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Gol en Las Gaunas: ‘De gallos, gallinas y huevos’

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.

¿Qué fue antes: el huevo o la gallina? Sinceramente, no sabría qué responder. Pero atendiendo a filósofos importantes, como Aristóteles, podemos asegurar que poco importa. Porque él mismo dijo que no hay un primero absoluto. Que todo forma una especie de cadena eterna de causas. Para este pensador griego, la naturaleza funciona en ciclos continuos, que no precisan necesariamente de un inicio claro. Quizás por esto mismo, tenemos el lío montado en el fútbol riojano.

Y cuando uno ya no encuentra explicación alguna a todo lo que pasa, lo mejor es recurrir a los pensadores clásicos para al menos dormir tranquilo al constatar que esto -lo del fútbol riojano- no tiene solución. Es más, en mis oraciones tengo siempre muy presente al gran pensador de las subvenciones a los clubes de ‘referencia’ logroñeses de la década anterior, al menos en Logroño, a Javier Merino, que como concejal de Deportes del noble Ayuntamiento de la capital dijo que «esto -en relación al fútbol riojano- se soluciona con un ascenso». Afirmación ventajista que trituró bien picadito Rubén Antoñanzas, que en el mismo asiento del Consistorio un par de legislaturas más tarde, se lio hasta incluso con un ascenso a Segunda División del fútbol riojano veinte años después. Lo dicho, esto va de gallos, de gallinas y de huevos. Aunque sigamos sin saber cuál es el orden adecuado de los factores para tener un mejor resultado.

Es más, habría que elevar a la RAE la petición formal de que a partir de ahora podamos escribir esto del fútbol riojano en mayúsculas. Es decir, el Fútbol Riojano: por ser un sujeto activo y pasivo por igual, el protagonista de mil historias mil veces contadas, por ser un individuo sin forma corpórea pero con un protagonismo principal. El Fútbol Riojano es más importante que la UD Logroñés, que la SD Logroñés, que Las Gaunas, que la Federación Riojana de Fútbol, el Ayuntamiento de Logroño, el Gobierno de La Rioja… es más que el Haro Deportivo, el Calahorra, que Raúl Ruiz, Abadía, Setién o cualquier ex futbolista del Logroñés que pida homenajes. Es incluso más relevante que el Club Deportivo Logroñés (chupito); por supuesto, más que la Prensa. Porque sencillamente el Fútbol Riojano es todos ellos al mismo tiempo sin ser ninguno de ellos. No es ni huevo ni gallina, porque es las dos cosas al mismo tiempo.

Y resulta que el Fútbol Riojano no te suelta el codo, te agarra, te empuja, te incomoda… El Fútbol Riojano se sigue haciendo constantemente preguntas que envejecen fatal, pero que perduran como colgadas en el aire. Se quedan ahí, flotando en el ambiente, como esos debates que vuelven cada cierto tiempo con la misma pereza con la que uno ve de nuevo una serie que ya se sabe de memoria: por costumbre, para no sentirse solo, por aburrimiento, por tener algo de ruido de fondo, por ocupar la cabeza en algo irrelevante.

El Fútbol Riojano tiene una especial habilidad para eso. Para convocar preguntas antiguas cuando lo que pide precisamente la historia es otra cosa. Como si aquí el problema fuera un asunto notarial. ¿Quién es quién? ¿Quién representa a qué? ¿Quién tiene derecho a llamarse de una manera u otra? Todo vale con tal de no mojarse: y así no tener que contar resultados deportivos, presupuestos, inversiones, número de aficionados, patrimonio…

Mientras tanto, se nos escapa lo importante. Que el tiempo pasa. Que pasan las temporadas. Que pasan las generaciones. Y que lo que de verdad nos debería preocupar no es quién se parece más al pasado, sino quién se acerca más al futuro.

La semana del derbi fue un ejemplo perfecto. Se habló mucho. Se discutió bastante. Se agitó un poco. Hubo frases medidas para tocar la fibra, para activar las emociones, para abrir la caja de los símbolos. Una vez más.

Y sin embargo, ese otro fútbol, que nada tiene que ver con el Fútbol Riojano, sigue manteniendo su gran virtud, lo que le hace mantener el aura, la razón por la que nos seguimos asomando a él cada fin de semana. No hace falta sobreactuar. El marcador no necesita columnistas. El marcador es un juez tosco, sin sensibilidad, sin poesía, pero con una capacidad enorme para situarnos de nuevo en la medida justa.

Lo verdaderamente triste de todo esto es que el Fútbol Riojano se comporta a la altura de una región que no se permite mirar hacia delante. Como si avanzar fuera una falta de respeto. Como si aspirar a algo fuera un acto de traición. Como si la única manera de sentirse parte de algo fuera discutir eternamente sobre lo que ya no está.

Mientras debatimos herencias, la cuarta categoría se nos queda pequeña y enorme a la vez: pequeña por lo que debería significar un club con el potencial de la UD Logroñés; enorme porque desde aquí el fútbol profesional parece un continente lejano al que solo se viaja desde la nostalgia. Y sabemos que cuando algún día volvamos a acercarnos a ese continente —si lo hacemos— volverán también muchos de los que ahora se pasan la vida opinando desde la distancia. No sabemos qué fue antes, si el huevo o la gallina, pero no hay duda de que ese Fútbol Riojano se enciende cuando conviene y se apaga cuando incomoda. Pero todos serán de nuevo bienvenidos. En Las Gaunas cabe mucha gente.

Mientras tanto, estaría bien plantearse preguntas que sirvan para construir el futuro. Porque deberíamos ser conscientes de que el Fútbol Riojano sigue educando a sus chavales en debates del siglo pasado; a la par, el fútbol de verdad, el que provocaría que otros sí nos escribieran en mayúsculas, sucede en otras regiones. Quizás Aristóteles tenía razón y aquí nadie sabe qué fue antes, si el huevo o la gallina. El problema es que mientras lo discutimos, en otros sitios ya están criando gallinas nuevas.

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