La exposición que organiza la Asociación de Amigos del Ferrocarril se ha convertido ya en un imprescindible de la Navidad en la capital riojana. Pequeños y mayores pueden acercarse ya a la sede de la asociación (ubicada en la avenida Pío XII, 10) para ver una gran maqueta con trenes de todas las épocas.
La afición por los trenes es algo que le viene de familia a Félix Pérez Vidarte, presidente de la asociación: «A mi padre le gustaba mucho el tren. Mi abuela trabajaba en un paso a nivel en Autol, vivían allí junto al ferrocarril y yo desde pequeño me aficioné al tren». Es algo que ha estado siempre presente en su vida, aunque confiesa que con las maquetas empezó algo tarde.
Félix es coleccionista y maquetista: «Colecciono trenes y construyo módulos ferroviarios». Lo que más le gusta es el modelismo, construir miniaturas a escala 1:87, que es la que él trabaja y la más conocida, aunque hay diferentes escalas, como explica.
«Me gusta hacer maquetas de paisajes naturales. Tengo el puente sobre el río Leza, también he hecho la zona del Cortijo con la ermita y demás, y la estación de tren de Haro. Me gusta hacer cosas que son reales», cuenta. Una especie de La Rioja en miniatura. En concreto, en escala 1:87.

Antiguo apeadero de El Cortijo.
Entre las maquetas que ha ido haciendo Félix a lo largo de lo años, destacan las de algunos monumentos o edificios que ya no se pueden ver, como la antigua estación de trenes de Logroño, derribada en 2010. O la fuente de Iturrimurri, en Haro.
En total, calcula que tendrá «unos 30 metros lineales de maquetas». Félix tiene la suerte de tener un espacio reservado únicamente para su afición. En el jardín de su casa, tiene una habitación dedicada en exclusiva a los trenes. Allí, tiene una maqueta fija, pero ahí no termina todo. Félix tiene otra maqueta modular, que ha viajado no solo por toda España, si no que también ha traspasado las fronteras vecinas, prueba de que esta es una afición que mueve a mucha gente.

Félix con los niños y niñas del CEIP General Espartero.
«Prefiero no saberlo», responde cuando se le pregunta cuánto dinero calcula que se habrá dejado en esta afición. «Una vez me puse a hacer cuentas con las cosas que me compraba y lo que me costaban, pero al final dije que prefería no saber nada», cuenta. «Hay otros que se gastan el dinero en la caza, otros en el ciclismo. Mi ‘hobby’ es este», añade.
Hacer «una locomotora en condiciones» puede llevar hasta 60 o 70 horas de trabajo, por eso, las miniaturas a las que más cariño tiene es a las que ha hecho él con sus propias manos, «piecita a piecita». Aunque ahora explica que es mucho más fácil, con todo eso de las impresoras 3D: «El que se sabe manejar bien con los ordenadores pues la diseña y luego la impresora se la hace».
Félix se lamenta por la falta de relevo generacional: «Detrás de mi no viene nadie, por desgracia». Así que anima a jóvenes (y no tan jóvenes) a interesarse por este mundillo e insiste en que la exposición que organizan ahora en Navidad es solo una pequeña muestra de lo que hacen a lo largo del año. Pero, sobre todo, lo más importante son las ganas de ayudar que hay entre los miembros: «Nos gusta juntarnos y hablar de lo que nos gusta, compartir conocimientos, porque a unos les gusta la electricidad, otros manejan muy bien la electrónica, otros la pintura…» En resumen, en palabras del propio Félix: «De eso se trata, de ayudarnos unos a otros».


