Deportes

Diez mil

Foto: Fernando Díaz (Riojapress)

Hay una cifra que en Logroño hemos normalizado sin darnos cuenta, y en esa normalización está la trampa. Diez mil. Diez mil personas en Las Gaunas un domingo cualquiera de mayo en Segunda RFEF, la cuarta categoría del fútbol español, con la UD Logroñés peleando por volver a un sitio que no es ni siquiera el sitio. Diez mil. Lo decimos como si tal cosa, como si fuera el aforo natural de un equipo modesto de provincias, como si no llevara dentro una afirmación bastante seria sobre quiénes somos.

Porque diez mil personas no las mueve nada más en La Rioja. Ni un concierto, ni una feria, ni una romería, ni una inauguración. Ninguna otra cosa que se haga en esta comunidad mete a diez mil personas en el mismo sitio a la misma hora con la misma intención. Sólo el fútbol. Sólo este club. Y aun así seguimos hablando de él en voz baja, como pidiendo perdón por la pasión, como si tuviéramos que justificar que un domingo nos dé por ponernos una camiseta blanca y roja en lugar de hacer cosas presuntamente más serias.

Este domingo, en Las Gaunas, contra el San Sebastián de los Reyes, vamos a ser bastantes más de diez mil. La web del club vendió miles de entradas en horas, la semifinal contra el Getafe B juntó cerca de siete mil, y el ambiente apunta al lleno blanquirrojo de los que se cuentan luego. Hasta aquí, la afición. Que en esta ciudad, cuando hay que responder, responde sola y a tiempo. No necesita que nadie le explique el partido ni le venda la épica: lleva unos cuantos años en esto, sabe cuándo toca llenar y llena. El mérito es enteramente suyo y de nadie más.

Lo que toca preguntarse, una vez asumido eso, es qué clase de ciudad queremos ser. Porque una ciudad que normaliza diez mil tendría que estar haciéndose otras preguntas distintas de las que se hace. Tendría que estar discutiendo si Primera RFEF no es, por tamaño y por afición y por capital de provincia, el sitio mínimo desde el que empezar a hablar. Tendría que estar planteándose, sin sonrojo, si Segunda División no es el destino razonable de un proyecto serio. Tendría que estar pidiendo a quien corresponda que se ponga a la altura de esos diez mil, no al revés.

Lo de «es sólo fútbol» se cuela siempre por algún sitio. Lo dicen los que lo viven sin vivirlo, los que tienen el tema en agenda como un trámite, los que hablan del club como si fuera una rotonda más a la que hay que pintar las líneas. Pero el fútbol, este fútbol, el de barro y butaca repetida y bocadillo de tortilla en el descanso, es la cosa más cercana a una identidad colectiva en funcionamiento que le queda a una ciudad mediana española en 2026. Y eso no se desprecia sino que se cuida.

Cuidarlo significa varias cosas. Significa, hacia adentro, que el proyecto deportivo se tome en serio la responsabilidad de los diez mil: que no se conforme con ir tirando, que aspire a la categoría que le corresponde, que entienda que aquí hay base para mucho más que para sobrevivir. Y significa, hacia afuera, que la ciudad acompañe. Que se note en la calle que el domingo se juega algo. Que la administración de turno —sea del color que sea— entienda que un club que mueve a más de diez mil personas no es un cliente más del polideportivo: es una de las pocas cosas que esta ciudad tiene capaces de definirla hacia fuera. Y que actúe en consecuencia, no con discursos de gala los días de celebración, sino con presencia antes, durante y después.

El domingo voy a ir a Las Gaunas, como tanta gente. Y voy a mirar alrededor, como hago siempre, intentando contar cuántos somos y de dónde venimos y por qué seguimos viniendo después de tantos años de tantas cosas. Diez mil, doce mil, los que seamos. Cada uno con su historia, cada uno con sus motivos, cada uno con su camiseta pegada a la piel. Y voy a pensar, otra vez, que esto no es poco. Que en una región pequeña, en una ciudad mediana, en una categoría que no es la nuestra, juntar a esta gente alrededor de la misma cosa es casi un milagro civil.

Y que por eso mismo, por respeto al milagro, deberíamos empezar a tomárnoslo todos un poco más en serio. Empezando por nosotros mismos.

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