Ahora que parece que las aguas se han calmado en todo la relacionado con la prueba de acceso a la Universidad en La Rioja, que tanto ha molestado a los padres, profesores e incluso a nuestro Presidente, voy a contar lo que nos sucedió hace muchos años a los estudiantes de PREU riojanos que pretendíamos ingresar en la Universidad.
En aquella época, el examen de acceso a la Universidad se llevaba a cabo en la sede del distrito universitario, que para nosotros, alumnos del Instituto Marqués de la Ensenada, hoy Sagasta, era la Universidad de Zaragoza. Una vez finalizado el curso, los que habíamos aprobado todas las asignaturas, solíamos asistir a unas clases para completar los temas finales no impartidos y repasar el conjunto de las materias. Recuerdo con particular cariño la dedicación y el buen hacer de los profesores: Bellot, Piudo, Zumeta y García Moreda. El primero de ellos, a pesar de ser muy estricto, nos dio una lección de humanidad y categoría académica cuando un día decidió suspender la clase para dedicar toda la sesión a comentar la figura de Sir Bertrand Russell, activista social y académicamente brillante, que acababa de fallecer. Esto en plena dictadura. María Piudo vino a Logroño después de impartir francés en varios institutos. Para muchos de nosotros fue como alguien que aportaba aire fresco y modernidad en aquella época tan gris. Don Ignacio Zumeta era una persona con una inteligencia desbordante y una personalidad cálida y enormemente positiva. Sus análisis psicológicos, aparte de ser novedosos, siempre nos resultaron de gran utilidad. Por último, Emilio García Moreda, fue un brillante pintor, pero sobre todo alguien que nos hizo entender el arte y la vida con unas clases que, a muchos de nosotros, nos ayudaron a descubrir otros mundos.
Bueno, el caso es que el curso y las clases de refuerzo acabaron y allí estábamos nosotros en el ‘tren burra’, yendo a la pensión de Zaragoza a esperar nerviosos el inicio de las pruebas. Todas las pruebas fueron más o menos asequibles, hasta que vino el examen de Matemáticas. El contenido es el que adjunto.

Si bien los problemas eran abordables pero un poco complicados, únicamente era obligatorio resolver uno de ellos, sin embargo, el tema teórico fue una sorpresa muy desagradable. El resultado fue que, a los pocos minutos, aquél aula escalonada impresionante con pupitres corridos de madera, se quedó medio vacía y, poco a poco, se fueron yendo los alumnos. La escabechina fue total. Únicamente los pocos aspirantes que habían tenido la oportunidad de repasar el último tema de Matemáticas, que era de Astronomía, pudieron contestar. La mayoría lo dejó en blanco, lo que significó que estaban suspendidos. Recordemos que entonces no computaban las notas del curso, como ahora.
Pero no pasó nada grave más allá de algún enfado de los padres y el disgusto de tener que estudiar en verano para los que habían suspendido.
No hubo manifestaciones, ni protestas de padres, ni propuesta de comisiones paritarias, ni defensa de los alumnos por parte del Presidente de la Diputación, autoridad regional de entonces. Simplemente, los que no habían aprobado se examinaron de nuevo en septiembre y la mayoría aprobó. Casi todos mis compañeros y compañeras, estudiaron sus carreras en universidades fuera de nuestra región, con gran sacrificio para sus familias, y me consta que han llegado a ser grandes profesionales.
Es posible que si yo hubiera sido el padre de alguno de los alumnos afectados por el examen de matemáticas en la PAU de este año, también hubiera protestado, pero no puedo evitar pensar que, muchas veces, confundimos la superprotección y la sobreestima con los derechos, y no tiene porqué ser así. No es mi deseo polemizar, pero no creo que los autores del examen hayan tenido una intencionalidad perversa. Seguramente, las protestas deberían dirigirse a porqué en determinados centros se inflan las notas y cuál es la razón por la que el examen no es único en todas las Comunidades Autónomas. Luego, las notas de corte son las que son y dependen de cada Facultad, pues la calidad de lo que se imparte depende de los medios y la capacidad de cada centro.
Para todos los alumnos y alumnas aprobados (más del 97 %), la vida sigue y con el tiempo van a comprobar que lo importante es tener un desempeño profesional social y personal que les sea satisfactorio, más allá del engañoso prestigio mediático o económico que pueda tener algunas carreras.
Termino con un abrazo a todos mis queridos compañeros y compañeras de aquel curso 1969-1970, que para muchos va a sonar como si fuera la Edad Media.
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