Crisis del Coronavirus

La cocina riojana y tradicional de restaurante también va a casa

El cese inmediato de la actividad provocado por la pandemia del coronavirus hizo que el sector de la hostelería cerrara sus puertas a cal y canto. El colectivo quedaba atado de pies y manos. Pocas posibilidades de acción. Muchos de estos establecimientos decidieron no caer en el pánico y han seguido trabajando a puerta cerrada, ofreciendo un servicio a domicilio.

Antes del «apocalipsis», los negocios de comida rápida -pizzas, hamburguesas y bocadillos- eran los protagonistas natos del reparto a domicilio. Ahora, muchos otros bares y restaurantes han decidido adaptarse a las circunstancias y se han sumado a esta iniciativa. Es el caso de la Cocina de Ramón, cuyo chef, Ramón Piñeiro, se ha confinado en su establecimiento para llevar a las casas la cocina riojana más tradicional. La cocina que nunca está de más.

«Normalmente la comida a domicilio más demandada se basa en pizzas, hamburguesas, comida china o kebabs, pero mi cocina no es de ese tipo y no quería ir por esos derroteros. Me planteé ir cada día al mercado y comprar productos frescos y de temporada para elaborar los platos que ofrezco siempre en mi carta», cuenta Ramón.

Pochas con trufas, menestras de verduras, alcachofas en salsa verde, albóndigas, callos guisados, paletilla de cordero, rabo de toro o rodaballo son algunos de los manjares que Piñeiro cocina cada día para que «lo tradicional siga en nuestra mesa». Todo aderezado con un buen postre casero por 25 euros el menú.

Foto: Croma Fotógrafos

Y es que iniciativas como esta hacen no solo que la gente pueda seguir disfrutando de esas comidas que solo probaban fuera de casa una vez a la semana con sus amigos convirtiéndose en una bendita rutina sino también que los bares y restaurantes puedan respirar en este difícil escenario. «O nos buscamos la vida o lo tenemos crudo», indica Carlos Olabuenaga, propietario, junto a su mujer, de la cafetería Tizona.

La idea del reparto a domicilio le rondaba a Carlos desde el principio de la pandemia, pero el miedo al desconocimiento y al contagio hizo que no pusiera en marcha la idea hasta hace unos días. “Comenzamos con el servicio este viernes pasado y el nivel de pedidos es increíble. Se nota que la gente está deseosa de volver a la normalidad y estas pequeñas cosas la acercan un poco más”.

Él mismo lleva los pedidos hasta los domicilios. «Con mi propio coche suelo hacer tres pedidos cada media hora y me aseguro de que todo llegue en las mejores condiciones. Tenemos una caja donde portamos los alimentos que conserva el calor y el frío de manera espectacular. Y una vez repartido, hablo con los clientes para asegurarme que todo está correcto».

Aquí vuelan las raciones. ¿Quién iba a pensar que los caracoles, patitas, carrilleras con patatas caseras, los pimientos picantes tradicionales del Tizona o las croquetas podían comerse en el salón de su casa? «La gente está encantada. Y no solo la clientela habitual. Hay muchas personas que no nos conocían y ahora disfrutan con nuestra comida. Eso es un auténtico orgullo”.

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