El deporte en Logroño está viviendo un momento triste. Las Gaunas, un estadio que pagamos todos los logroñeses con nuestros impuestos, se ha convertido en el centro de una partida de ajedrez que nada tiene que ver con el fútbol.
Lo que ha ocurrido es claro: una maniobra de mala fe. Primero el concejal abre la puerta en una rueda de prensa del 1 junio a que cuatro equipos pidan jugar, sabiendo que la respuesta sería un «no», ya que todo el mundo está de acuerdo en la inviabilidad de meter a cuatro equipos en este mismo estadio. Y a partir de ahí llegó la acción continua y firme por parte de la dirección de la Unión Deportiva Logroñés primero pidiendo que su equipo filial jugase en La Gaunas y después marcando que si la Sociedad Deportiva Logroñés jugaba en Las Gaunas, la Unión Deportiva Logroñés B también debía hacerlo.
Por cierto, a modo de reflexión: en el fútbol español no es habitual ver a un equipo filial jugar en el mismo estadio que su primer equipo. Es una anomalía que demuestra hasta qué punto se ha forzado la máquina solo para intentar excluir a terceros, una pretensión que el Ayuntamiento ha validado sin pudor, porque el objetivo nunca fue el deporte, sino la exclusión premeditada de la Sociedad Deportiva Logroñés. Y eso lo sabe cualquier persona de Logroño, sea del equipo que sea. Y por supuesto la Unión Deportiva Logroñés y el Ayuntamiento de Logroño.
No es casualidad que quien presione al Ayuntamiento sea el vicepresidente de un club que, casualmente, es compañero de partido del concejal de Deportes y figura activa en las filas del Partido Popular. Cuando las mesas donde se toman las decisiones municipales están en la sede de un partido, y en ellas se sientan compañeros de partido que a la vez son parte activa en el asunto a tratar, la barrera entre lo público y lo privado desaparece. Y cuando esa barrera cae, perdemos todos.
Ante este bloqueo, el presidente de la Sociedad Deportiva Logroñés y a pesar de la agresión, ha tendido la mano. Ha dicho que están dispuestos a buscar otra sede, como el Mundial 82, siempre y cuando las instalaciones sean dignas y viables. ¿Y qué respuesta recibe del Ayuntamiento? Un ofrecimiento de mínimos para jugar en los campos de Pradoviejo, una instalación que, a día de hoy, ni siquiera cumple con las condiciones básicas de seguridad exigidas para competir. Ofrecer un espacio que no garantiza la integridad y el bienestar de los deportistas y aficionados no es buscar una solución, es enviar a un club al limbo por pura incapacidad administrativa y desidia política.
Por otro lado el Ayuntamiento ni siquiera ha sido capaz de garantizar condiciones mínimas para avanzar en las obras del Mundial 82, dejando a todos los equipos de nuestra ciudad sin poder utilizar una instalación que solucionaría el problema comop ya se manifestó en año anterior dentro de las conversaciones donde al final jugaron los tres equipos en Las Gaunas. Nada ha avanzado, nada ha cambiado, solo que a quien tiene voluntad de jugar allí y no puede, se le expulsa de la solución anterior y no se le ofrece una solución digna.
Debemos romper esta dinámica. La polarización política no puede seguir contaminando el césped. Tenemos memoria: cuando las tornas estaban cambiadas y era la Sociedad Deportiva Logroñés la que militaba en categorías superiores, ambos equipos convivieron en Las Gaunas e incluso se modificaron las bases de las subvenciones para que ambos pudiesen acceder cuando solo le correspondía al de mayor categoría. Se pudo hacer entonces con voluntad y gestión; se debe poder hacer ahora. Solo hace falta voluntad de no querer perjudicar a nadie, aunque en este caso parece que ese es el objetivo.
El Ayuntamiento no está para elegir favoritos según el carné de sus dirigentes, sino para velar porque todos los equipos puedan jugar en condiciones. Logroño necesita una gestión seria, profesional y, sobre todo, justa.
Recuperemos la cordura: el deporte es patrimonio de todos los logroñeses y logroñesas, no una herramienta para los amigos del poder. Se debe de dejar de instrumentalizar el deporte para favorecer intereses de sociedades mercantiles, de individuos, y de partido.


