padres. Durante un tiempo compaginó la tienda con un negocio propio de alfombras persas pero cuando aquel sector dejó de tener recorrido volvió a centrarse por completo «en lo de siempre».

Doré ha visto pasar generaciones completas por su tienda. Fernando lo agradece en su cartel de despedida: «Gracias a quienes entrasteis por primera vez siendo jóvenes y habéis seguido volviendo con hijos e incluso nietos». Para él, la tienda ha sido mucho más que un negocio. «Quedarán para siempre los recuerdos, las conversaciones y el afecto recibido».

Ahora el cierre llega por jubilación. No hay relevo generacional en la tienda pero Fernando lo asume sin dramatismo. De hecho, reconoce que se adelanta un año a la jubilación prevista porque le gustaría empezar otra vida. «Me apetece ya hacer mi vida con mi horario, no con el del comercio».

El cierre de Doré es también el síntoma de una realidad que afecta a muchos establecimientos tradicionales. Fernando no maquilla la situación del comercio local en la capital riojana: «Está muy fastidiada». Cree que cada vez quedan menos tiendas de toda la vida y que Logroño lo tiene complicado si quiere mantener de verdad una identidad comercial. «Estos ayuntamientos que quieren hacer Logroño ciudad comercial van por mal camino. Si los que nos jubilamos no tenemos relevo ni en casa ni nadie que se interese por continuar con el negocio, no hay futuro», lamenta.

Para él, no hay un único culpable. Las grandes cadenas, internet y los cambios de consumo han ido estrechando el margen del pequeño comercio. En el caso de los artículos de bebé, además, el mercado de segunda mano ha cambiado por completo la forma de comprar. «Wallapop y compañía funcionan al cien por cien». Recuerda que antes una futura madre podía rechazar el cochecito usado de una hermana porque quería que su hijo estrenara. Ahora, en cambio, muchas ventas se pierden antes de empezar porque siempre aparece una amiga, una cuñada o alguien del pueblo que conserva un cochecito casi nuevo.

Fernando entiende que haya productos que puedan reutilizarse. Una cuna, por ejemplo, no se deteriora fácilmente, y un capazo se usa durante pocos meses. Pero ese cambio de mentalidad ha afectado de lleno a tiendas como la suya, donde durante décadas se compraba buena parte de lo necesario para preparar la llegada de un bebé. Aun así, prefiere quedarse con lo vivido. Cree que Doré ha sido, «modestamente», una referencia en Logroño por la calidad del descanso, el buen servicio y la atención cercana.

Cuando llegue el cierre definitivo, Fernando se tomará el primer año sabático. Quiere hacer deporte, viajar, disfrutar y dedicar tiempo a sí mismo. Después, no descarta estudiar o aprender algo nuevo relacionado con la historia del arte u otras inquietudes. «Tampoco se puede estar con las manitas atrás viendo obras», comenta con humor. Lo que sí tiene claro es que ha llegado el momento de cambiar de ritmo y se despide teniendo muy claro que «Doré ha sido mucho más que una tienda gracias a todos y cada uno de nuestros clientes a lo largo de estos años».

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