La Rioja

José Luis Rabadán: «Dejo a un gran equipo humano como legado»

Después de 23 años de trabajo en ARAD (Asociación Riojana de Atención a personas con problemas de Drogas, quince como presidente, José Luis Rabadán se despide. De este cierre de etapa destaca la unión y el trabajo del equipo humano de la Asociación y su compromiso por poner en el centro a la persona y no a la sustancia a la que ha generado adicción.

«Decía Ortega y Gasset que yo soy yo y mis circunstancias», reflexiona. «Si no arreglo mis circunstancias, no me puedo arreglar yo, y con las personas adictas decimos lo mismo: un adicto es un adicto y sus circunstancias, mientras no arreglemos eso, no podrá abandonar su adicción». Así, el médico pasa el relevo a la psicóloga Carmen Castroviejo, miembro de ARAD desde hace cinco años.

– Después de 23 años en ARAD, ¿le costó tomar la decisión de dejar su puesto?

– La verdad que sí. Este martes ha sido un día agridulce, un día que lo he sentido mucho, pero ya debía de tomar una decisión por todos los años que llevo, ya tengo una edad. Me llevo un sabor amargo, pero también dulce al haber sido una transición pensada, yo tenía claro que la presidencia tenía que cederse a una persona de dentro de ARAD y mi compañera Carmen Castroviejo ha dado el paso.

– Este martes ha tenido lugar el acto de despedida, ¿cómo se ha sentido en este cierre de etapa?

Hemos demostrado que ARAD es un equipo humano porque mis compañeras, tanto las que están trabajando actualmente como las que lo estuvieron anteriormente, me han pedido estar conmigo y acompañarme en la rueda de prensa. Es algo que me satisface mucho y me llena de confianza en lo que va a pasar.

– Y ahora, ¿qué etapa se abre para usted?

– Yo he vivido siempre de otra cosa, desde 1991 tengo una consulta abierta en la que trato el tema de las adicciones y en eso voy a seguir centrado. También voy a seguir con operatividad a nivel nacional, como representante de ARAD soy miembro de la junta directiva de UNAD, la mayor red de atención a las adicciones europea.

Además, mis compañeras han tenido el detalle de, por sorpresa, nombrarme socio de honor para que pueda seguir manteniendo esa representación en la junta.

Es mucho trabajo, pero menos responsabilidad, llevo 33 años trabajando el tema de las adicciones, es algo que realmente me gusta, ha sido mi vida y va a seguir siendo hasta que me jubile.

– Deja el relevo a Carmen Castroviejo, ¿qué le puede recomendar desde la experiencia?

Los consejos me los ha ido escuchando a lo largo de estos cinco años porque en ARAD somos una familia, un equipo humano en el que yo por presidente no decidía nada, todas las decisiones se tomaban de manera consensuada. Que sea presidenta lo han elegido sus compañeras, yo no he querido participar, con la condición de que estuviera siempre dispuesto a darle un consejo o acompañarle, ya le he dicho que eso lo tiene por descontado. En mi ADN está ARAD y voy a seguir para lo que me necesiten. De momento, voy a seguir como médico hasta que encontremos otro.

– Y entrando en materia, a lo largo de estos 23 años, ¿cómo ha cambiado el hábito de consumo de drogas? 

– Ha cambiado radicalmente. En la despedida he querido agradecer el empuje y valentía de los fundadores de la Asociación en 1982, en plena crisis de la heroína, sin tratamientos farmacológicos. Era algo muy visible porque nuestros jóvenes morían por sobredosis en las plazas y calles, fue una época que, ante la inacción de las administraciones, fueron los padres y madres de quienes tuvieron el problema los que fundaron la organización con valentía, con una mano delante y otra detrás y crearon las comunidades terapéuticas.

Han sido años durísimos, cuando celebramos el treinta aniversario leí todas las actas hasta la fecha y hubo años en los que se contaban 34 personas usuarias de ARAD fallecidas por sobredosis anualmente. Posteriormente, las causas de la muerte eran las enfermedades infecto contagiosas que supusieron las vías de administración.

Una vez superada esa etapa nos hemos abierto a todo tipo de drogas: procuramos muchos tratamientos para la adicción al alcohol, a estimulantes como el speed, al cannabis, a la marihuana… Una virtud de ARAD es que creo que somos una puerta abierta a la calle, cualquier cambio en el consumo lo detectamos rápidamente, por ejemplo hace siete años, cuando apenas se hablaba de ello, pusimos en marcha un programa de adicciones sin sustancia, como es la del juego.

– En relación con esta faceta pionera, ¿en qué aspecto se ha innovado actualmente en ARAD?

– Hemos adoptado perspectiva de género de manera transversal en todos nuestros programas. Nos hemos dado cuenta de la existencia de violencia de género en relación al consumo de drogas en una doble dirección: por un lado, en la mujer de un hombre consumidor que sufre malos tratos y, por otro, la mujer que es consumidora y que sufre un doble estigma por ser mujer y no cumplir con el rol de buena madre que se le asigna y que recibe violencia por parte de su entorno cercano, entorno que incluso le impide recibir tratamiento.

Hacía falta organizar grupos específicos de mujeres ya que la mayor parte de los usuarios son hombres, el 80 %, lo que hace que los centros estén masculinizados incluso en su estructura. Estamos seguros que ese 20 % es escaso, hay a muchas mujeres que se les impide venir, el número tendría que ser muchísimo mayor. Se acabará consiguiendo.

– Ahora, ¿dónde hay que poner el foco? ¿Dónde reside un problema reseñable en el consumo de drogas que, quizá,puede pasar desapercibido o esta normalizado?

– Creo que el consumo de drogas se ha interiorizado mucho en la sociedad y eso tiene sus partes buenas y malas. El CIS en 1985 cuando preguntaba cuáles eran tus principales problemas en segundo o tercer lugar se encontraba el consumo de drogas. Ha ido pasando el tiempo y se ha ido normalizando, ya el consumo no es tan visible como durante el boom de la heroína de los 80 y en las últimas encuestas del CIS la droga bajaba al número 23 o 24. Ya la sociedad parece que lo ha superado, lo que está bien, pero a la vez parece que nos hemos olvidado del problema, que sigue estando ahí.

Estamos ante la generación más informada de España sobre el drogas, pero la que más consume y es un problema importante.

– ¿Son cada vez menores las personas que se inician en el consumo de drogas?

– Sí. La accesibilidad es muy sencilla. En una encuesta del Plan General sobre Drogas hay un 80 % de jóvenes de entre 14 y 18 años que responden que es muy fácil hacerse con cannabis.

Un 30 o 40 % se inician, incluso, a los 14 años.  Ahí el daño es mucho mayor, la plasticidad del cerebro es muy grande. Por ello uno de los objetivos es retrasar la edad del inicio, que desde el 94 se mantiene estable.

– El coronavirus y su confinamiento ¿cómo ha afectado a las personas con adicciones ya diagnosticadas y tratadas en ARAD? 

– Mantuvimos el contacto por internet, incluso en la puerta de la Asociación colocamos un cartel con un número de teléfono.  Hemos atendido a muchísimas personas durante el confinamiento, muchísimas familias que se han dado cuenta que la cosa se estaba desmadrando. Mis compañeros han trabajado a todas horas de lunes a domingo.

El problema mayor ha surgido con no poner cara a los usuarios nuevos. Tanto ellos como nosotros estábamos deseando volver a la normalidad y la mayoría han mejorado.

Cabe destacar que ha habido un importante aumento de demanda de ayuda por problemas con el alcohol. Pero por lo menos esta situación ha servido para abrir los ojos ante un problema del que no eran conscientes.

Asimismo, ha habido usuarios que han ido a prisión porque les han pillado cuatro o cinco veces saltándose el confinamiento para ir a comprar la sustancia a la que son adictos. Ha habido otros que han utilizado esa etapa como una oportunidad para afianzar su decisión de no consumir.

– Y con las personas que, además de la adicción, ¿sufrían de algún tipo de trastorno mental?

– Optamos por mandar certificados para que pudieran salir de casa entre 10 y 11 de la mañana y 6 y 7 de la tarde. Si todos nos hemos agobiado en casa, es imposible que una persona con un trastorno muchísimo más.

Creo que el balance ante esta situación desconocida ha sido muy bueno. Hemos dado el callo. Las terapeutas tenían los teléfonos pinchados a sus números personales, eso hace una idea de su calidad como personas. La mayor espinita que me dejo es la de no haber podido pagarles todo lo que se merecen.

– ¿Cuál cree que es el legado que ha dejado en ARAD? ¿Qué es aquello que más le gustaba y echará de menos de su trabajo?

– Creo sinceramente que el legado que dejo es la gente que hay, el grupo humano que hemos conseguido: flexible, innovador y, sobre todo, con el enfoque biopsicosocial interiorizado: nos centramos en la persona, no en la sustancia, no juzgamos y damos al usuario las herramientas para que el mismo solucione sus problemas.

Con el fin de crear empatía, en su adiós Rabadán invita a una importante reflexión: «¿Qué hubiera sido de nosotros si en algún mal momento de nuestra vida se nos hubieran cruzado las drogas? Seguramente las hubiéramos cogido como solución equivocada», explica. «Esto me lo han enseñado mis pacientes y no una especialidad en la Complutense».

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