TRIBUNA

Los herederos de la pandemia: seis años olvidados

Somos enfermos de COVID persistente, una enfermedad que ya se sabe que es crónica, multisistémica y, en muchos casos, incapacitante. Puede tener hasta 200 síntomas, fluctúa en intensidad y, hoy por hoy, no tiene cura. Ni siquiera se sabe al 100% qué la provoca, aunque se sospecha que puede ser por persistencia viral, por haber dejado dañado el sistema inmune o porque despierta virus latentes que hacen que el cuerpo siempre esté en combate.

La inmensa mayoría de la gente la desconoce, pero también ignora que, a día de hoy, cualquiera es candidato a padecerla de por vida tras una infección de COVID. Lidiamos contra una enfermedad durísima, pero también contra un sistema que no nos quiere reconocer.

¿Por qué, si tenemos un extenso historial médico —en muchos casos con un «no está capacitado para trabajar» avalado por seguimientos médicos de hasta 6 años—, si decides buscar la incapacidad porque no puedes más, el INSS te la deniega? Tras una visita de 15 minutos de alguien que no te conoce de nada, que en ocasiones ni te mira a la cara o te trata de forma despectiva, son capaces de decirte que estás capacitado para trabajar o que «ya se pasará».

¿Cómo puede ser que, 6 años después, haya mutuas que declaran a enfermos «no aptos» y que el INSS no otorgue la incapacidad, obligándonos a años de juicios con el enorme desgaste físico, mental y económico que eso supone?

Más sangrante cuando muchos han sido despedidos, o están de baja cobrando menos, o han pactado con la empresa trabajar menos horas o en el mejor de los casos han sido readaptados sacrificando su vida para poder completar cada jornada laboral.

¿Cómo puede ser que a día de hoy haya médicos negacionistas o sanitarios que la desconocen? ¿Cómo puede ser que, después de enormes tours por especialistas, el psiquiatra te envíe al psicólogo y este no tenga ni idea de la enfermedad que provoca tu depresión o tu ansiedad? Así es imposible recibir ayuda!

¿Cómo puede ser que haya niños desprotegidos con COVID persistente a los cuales se les juzga y se les obliga a asistir a clase sin entender su estado, llegando en ocasiones los servicios sociales a poner a los padres entre la espada y la pared? ¿Cómo puede ser que sigamos así 6 años después?

Es curioso y paradójico que, en un mundo en el que nos sentimos tan solos, nuestras primeras palabras a cada nuevo enfermo sean: «No estás solo». Pedimos empatía, reconocimiento, financiación en ensayos e investigación. Y, sobre todo, concienciación, porque el siguiente puedes ser tú.

Queremos volver a vivir, sentirnos igual que tú, volver a tener una libertad que el cuerpo nos niega cada día. Estos días oirás de nosotros en prensa, manifestaciones y mesas informativas.

Pero el resto del año seguimos sufriendo en silencio, olvidados por un mundo que solo nos recuerda en nuestra efeméride. Somos los herederos de la pandemia; tenemos el estigma del recuerdo de un tiempo en el que el mundo se escondió y que ahora quiere olvidar. Pero seguimos a tu lado, disimulando cada día y fingiendo, si fingiendo, estar bien.

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