La Academia Riojana de Gastronomía ha dado un paso al frente para advertir de la situación que atraviesa la calle Laurel, la zona más emblemática de Logroño en materia gastronómica y uno de los grandes atractivos turísticos de la ciudad. Su presidente, Pedro Barrio, no ha dudado en afirmar que existe «una evidente decadencia» y que algunos locales están ofreciendo «productos de quinta gama, servicio no adecuado y un tratamiento del vino insuficiente», lo que, a su juicio, «puede acabar con el prestigio de la calle». Aunque se aferra a aquellos locales que «todavía mantienen la esencia» para contrarrestar, insiste, «la evidente degeneración».
El diagnóstico no es nuevo. En marzo de este mismo año ya se puso como ejemplo el camino recorrido en San Sebastián, donde los hosteleros, junto al Ayuntamiento, pusieron en marcha el Instituto del Pintxo para proteger la esencia de su gastronomía frente a la masificación turística y la pérdida de calidad. Ahora, Barrio confirma que la Academia riojana lleva meses en contacto con la capital guipuzcoana para diseñar un programa similar que permita diferenciar a los establecimientos que mantengan la esencia de la Laurel.

Pedro Barrio. EFE/Raquel Manzanares
«Queremos señalar el camino de excelencia en el que la tradición vaya unida a la innovación y a la no pérdida de las señas de identidad que han hecho famosa a esta calle», ha asegurado Pedro Barrio durante la presentación de la cuarta Edición de los Premios que concede anualmente la Academia Riojana de Gastronomía. En sus palabras, la idea es distinguir a aquellos bares que, como el histórico Blanco y Negro —premiado este 1 de octubre por la Academia en sus galardones anuales—, han sabido mantener la esencia con pinchos sencillos y de calidad, un servicio cuidado y un trato adecuado al vino.
El problema, ha insistido, no es solo de imagen: «La Laurel se llena de miles de turistas cada semana y hay grupos que, aprovechando esa afluencia, están ofreciendo una manera de hacer que no tiene nada que ver con las condiciones que han hecho famosa a esta calle». Por eso, la Academia trabaja en un programa que, siguiendo el modelo donostiarra, permita reconocer públicamente a los locales que cumplen con esos estándares de calidad.
Desde el Ayuntamiento de Logroño, la concejal Leonor González Menorca ha compartido la preocupación pero sin detallar aún una hoja de ruta clara. «De la mano de la Academia y de las asociaciones hosteleras se está trabajando, porque estas calles son un motor económico y turístico para la ciudad, pero tenemos que conservar su esencia», ha señalado. González ha vinculado este debate con la reciente remodelación del mercado de San Blas, que quiere convertirse «en un escaparate de los productos de excelencia de Logroño».

El turismo festivo complica la convivencia con el logroñés medio.
Las palabras de la concejal reflejan apoyo institucional, pero también cautela: mientras la Academia habla ya de programas concretos para señalar a los referentes de calidad, el Ayuntamiento insiste en mantener un proceso de diálogo con las asociaciones que no acaban de mover ficha para revertir aquellas situaciones que están provocando un distanciamiento evidente entre los logroñeses y su famosa calle gastronómica.
La reflexión, sin embargo, parece inevitable. La Laurel, con apenas 300 metros y más de 80 establecimientos, se ha convertido en un símbolo de la gastronomía riojana. Es uno de los espacios más reconocidos a nivel nacional e internacional y, como ha recordado Barrio, «lo que ha hecho prestigiosa esta calle es la esencia: pinchos hechos en el momento, servicio adecuado y un tratamiento del vino como se espera en La Rioja».
El desafío es ahora marcar un camino que evite que la calle más famosa de Logroño pierda su identidad bajo el peso de la masificación turística que posibilita la llega de grupos hosteleros que diluyen la esencia de los espacios como ha ocurrido en San Sebastián. En Donosti se ha intentado reaccionar para preservar la autenticidad de sus ‘pintxos’, y en Logroño, la Academia Riojana de Gastronomía lleva meses trabajando para ver cómo puede reconocer el buen trabajo que muchos hosteleros de La Laurel siguen haciendo diariamente.


