El amanecer es fresco y los montes están cubiertos por las nieblas cuando con las primeras luces del alba Montserrat Lázaro y su hermano Goyo, vecinos de Viniegra de Arriba, suben a las laderas de Rastraculos a recoger las 600 ovejas, acompañadas de sus 14 mastines. Hoy es el día que se ha concertado con César, encargado de la contratación del grupo de esquiladores que liberarán a las ovejas del abrigo de invierno. Tanta lana les produce calor y cansancio en el final de la primavera y comienzo del verano, ya que son cerca de dos kilos, cuatro en el caso de los carneros, los que cada animal soporta en su cuerpo, lo que se conoce como el famoso vellón.
El padre de ambos, Florencio Lázaro, también ganadero ya jubilado, cuenta que en el pasado la lana tenía un gran valor y se usaba para la industria textil. La cuantía económica que se cobraba por ella casi superaba el precio de los corderos. En los años 60 el precio del kilo de lana era de unas 100 pesetas. Al finalizar la esquila de las ovejas se procedía al pesaje de las sacas de lana para su comercialización. Montserrat, dueña de la explotación ganadera de ovino, cuenta que hoy en día la lana no tiene ningún valor y termina siendo un gasto más de la explotación por el precio de la esquila y el traslado de las sacas de los vellones a su lugar de lavado y transformación.

Las cuadrillas de esquiladores comienzan su trabajo a mediados de abril y van subiendo de forma gradual desde los campos de Andalucía, a Extremadura, Castilla la Mancha, Castilla León, La Rioja, Navarra y País Vasco, con casi una cierta coincidencia de las segadoras de cereales que recorren la península de forma ascendente.
Las cuadrillas de esquiladores suelen estar compuestos por seis o siete personas que se ajustan a un precio de entre 1,20 y 1,50 por oveja. Cada uno de ellos esquila entre 150 y 200 animales en la jornada. El grupo llega muy de mañana a la nave de Monserrat, con varios vehículos donde cargan sus aperos de trabajo, un grupo electrógeno para producir la electricidad que utilizan las maquinas esquiladoras con varios juegos de cuchillas para recambiar cuando dejan de cortar por el uso y unos suspensorios para sujetar el cuerpo del esquilador y hacer más fácil su trabajo. El tiempo empleado en la limpieza de un animal suele ser entre 1,50 y 2 minutos.

César, esquilador de Lardero de La Rioja que desempeña la labor de jefe de cuadrilla, manifestó haber llegado a esquilar 350 animales en una jornada. Es acompañado por Ángel, de Igea, tambien de La Rioja, con un joven de Extremadura, que dijo que llevaba esquilando desde el 16 de abril por la geografía nacional. También los acompaña un matrimonio de Colombia con un compatriota, otro joven de Igea, y un profesor de instituto del País Vasco, que es la primera vez que se apunta a esta labor, conocedor de esta zona por la proximidad, lo toma como un año sabático para descansar del estrés que produce la educación en estos tiempos. Dice no tener mucha experiencia, comenta con los compañeros el número de ovejas esquiladas, César le reconoce que tiene un progreso muy bueno para la experiencia.
Otros esquiladores, Ángel de Vinuesa y David de Ventrosa, realizaron la rapa de un ciento de ovejas todas preñadas y carneros en otra nave de Montserrat. Estos son autóctonos de las cumbres del Urbión, que colaboran entre ellos en las distintas tareas de esquila, saneamiento y otras funciones propias de la ganadería.

En esta ocasión no se han marcado las ovejas con la pega de la familia, que se hereda de padres a hijos, ya que hoy en día todas las ovejas llevan los crotales en las orejas, con su correspondiente número, lo cual identifica con más precisión cada animal.
Hace años los ganaderos de la zona se juntaban para esquilar sus distintos rebaños en colaboración unos con otros, pero muchos de ellos han recurrido a contratar a profesionales de la esquila, que suelen contar con grupos de rumanos, y también esquiladores de Uruguay, que tiene muy buena fama en todo el mundo, por su efectividad y rapidez en la esquila. Durante la primavera se desplazan desde su país para permanecer en España tres meses. Tambien en España se cuenta con grandes profesionales, pero el recambio generacional obliga a los ganaderos a recurrir a la contratación de foráneos. Algunos operarios nacionales dejan su trabajo habitual para dedicarse los tres meses a la esquila. En esta profesión se necesita de un gran esfuerzo físico en la rapa de las ovejas.

Terminada la tarea, todos proceden al aseo personal y su posterior comida en casa de Montserrat, con una caldereta de cordero, típica de las Siete Villas, como no podía ser de otra manera. Finalizada la comida el grupo departe entre ellos, y Florencio comenta anécdotas de su vida como ganadero de la zona. Los esquiladores más jóvenes emprenden su regreso a su lugar de pernoctar y reponer fuerzas para el día siguiente, en el que trabajarán en otra explotación ganadera.
La campaña ya está finalizando, en esta zona se realizan los últimos coletazos del año, y se despiden unas amistades que se volverán a ver el año que viene, para comenzar una nueva andadura desde el sur hacia los pastos frescos del verano en las tierras altas de la península.


