De unos orígenes en San Vicente de la Sonsierra a un asentamiento en Albelda de Iregua para después acercarse a las maravillas de Badarán, Cañas y Canillas. Tres zonas de producción vitivinícola donde Vinícola Real 200 Monges ha sabido plasmar su esencia de elaborar vinos de larga guarda, desde tintos a blancos y también rosados.
Con esta filosofía protagoniza la tercera cita (entradas agotadas) del VII ciclo de Catas Underground organizado por NueveCuatroUno y Calado by Criteria de la mano de Argraf, Cartonajes Santorroman, Cork Supply, Ramondin e Intranox. Todo ello acompañado de los pinchos de Delicious Gastronomía. Miguel Ángel Rodríguez y su hija Silvia, primera y segunda generación de la bodega familiar, son quienes conducirán la velada de la mano de cinco referencias: Reserva Blanco 2013, Reserva Rosado 2017, Reserva Tinto 2015, Alto de Valdemorche 2018 y Vendimia de Invierno 2011.
– ¿Cuál es el recorrido del Reserva Blanco?
– En la bodega siempre ha habido una búsqueda incansable por hacer blancos de larga guarda, pero pasó un largo periodo de transición desde que mi padre lanzó en 1994 la primera añada de la bodega con un tinto hasta que lanzó su homónimo en blanco. Ahí ha sido clave esa búsqueda de los parajes perfectos, con viuras centenarias que envejecieran bien y tuvieran ese potencial aromático para poder trabajar, algo que hemos conseguido en esas zonas del Alto Najerilla donde hay más altura y cuyo aprendizaje hemos trasladado después al valle del Iregua.
– ¿Cuándo llegó el momento de los rosados a 200 Monges?
– Fue a la vez que el blanco, pero ha habido mucho trabajo de investigación tanto de parcelas como de métodos de elaboración desde que se empiezan a elaborar y salen al mercado, tanto los blancos como los rosados. En el caso del rosado esta añada de 2017 es la primera y única que está a la venta por el momento. Es un vino que acompaña mucho a nuestro estilo de larga guarda en un contexto social donde priman más los rosados ferscos, con mayor extracción y más fruta. Este realmente es un clarete con un 70 por ciento de viura y un 30 por ciento de garnacha.
– El emblema de la casa llega, el origen de todo el proyecto, es el 200 Monges Reserva Tinto. ¿Cómo ha evolucionado esta referencia?
– Lo cierto es que este vino refleja toda la trayectoria de mi padre y se puede decir que aquí confluyen las tres zonas en las que ha trabajado. A lo largo de su historia, además, ha evolucionado muy bien desde esa primera añada de 1994, adaptándose a las nuevas tendencias del consumidor sin ser un vino modal ni tampoco clásico. En este caso, la añada 2015 la presentamos en primicia.
– ¿Cómo definen la apuesta de elaboración del alto de Valdemorche en un bodega donde primaban las categorías más tradicionales?
– Esto es reflejo de la etapa de proyectos más experimentales que iniciamos en la bodega hace unos años con el fin de probar cosas nuevas. Los llamamos ‘Singularidades’, con vinos que no salen todos los años, y este Alto de Valdemorche es uno de ellos, reflejando esa transición del modelo de bodega de siempre a unos estilos diferentes. Procede de una viña catalogada como Viñedo Singular, si bien el vino no lo comercializamos como tal. Una garnacha registrada en 1930, aunque seguro que con más años, con la que innovamos en su elaboración: hormigón, barricas más grandes,… Es un vino del que seguimos aprendiendo en bodega.
– El cierre corre a cargo del dulzor del Vendimia de Invierno. ¿Por qué la bodega se adentra en este estilo de elaboraciones?
– Por esa mente inquieta que caracteriza a mi padre, siempre enfocado a crear cosas nuevas. Además, no hay que olvidar el pasado familiar vinculado al mundo de los licores. Al final este vino es una forma de aunar esa tradición y el carácter pionero de la bodega porque él fue el pionero en Rioja en elaborar un vino de vendimia de invierno con esa primera añada de 2011. Este vino tiene un 80 por ciento de uvas botrytizadas.


