Si hay un tema en el que existe un consenso político y ciudadano claro es el de la necesidad de introducir arbolado en la ciudad. El lema 3-30-300, que aspira a que desde cada vivienda podamos contemplar al menos 3 árboles, que estos cubran de sombra al menos el 30 por ciento del espacio público y que tengamos un parque a menos de 300 metros, goza de cierto reconocimiento social y es incluso defendido por el actual alcalde de Logroño.
Podemos reconocer también que la introducción de una línea de liquidámbares en parte de la mediana de Paseo del Prior es una medida acertada. Sin embargo, la errática trayectoria del equipo de Conrado Escobar continúa poniendo en evidencia la incoherencia entre sus declaraciones verbales y sus hechos.
Por poner un ejemplo, el argumento de «favorecer la movilidad peatonal» construyendo una rotonda es un paradigma del absurdo del discurso del Partido Popular de Logroño, pero en este caso vamos a centrarnos en actuaciones que tienen (o deberían tener que ver) con la naturalización y vegetación de calles y plazas.

Cabe destacar los casos de Beatos Mena y Navarrete (tramo Cigüeña-San José), calle en la que se ha intervenido y no se ha plantado un mísero árbol, o de la calle Lardero, en cuyo proyecto se eliminaban todos los árboles de la acera de los pares. En ambos casos, y gracias a la movilización ciudadana, se han obtenido promesas de reformas futuras o modificaciones de proyecto para habilitar o recuperar parte del arbolado talado.
También podemos citar los casos de la plaza Valcuerna, en la que a día de hoy todavía no se ha implementado una solución a la supresión del arbolado (ordenado por sentencia judicial), y que convierte esta plaza en un páramo inhabitable en estos días de ola de calor. O el caso de la modificación del proyecto de Duquesa de la Victoria del que ya hablamos en su día, consistente en reducir superficies permeables, sistemas de drenaje sostenible y vegetación para ampliar la superficie asfaltada.

El último capítulo de esta saga lo protagonizan un par de árboles maduros. Un tulipero que alcanza unos 10 metros de altura y un roble de unos 30 años que se ubican en el cruce de Vara de Rey con Pérez Galdós. Junto con unos cipreses ubicados en la isleta de la antigua estación, van a ser los próximos ejemplares talados para dar paso al asfalto de la rotonda de Conrado Escobar.
Existen muchas más razones para plantear una intervención diferente a una rotonda en este ámbito. Desde el Partido Socialista ya las presentamos en una propuesta alternativa que se puede consultar aquí, en la que contraponemos un modo de entender la ciudad que, entre otras cosas, conserve y cuide el arbolado existente.
Habida cuenta de la precipitación y el atropello con el que se pretende ejecutar esta rotonda, licitada por encima del millón de euros, cuyo proyecto no ha contado con exposición pública, que está generando más oposición que posturas favorables y que implica la eliminación de arbolado adulto, consideramos que sería necesario abrir un espacio de diálogo ciudadano sobre la transformación de este ámbito. Aunque sólo sea por estos árboles.


