La Rioja

Analizar lo que pasa: una evolución demográfica dispar

FOTO: Rafa Lafuente

La demografía en La Rioja ha variado en estas dos últimas décadas de manera dispar en función de los municipios, dejando un desequilibrio territorial en auge. El éxodo rural nunca ha dejado de existir. La marcha a las ciudades y localidades de la periferia viene experimentándose desde el siglo pasado en busca de más oportunidades laborales, principalmente. Una huida a la urbe que ha copado de empadronados estas zonas en detrimento de las áreas rurales con menos servicios. El caso de La Rioja a vista de pájaro ejemplifica las dos realidades opuestas entre la mitad sur y la mitad norte de la comunidad, entre la sierra y el valle, entre una población envejecida que aumenta y una población joven que busca oportunidades. Pero no solo de empleo, sino también de vivienda y de servicios básicos.

Existe una clara zona ganadora de habitantes en los municipios del eje del Ebro, con Logroño a la cabeza (151.681 habitantes en 2025, 6.746 más que en 2005), y el área metropolitana, si bien hay casos puntuales más allá de estos espacios más poblados que resisten y, contra toda tendencia, mejoran sus estadísticas con el paso del tiempo. La capital riojana, sin embargo, no es la localidad que más ha crecido en proporción y es que el aumento de vecinos ha sido más suave e incluso con picos de caídas a lo largo de este recorrido, ya que en 2012 alcanzó el pico de los 153.402 censados.

Villamediana es la localidad que, dentro de este área metropolitana, más ha disparado su población en las últimas dos décadas, creciendo en un 132,12 por ciento. En 2005 este municipio tenía 3.982 vecinos, frente a los 9.243 de 2025. Un crecimiento progresivo que también se refleja en el término municipal de Lardero que prácticamente ha duplicado su población en este periodo de tiempo: en 2005 eran 6.286 censados y ahora ya son 12.100.

Más alla de los municipios del área metropolitana de la capital riojana, los más próximos a estos también se han beneficiado del aumento poblacional. Uno de los mayores incrementos se ha experimentado en Albelda de Iregua: 1.251 vecinos más en cuestión de veinte años, alcanzando actualmente los 3.953. Entrena también ha sumado personas a su censo, pasando de las 1.240 en 2005 a las 1.657 en 2025, así como Murillo de Río Leza, que de los 1.236 vecinos de 2005 ya está en los 1.675, o Navarrete, que ha ganado 453 personas en estas dos décadas (a fecha de 2025 tiene 3.066 censados).

De las cabeceras de comarca, Cervera del Río Alhama es la única que ha perdido posiciones en este periodo de tiempo. En 2005 contaba con cerca de 1.800 vecinos (1.794, exactamente) y veinte años después tiene 1.329. Al otro lado de la balanza están Calahorra, que suma 2.121 vecinos en estas dos décadas (actualmente está en los 25.292); Haro, con 1.506 personas más (12.153 a fecha de 2025); Arnedo, con 984 más (ya son 15.076 censados); Alfaro, con 424 residentes más en este periodo (hasta llegar a los 9.969 en 20259; Nájera, que ha pasado de los 7.776 censados en 2005 a los 8.313 en 2025, y Santo Domingo de la Calzada, que en 2005 contaba con 6.245 residentes y los últimos datos de 2025 apuntan a 6.428.

Más allá de estas cabeceras de comarca, existen casos curiosos en los que la población ha sufrido mayores cambios en este periodo de tiempo. El más notorio es el de Sojuela, que ha pasado de los 106 censados en 2005 a los 697 a fecha de 2025, si bien el mayor incremento se ha producido en el último lustro, multiplicando por dos el número de personas empadronadas (en 2020 había 347 censados).

Así mismo, el sector industrial también es una palanca importante para sostener la población e incluso aumentarla. Ocurre en casos como el de Agoncillo, que en cuestión de cinco años ha ganado 367 empadronados de manera progresiva, mientras que en los quince años anteriores mantuvo su censo poblacional prácticamente estable (en 2005 eran 1.007; en 2020, 1.096 y el año pasado, 1.463). En estos 20 años Arrúbal también ha crecido (de los 475 a los 587 censados).

Por otro lado, aquellos municipios vinculados a una actividad agraria como fuente de ingresos principal no se han visto tan beneficiadas de este reparto demográfico. Pradejón en el año 2010 llegó a tener 4.011 vecinos (en 2005 eran 3.628), pero el declive de este cultivo también se ha reflejado en la pérdida de población: actualmente la localidad tiene 3.715 residentes. San Vicente de la Sonsierra, municipio eminentemente vitícola, ha pasado de los 1.183 censados en 2005 a los 1.054 en 2025, mientras que San Asensio ha perdido 218 vecinos en los últimos veinte años (actualmente hay 1.098 personas censadas).

El eje del Ebro en La Rioja Baja, sin embargo, refleja incrementos demográficos en este periodo de tiempo. Basta con echar un vistazo a las cifras de Rincón de Soto, que en 2005 contaba con 3.591 personas empadronadas y ya son 4.035. Autol, igualmente, ha pasado de las 4.031 personas hace veinte años a rozar los 5.000 vecinos (4.925 censados a fecha de 2025).

La pandemia, un punto de inflexión en el medio rural

Si bien las zonas rurales eran consideradas por gran parte de la población un lugar de asueto de fin de semana o periodos vacaciones, la pandemia del COVID-19 en 2020 supuso un cambio de tendencia en muchos municipios. El interés por espacios abiertos, menor afluencia de personas y mayor calidad de vida fue el aliciente para ese regreso a los pueblos y, en muchos casos, con el objetivo de cambiar de residencia de forma definitiva. Un fenómeno que se tradujo en un cierto freno en la despoblación de algunos municipios y que a día de hoy persiste, como es el caso de Nalda. Alcanzó los 1.118 vecinos en 2008 y a partir de entonces la cifra de censados comenzó a caer hasta los 952. Sin embargo, a cierre de 2020 el municipio contaba con 1.057 vecinos y en estos últimos cinco años ha alcanzado los 1.315. Caso similar ocurrió con Rodezno, que llegó a tener 329 vecinos en 2008, pero seguido comenzó una pérdida progresiva hasta las 202 personas en 2023, para, seguido, comenzar a remontar posiciones y alcanzar los 235 a fecha de 2025. Un escenario que se replicó de manera inversa en la capital riojana. Logroño en 2020 contaba con 152.485 censados frente a los 151.681 de 2025.

Los Cameros, en constante retroceso

Las dos sierras que abarcan los valles del Iregua y del Leza, correspondientes al Camero Nuevo y Camero Viejo, respectivamente, concentran las mayores caídas en población de la región. Soto en Cameros ha perdido casi un centenar de vecinos en estas dos décadas, situándose actualmente en los 81 vecinos, mientras que Ortigosa de Cameros ha caído en casi 90 censados en este periodo (a fecha de 2025 contaba con 215 empadronados). Misma tendencia a la baja la registrada, por ejemplo, en Torrecilla en Cameros (de 557 en 2005 a los 471 el año pasado), San Román de Cameros (de 171 en 2005 a los 129 en 2025) y Villanueva de Cameros, entre otros municipios, que en este caso ha pasado de las 106 personas censadas a las 68 en cuestión de veinte años.

Por contra, sí que ha habido dos localidades que han incrementado su población en este periodo: Almarza de Cameros, que pasado de los 29 censados de hace veinte años a los 41 de 2025, y Lumbreras de Cameros, que ha sumado diez habitantes más en la misma franja de tiempo, situándose en los 144 censados.

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