A falta de una Ley Nacional de Cuidados Paliativos para transformar las necesidades de las personas con enfermedades incurables, avanzadas y en fase terminal de nuestro país en un derecho a ser aliviados de su sufrimiento hasta la llegada de su muerte, varias Comunidades Autónoma desde el año 2010 tomaron la iniciativa de aprobar leyes autonómicas en este sentido.
La última Comunidad Autónoma que ha aprobado una Ley de Garantías y Derechos de las personas con Necesidades Paliativas ha sido la Comunidad de la Rioja el 19 de junio. Podríamos decir que la aprobación de estas leyes demuestra la voluntad política de los parlamentos autonómicos que las aprueban para cuidar mejor a las personas. Seguramente para llegar a la aprobación de esta Ley los distintos grupos parlamentarios han tenido que “aparcar” sus diferencias para “construir” con sus coincidencias una Ley que ayude a los riojanos que necesiten cuidados paliativos. Es por ello por lo que deseo sumarme a su reconocimiento.
Comenzaré por decir que el título me parece muy adecuado porque garantiza los derechos de las personas que necesiten cuidados paliativos. Garantiza la atención integral, individualizada y continua de las personas. Además de tener en cuenta las necesidades físicas, también tiene en cuenta las necesidades psicológicas, sociales y espirituales. Tiene en cuenta a la familia como pilar fundamental en el proceso de cuidados paliativos. Me parece muy importante que esta Ley establezca como obligación la de formar al personal sanitario en cuidados paliativos y de dotar a los centros de los recursos necesarios para garantizar una atención de calidad.
El que la palabra “persona” aparezca 84 veces en esta Ley la caracteriza como una Ley humanizadora de la atención asistencial a quienes padecen enfermedades avanzadas, incurables y en fase terminal. Hace que la persona sea protagonista de su proceso, centro y sujeto activo de atención y no mero objeto pasivo de cuidados. Una Ley en la que se habla de sufrimiento, dignidad, autonomía y humanización que tanto tienen que ver con el final de la vida.
Considero que es una Ley comprometida porque no solo fija y desarrolla los derechos de las personas con enfermedades incurables avanzadas, sino que establece los deberes del personal asistencial, así como las obligaciones de las instituciones para que los citados derechos no sean un “papel mojado”, sino una realidad cuando las personas enfermas necesiten satisfacer sus necesidades paliativas.
Esta una ley muy oportuna. Los enfermos, sus familias y los profesionales que les atendemos estamos convencidos de que la atención al final de la vida es una necesidad, pero es necesario que esta necesidad se transforme en un derecho.
Recibir una atención de calidad al final de la vida no puede seguir siendo el privilegio de unos pocos, sino el derecho de todos los que la necesiten.


