Cultura y Sociedad

Martina Moliner, la virtuosa violinista riojana que triunfa en Europa

A los dos años se puso por primera vez un violín sobre el hombro y ahora, con once, ha vivido gracias a la música muchas más experiencias que cualquier otro niño de su edad. La calagurritana Martina Moliner ha conseguido estos días el primer premio y medalla de oro en el Grand Prize Virtuoso de Viena, así como el tercer premio de la Grumiaux Competition de Bruselas, que le ha permitido viajar y demostrar que el trabajo constante tiene su recompensa.

Cuando nacieron Martina y Claudia, su hermana melliza, sus padres lo tuvieron claro: la música tenía que ser una parte importante de su educación. «Quisimos introducirles la música desde muy pronto, sin ningún tipo de pretensión más allá de que adquiriesen valores como la disciplina, el respeto por sus maestros, el trabajo…», explica su padre Carlos. El método Suzuki fue la vía para irlo haciendo poco a poco. «Con dos años es todo un logro que un niño esté atento cinco minutos una clase», comenta su padre, también músico. Así, con esa naturalidad, el violín comenzó a ser parte de la vida de Martina.

Cuanto más tocaba, mejor lo hacía. Y cuanto mejor lo hacía, más horas dedicaba al instrumento, porque más disfrutaba con él. Es el fundamento del método japonés: «Tiene una barrera que, si la pasas, el salto de calidad es grande y el aprendizaje va mucho más rápido».

«La idea no es que ni Martina ni sus dos hermanas sean profesionales de la música, pero sí darles una oportunidad más dentro de sus elecciones. Si luego quieren ser otra cosa, tendrán los valores que aporta la música y siempre podrán ser músicas aficionadas», detalla Carlos.

El camino no está siendo fácil, pero lo transitan ilusionados: «Uno de los problemas con los que nos encontramos en Calahorra es que hay grandes profesores, pero dan clases a personas más mayores». Por eso, cada sábado su despertador suena a las cinco de la mañana para dar clases en Madrid. «Los mejores violinistas de España de menos de 40 años pasaron de pequeños por la manos de esta profesora», cuenta. Además resulta complicado compaginar las clases de violín en determinadas ciudades de España con la actividad en su cole de Calahorra. «En disciplinas como el deporte hay escuelas de Alto Rendimiento para jóvenes, pero con la música eso no existe», lamenta el padre de la menor. Aun así, sus progenitores no cejan en el intento de no cortar las alas musicales de Martina.

Nervios y disfrute

Con una pizca de virtuosidad y un buen puñado de esfuerzo, Martina ha podido vivir uno de sus sueños: tocar en una de las ciudades más importantes de Europa en lo que se refiere a la música. «En la semifinal de Bruselas me puse un poco nerviosa porque había mucha gente que tocaba muy bien pero en cuanto pasé a la final ya empecé a disfrutar más», explica la joven violinisa. En Viena, sin embargo, todo fue a las mil maravillas. «A Bruselas fui con mi padre y nos dio tiempo además para conocer la ciudad y a Viena con mi madre y también pudimos ver muchas cosas; me gustó mucho más Viena», relata.

Con 11 años,  dedica alrededor de tres horas diarias a practicar con su violín, pero tiene muchas más aficiones: «Me gusta mucho leer y dibujar y pintar». Sus violinistas preferidas son Hilary Hahn y Cloe Chua y entre sus secretos está que «las piezas rápidas son las que más me gustan». Habrá que apuntar el nombre de esta pequeña calagurritana porque todo apunta a que va a dejarse oír.

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