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El Najerilla alivia las Vueltas por San Juan

Las imágenes cuentan casi todo lo que significa una mañana de San Juan en Nájera: cuadrillas extendidas en la ribera, jóvenes con los pies en el Najerilla, corros que avanzan sin prisa y una ciudad entera entregada a ese ritual que cada año marca el inicio más popular de la fiesta. Antes de que el calor apretara del todo, los almuerzos ya habían tomado el entorno del río, con mesas improvisadas, neveras, tortillas, bocadillos y ese ambiente de día grande que no necesita demasiadas instrucciones.

Después llegó el momento de Las Vueltas. Desde el quiosco del Paseo de San Julián, el corro fue ganando tamaño y movimiento antes de cruzar el puente de San Juan de Ortega, seguir por la calle Mayor y acabar en la Plaza de España. La banda sonora, como manda la tradición, volvió a sonar en bucle con ‘¡Ay, Manolé!’ y ‘¡Ay, Viritato!’, dos canciones que en Nájera no se cantan una vez: se repiten, se bailan y se convierten en una especie de pulso común.

El calor, eso sí, también quiso su protagonismo. Por eso el Najerilla funcionó como refugio natural durante buena parte de la mañana. Mientras unos seguían la ronda por bares, peñas y calles, otros buscaban alivio en el agua, refrescándose para poder seguir el ritmo.

Las Vueltas tienen ese punto difícil de explicar a quien no las ha vivido. Son tradición, juego, repetición, cansancio y pertenencia. Una costumbre que mezcla a niños, jóvenes, mayores y visitantes en torno a una manera muy najerina de celebrar San Juan. Y este año, con el calor pegado al cuerpo desde primera hora, el Najerilla no ha sido solo paisaje: ha sido sombra respiro y salvavidas festivo.

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