La Rioja

Las cloacas de Calahorra, al detalle

Se espera que esta vez sea ya la definitiva. Y es que las cloacas romanas de la calle San Andrés, una de esas joyas que Calahorra guarda bajo tierra y que durante demasiados años han permanecido más cerca del deseo que de la realidad, vuelven a ponerse en marcha. Después de que las obras se iniciasen por primera vez hace cuatro años y de un cúmulo de contratiempos que obligaron a modificar varias veces el proyecto original, los trabajos de urbanización y puesta en valor del solar arrancan de nuevo. Este martes se ha firmado el acta de replanteo con la presencia de la delegada del Gobierno en La Rioja, Beatriz Arraiz, que ha subrayado que, pese a los distintos “devenires” sufridos por la actuación, el compromiso del Gobierno de España con la recuperación de estos restos sigue vigente.

La intervención, promovida por el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, cuenta con una inversión de más de dos millones de euros y un plazo previsto de ejecución de doce meses. La obra será realizada por la UTE formada por CYR Proyectos y Obras S. L. e ISC Urami, aunque nadie esconde que no se trata de un trabajo sencillo. La actuación necesita un seguimiento arqueológico constante, precedido por un plan específico que elaborará la empresa riojana Labrys, conocedora de la zona y autora ya de varios informes sobre estas instalaciones subterráneas.

El proyecto contempla la consolidación, protección y puesta en valor del tramo de cloaca romana descubierto en la calle San Andrés, además de la creación de una nueva plaza con acceso a los restos. La idea no es sólo conservar lo que hay bajo tierra, sino convertirlo en un espacio visitable y comprensible. Según ha explicado Ernesto Reiner, de RST Arquitectura, en la plaza se levantarán tres edificios: uno administrativo y de control de entrada, otro destinado a explicar el valor del monumento y un tercero que funcionará como pequeña cafetería. Todo ello quedará unido por una gran pérgola perimetral de hormigón que rodeará el espacio y lo convertirá, en palabras de Reiner, en una especie de escenario urbano.

La actuación busca también dar una nueva vida a una zona deteriorada del casco antiguo de Calahorra, con pocos servicios y mucho margen de mejora. La plaza no será únicamente la antesala de una visita arqueológica, sino un espacio público pensado para ordenar el entorno, atraer movimiento y ofrecer un nuevo uso ciudadano. En ese sentido, la cafetería y el aula expositiva no son elementos accesorios, sino piezas pensadas para que las cloacas no vuelvan a quedar aisladas, escondidas o convertidas en un lugar al que se va una vez y se olvida después.

La visita a los restos será, además, accesible. El proyecto incluye un pequeño ascensor para que nadie se quede sin conocer una de las joyas del subsuelo calagurritano. No es un detalle menor, porque las cloacas llevan demasiado tiempo fuera del alcance cotidiano de los vecinos. La última vez que estuvieron abiertas al público fue hace casi 25 años y fueron miles las personas que se acercaron a conocerlas. Aquella apertura fue posible gracias al impulso de Amigos de la Historia y de Moisés Arnáiz, propietario de la bodega en la que se encuentran los restos.

Sin embargo, aquella primera etapa terminó de forma abrupta. La incoación por parte del Ayuntamiento del expediente para declarar el espacio Bien de Interés Cultural hizo que la apertura de las cloacas supusiera para el propietario unas obligaciones difíciles de asumir. Desde entonces, el lugar ha vivido entre el recuerdo de quienes pudieron visitarlo, los intentos de recuperación y una larga espera administrativa y técnica que ahora, por fin, parece entrar en una fase decisiva.

Hace cinco años, Amigos de la Historia volvió a empujar el proyecto con un ‘crowdfunding’ para retomar las excavaciones. Aquella iniciativa permitió sacar a la luz diez metros más de trazado y una nueva cloaca que se unía a la ya conocida. Los trabajos se detuvieron porque estaba previsto el inicio de una obra de mayor alcance, pero ese arranque se ha hecho esperar cuatro años. Ahora, con el acta de replanteo firmada y los trabajos retomados, la esperanza es que el calendario vuelva a correr de verdad.

La complejidad técnica será una de las claves. La maquinaria de gran tamaño no puede acceder fácilmente a una zona de calles estrechas y, además, los operarios trabajarán muy cerca de edificios que se encuentran en estado delicado o semirruinoso. Por eso, la intervención tendrá que hacerse con una precisión casi quirúrgica. La bodega bajo la que se encuentran las cloacas estará monitorizada en todo momento para anticiparse a cualquier movimiento o contratiempo que pueda dañar los restos o comprometer la seguridad del entorno.

Las cloacas romanas de Calahorra son mucho más que una infraestructura antigua. Son una prueba visible, aunque bajo tierra, de la importancia que tuvo Calagurris en época romana y de la sofisticación urbana de aquella ciudad. Su recuperación permitirá explicar mejor la historia local, sumar un nuevo recurso patrimonial y abrir al público un espacio que durante años ha alimentado la curiosidad de los calagurritanos. Si esta vez nada se vuelve a torcer, dentro de un año la calle San Andrés no sólo habrá cambiado de cara: también habrá recuperado una parte esencial de lo que Calahorra fue bajo sus propios pies.

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