Firmas

Tinta y tinto: los díscolos tienen ganas de juerga

La fiesta de la democracia está a la vuelta de la esquina y nadie se la quiere perder. Concha, Gonzalo, Pablo, Conrado, Javier, Elisa, Mónica, Amaya, Henar, Rubén, Celso, María, Alfonso, Eliseo, Carlos, Francisco, Diego, Nuria, José Manuel, Eunate, Esmeralda, Celia… ni siquiera los dirigentes de Ciudadanos aunque hayan sido los últimos en llegar y los primeros en salir. Cuatro meses para una cita con las urnas que se encuentra en estos momentos en «empate técnico» y con todas las posibilidades abiertas para decidir quién ostenta el Gobierno de La Rioja los próximos cuatro años. Las caprichosas matemáticas, a falta de encuestas fidedignas que se están realizando en estos momentos y que los partidos analizarán a primeros de febrero, señalan que la victoria final dependerá en gran parte de cuántos partidos entren en el Parlamento. Ahora mismo, las posibilidades oscilan entre tres y cinco. Al PP y al PSOE los damos por hecho, así que en cuántos superan la barrera del cinco por ciento está la partida para el Partido Riojano (La Rioja Ahora), Vox y lo que sea que presente la izquierda con Henar Moreno a la cabeza.

En esas cuentas estamos mientras los movimientos políticos se suceden a uno y otro lado del arco ideológico, prometiendo emociones fuertes para esos estadistas que pretenden saber de antemano cuántos diputados obtendrá cada partido. Por eso, esta semana hemos presenciado una nueva función en el Teatro Bretón con mismo protagonista y final todavía por conocerse. El bueno de Alberto ha presentado su dimisión como diputado del PP y se ha dado de baja del partido, escribiendo así un nuevo capítulo de su libro ‘Cómo echarse al monte en política para nada’. Consecuente hasta las últimas consecuencias con sus convicciones, ideas y aspiraciones como no han sido la mayoría de sus acompañantes de aventura, el exdirigente popular explora ahora nuevos caminos inescrutables que nos depararán sorpresas en próximos días.

De hecho, en el pequeño Logroño del poder se vaticinaba que la presentación pública se realizara el pasado viernes. No fue así porque las negociaciones continúan. ¿De qué hablamos? El «ciudadano medio» daba por hecho que Alberto Bretón acabaría en Vox por aquello de la afinidad ideológica y su falta de líderes en la región, pero los amigos de Mañueco ya tienen candidatos en Logroño y La Rioja. ¿Entonces? Ampliemos un poco la mirada a lo que está ocurriendo en otros partidos y pensemos en los damnificados por las decisiones que han tomado sus respectivas formaciones en los últimos meses. Si Bretón ha sido el principal perdedor del «no congreso» azul y la designación de Gonzalo Capellán como número uno en la lista del 28-M, en el Partido Riojano hay unos cuantos perdedores más tras el acuerdo de Rubén Antoñanzas con la España Vaciada para concurrir juntos a las elecciones. Entre ellos, destacan regionalistas de larga trayectoria como el exdiputado Rubén Gil Trincado y el concejal jarrero Leopoldo García.

Las conversaciones llevan fraguándose varias semanas y los implicados no niegan la mayor, aunque falten flecos por cerrarse para lanzar un proyecto conjunto. Los detalles son una incógnita y dan lugar a todo tipo de especulaciones de las que nos gustan. ¿Será Alberto Bretón el candidato al Parlamento? ¿Decidirá presentarse al Ayuntamiento de Logroño para disputarle el voto conservador a su amigo Conrado Escobar? ¿Qué papel jugará Gil Trincado? ¿En cuántos ayuntamientos presentarán candidatura? Muchas preguntas en el aire que se irán desvelando dentro de pocos días, ya que lo mejor del 28-M es que es el 28-M y, conforme pasan las hojas del calendario, menos tiempo nos va quedando para conocer todos los detalles de los comicios más reñidos de la historia de La Rioja. Voto a voto. Barrio a barrio. Pueblo a pueblo.

«Parece que hay mucha gente preocupada por lo que vaya a hacer. En estos momentos soy un ciudadano que no milito en ningún partido político», señaló Bretón el pasado jueves en una muy buena entrevista de María Mahave en La7, donde también dijo que no quiere formar parte de ningún partido que esté creado ni creará ningún partido político nuevo. «Puedo participar en proyectos que, de alguna manera, estén por y para La Rioja. En esos proyectos sí que estaré. Hay mucha gente que está descontenta con lo que ha pasado en el PP y con lo que está pasando en La Rioja, donde a veces los intereses de Madrid priman más que los intereses propios. Esas personas pueden defender proyectos que estén más centrados en La Rioja». Blanco y en botella, vino de Rioja.

Esta situación nos abre dos lecturas nuevas. Por un lado, la del «relato». Ahora todo tiene que tener «relato». Hay que imponer el «relato». Lo importante es el «relato». Y en este caso, se trataría de «relatar» que Alberto Bretón, Rubén Gil Trincado, Leopoldo García y compañía (llamémosles los ‘díscolos del PR’) quieren tanto a La Rioja que no pueden desaparecer de la escena política por las decisiones «autoritarias» de sus respectivas formaciones para imponer candidatos. A ver si ahora resulta que las luchas en los partidos van a centrarse en los egos y los cargos y no en los proyectos como ha ocurrido toda la vida de Dios. Entonces, a los pobres no les ha quedado otra alternativa para luchar contra el despotismo que juntarse para llorar las penas y concurrir juntos a las elecciones, donde es posible que consigan cerca de 3.000 votos (esta cifra es una estimación personal sin ninguna base científica) y una veintena de concejales. En el aire importantes plazas como Jalón, Ochánduri o Santurdejo, entre otras.

La segunda lectura nos lleva a las caprichosas matemáticas de las que hablábamos al principio. ¿Cómo afectaría este movimiento a la cita con las urnas? El efecto mariposa con el que tantas veces ejemplificamos las grandes consecuencias de las decisiones más pequeñas. Sería un proyecto muy personalizado en sus integrantes en el que sus más fieles seguidores buscarían el voto en sus respectivas localidades, rascando así unos cuantos centenares de papeletas que de otra forma habrían obtenido el Partido Riojano, el PP y Vox. Por tanto, en el PSOE dan palmas con las orejas ante esta situación, ya que contaría con una pequeña división del voto en la derecha, quizás suficiente para lograr que Vox o el Partido Riojano no entren en el Parlamento -recordemos que son necesarios unos 8.000 votos para acceder a la Cámara-. En el PP, sin embargo, se muestran tranquilos con la decisión de Bretón argumentando que son votantes que ya tenían prácticamente perdidos porque se iban a quedar en casa después del «no congreso» y su enfado con el aparato.

En resumen, un nuevo elemento distorsionador de las elecciones en La Rioja que hará la pelea aún más ajustada para gobernar. Incluso divertida para los que estamos de espectadores en primera línea.

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