Firmas

Tinta y tinto: ‘Las cornetas del Delicatto’

Cena de Navidad del PP de La Rioja celebrada en 2019

No hay pueblo de España que no tenga un lugar al que peregrinar. Sea este más místico o festivo, todos conocemos ese sitio por tradición. Desde siempre. Lourdes. El Rocío. Santiago de Compostela. El Monasterio de Valvanera. El Santiago Bernabéu. La barra de un bar. Necesitamos un espacio físico como referencia de identidad. Un edificio o paraje que nos equipare a todos los que allí estamos como miembros de un mismo grupo.

La identidad colectiva tranquiliza al individuo y le dota de razones para adoptar sus decisiones. Así todo es más fácil. Da igual que la reunión sea de vecinos para aprobar una derrama o se trate de una verbena en la que toca bailar ‘Paquito el chocolatero’. Difuminados en el grupo, casi escondidos entre la masa (sea esta más grande o más pequeña), somos más nosotros y, a la vez, menos nosotros. La contradicción de seguir la corriente.

En el PP de La Rioja hay varios lugares de peregrinaje. Para las tareas administrativas, la sede de la calle Duquesa de la Victoria. Para los mítines y las celebraciones electorales, a medio paso de la oficina para no perderse, el Círculo Logroñés. Lejos quedan los años en los que los políticos llenaban pabellones incluso en pequeñas ciudades de la piel de toro como Logroño. Por último, para los asuntillos más sociales como las cenas de Navidad y las reuniones masivas, el Delicatto.

Si las cornetas populares suenan a rebato junto a este restaurante, los afiliados y simpatizantes del PP se movilizan con disciplina militar. Al estilo de esos soldados que duermen plácidamente hasta que suenan las sirenas de la base y saltan de la cama en busca de su ropa, sus botas, su equipo y sus armas. «¿Qué pasa? ¿Qué pasa?». «¡Nos atacan!». Y una mirada hacia el cielo para intentar atisbar por dónde viene el peligro.

Bien lo sabe Carlos Cuevas Villoslada (Autol, 7 de febrero de 1969). Secretario general del PP y portavoz durante más de una década, hizo sonar el pasado lunes las cornetas junto al Delicatto para reunir a cuatrocientos afiliados del partido. «¿Qué pasa? ¿Qué pasa?». Según contaron ese día, un desastre por la falta de unidad y diálogo de cara al próximo congreso en el que se elegirá al próximo presidente de los populares riojanos.

Al día siguiente nos enteramos de que los dos precandidatos, Alfonso Domínguez y Alberto Bretón, llevan semanas reuniéndose en secreto por si acaso hay acuerdo, pero no debían saber esto aquellos que hacían sonar las cornetas: Carlos Cuevas, Javier Merino, Jesús Ángel Garrido, Ana Lourdes González, Catalina Bastida y Noemí Manzanos, como cargos relevantes de la formación, y con especial incidencia de los concejales catones.

La cita del Delicatto ha destapado la existencia de una «tercera vía» que lideraría Carlos Cuevas -así se lo pidieron varios de sus simpatizantes-. Se rumoreaba con ella en el pequeño Logroño del poder desde hace meses, pero hasta ahora no había asomado a la luz pública. Lo que antes fueron reuniones en bajeras riojabajeñas y casas cameranas, ahora ya son actos en la capital -un amago en el hotel Gran Vía y una confirmación esta semana-.

Y por delante, más de mes y medio para celebrar el congreso. Este debe convocarse con 30 días de antelación, pero no será por San Bernabé (11-12 de junio) ni por las elecciones andaluzas (19 de junio). Nos vamos, como pronto, a la última semana de junio si no llegamos hasta el mes de julio. Tocará votar en pantaloneta y chanclas, con lo mal que le queda esa ropa a quien ves habitualmente de traje y corbata.

A falta de un cónclave con una gran Concepción, las cornetas del Delicatto han roto el silencio y la tranquilidad que hasta ahora reinaban alrededor de Duquesa de la Victoria. Sin candidatura única, Carlos Cuevas quiere erigirse como la «unidad» y que esto obligue a Bretón y Domínguez a retirarse de la carrera. ¿Por qué? Por la unidad. ¿Qué unidad? La unidad. En esta cita, por suerte y por desgracia, «la unidad soy yo». Ahora sólo falta saber quién dice esa frase dentro de unas semanas y lleva razón.

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