Recorrer las callejas del casco urbano, atravesar la Plaza de España o cruzar el río Yalde que rodea la localidad de Uruñuela por alguno de sus puentes ha sido, y es, parte del día a día de Cristina Fernández. Cuando esta cigüeñera, gentilicio que reciben los vecinos de este municipio ubicado a pocos kilómetros de Nájera, compró su primera vivienda tenía unos escasos 24 años. Lo hizo en su pueblo, donde siempre había soñado, allí donde se había criado desde niña. Lo hizo, además, en una construcción también soñada: una casa con jardín. Y por si fuera poco, todo ello pudo hacerlo en compañía de su pareja, David Sánchez, mañico de nacimiento y riojano de adopción.
Fernández fue la primera de su cuadrilla en convertirse en propietaria de una vivienda, para sorpresa de los amigos y también suya, pero las circunstancias y la suerte aceleraron todos los procesos. “Estuve algo más de un año viviendo de alquiler en un piso con mi pareja y es que el momento de independizarnos llegó pronto porque él venía de fuera. Eso sí, desde el principio teníamos en mente comprar una casa porque al final el alquiler, en nuestra opinión, es tirar el dinero. Además, queríamos que la vivienda estuviera aquí, en Uruñuela, así que ni siquiera buscamos en otros pueblos de alrededor pese a que probablemente la oferta fuera mayor”, relata esta joven.
Dar con la casa definitiva, pese a todo pronóstico, apenas les llevó tiempo. “Coincidió que los propietarios del alojamiento decidieron marcharse y nos dejaron la vivienda a buen precio. No lo pensamos, era una casa perfecta para nosotros, así que dimos el paso”. Una decisión que vino motivada también por el anuncio de un nuevo programa de ayudas para la compra de viviendas en el medio rural para jóvenes. “Mi madre me habló del Plan Revive y nos informamos para aportar toda la documentación necesaria una vez firmamos el contrato de arras con los vendedores. Nunca nos imaginamos siendo propietarios tan pronto porque, al final, para la gente joven como nosotros es complicado disponer de tanto dinero para meterte en una hipoteca a estas edades, así que ayudas como esta son muy importantes”.

Fernández fue una de las primeras jóvenes riojanas en apuntarse a este programa y recuerda que todo fue muy rápido: “En julio de 2024 compramos la casa y en mes y medio, después de pintarla y alguna que otra mejora, ya estábamos viviendo en ella. Tras pedir la hipoteca, solicitamos la ayuda y esta nos la ingresaron en torno a diciembre”. De aquello han pasado ya dos años y ahora, con los 26 cumplidos, puede gozar de un estilo de vida estable y, por si fuera poco, con un puesto de trabajo en el propio municipio, concretamente, en el centro de día. “Así que imagínate la comodidad que supone vivir y trabajar en el mismo lugar, además, con los propios vecinos de Uruñuela”. En el caso de su pareja, solicitó el traslado en la empresa en la que estaba en Zaragoza y ahora trabaja en Logroño pero haciendo desplazamientos. “Él también tiene un empleo fácil de compaginar con la vida en el pueblo, si bien es cierto que estamos muy bien comunicados con la capital también gracias a la autovía A-12 con la que, en cuestión de un cuarto de hora estamos en Logroño”.
Junto a Fernández, hay otras dos jóven que han decidido seguir sus pasos y apuntarse al Revive para hacer de Uruñuela su lugar de residencia habitual, al mismo tiempo que algunas de sus amigas también muestran interés en hacerse con una casa en la localidad “cuando antes decían que no querían saber nada de vivir en el pueblo”. Aunque dar con el alojamiento no siempre es cosa sencilla. “El problema principal que existe en el municipio es la falta de viviendas. Las pocas que hay a la venta son muy viejas y necesitan una reforma importante o son más nuevas pero muy caras. A nosotros nos costó dar con la casa porque es cierto que tampoco queríamos un piso. Yo siempre he vivido en uno y quería algo con patio y jardín. Además, es una casa construida en el 2000, así que tampoco era vieja”.

Ella lo ha tenido claro desde siempre, pero reconoce que otros amigos aspiraban a una vida fuera del pueblo. “Que si Madrid, que si Logroño,… Y yo no quería irme de Uruñuela. A mí esto me tira mucho, el hecho de que mi familia está aquí, de que tenemos el campo al lado de casa, de la tranquilidad con la que se vive aquí y, de cara a futuro y pensando ya en una familia, de la libertad con la que se crían los niños. Me gustaría que mis hijos tuvieran la infancia que he tenido yo aquí en el pueblo. De hecho, hay varias familias que han venido de Logroño y de Nájera a vivir aquí”.
En cuanto a los servicios de los que dispone Uruñuela, Fernández asegura que todo lo básico está cubierto. Colegio, centro de salud, bar, farmacia,… “Tenemos una carnicería que vende algún otro producto más, pero es cierto que una pequeña tienda de alimentación vendría muy bien, sobre todo para esas pequeñas compras del día a día y también para dar servicio a la gente más mayor que no puede desplazarse por su propio pie a otros municipios más grandes”, apunta.


