Un ligero balanceo, el sol de frente, las gotas del remo salpicando sobre las piernas y una panorámica de Logroño muy distinta a la habitual son algunas de las sensaciones que se experimentan al navegar por el Ebro en kayak. Poco más de un kilómetro y medio separan el Puente Sagasta del Puente de Piedra, dos pasarelas que sobrevuelan el cauce y cuyas improntas ya forman parte del paisaje cotidiano. Esas fotos ya nos las conocemos.
Sin embargo, Logrokayak plantea desde hace poco más de un mes una nueva forma de mirar la ciudad. Y también de sentirla de forma distinta. Esta joven empresa se ha propuesto combinar cultura, deporte y diversión en una única aventura. «Todo el mundo que se anima a pasear por el río en kayak se queda asombrado con estas vistas de la ciudad», explica César Ramírez, uno de los monitores.

Porque pasear por debajo del Puente de Hierro, tocar con las manos los pilares del de Piedra o ver la Casa de las Ciencias desde primera fila no es una experiencia que se pueda vivir todos los días. Durante las dos horas de recorrido se pueden contemplar los cuatro puentes de la capial riojana y las torres de las iglesias de Palacio, Santiago y La Redonda. Todo ello, mientras se avanza por un río que juega con el rumbo y decide, muchas veces, cuál es la panorámica de la ciudad que quiere mostrar. Los mosquitos, los reflejos y la estela de algún pez acompañan durante todo el trayecto.
En estas tres semanas han pasado por la actividad «perfiles de todo tipo». «Tenemos muchas despedidas de soltero que vienen sin saber muy bien qué se van a encontrar. Muchas veces acaban en el agua, pero lo disfrutan igual», confiesa César. Porque la actividad está enfocada a familia , amigos, o «cualquiera que quiera venir a pasar un buen rato». Aunque para la empresa todavía queda mucho por hacer: «Hay mucha gente de Logroño que no se atreve con esta actividad».
El «falso mito» del río
Y, en parte, el problema reside en el «falso mito sobre el Ebro». «Muchas veces la gente piensa que está sucio, que hay peces enormes que te van a comer o que está contaminado en su mayoría», señala. Aunque, aseguran, no es más que eso, un mito. La realidad difiere mucho de lo que piensa la gente: «El color turbio no se debe a que el agua esté sucia, sino a que el fondo es lodoso y puede parecer que todo está contaminado, pero no es así. El agua es cristalina».

Otro de los mayores miedos son los siluros. «Todos estamos acostumbrados a ver vídeos de peces enormes. Pero en este tramo el tamaño de los siluros no puede ser tan grande. Si te das cuenta, es un tramo acotado y los ejemplares no superan el metro». Aun así, añade que «no comen humanos» y que «están más asustados que tú».
Historia y naturaleza
Muchos piensan que esta actividad consiste solo en «remar y contemplar». Pero la experiencia va mucho más allá. Durante el recorrido, los guías van mostrando toda la fauna con la que convive esta actividad. «La ribera es un espacio increíble donde podemos ver naturaleza y animales únicos», afirman.
La naturaleza se mezcla con la historia que se intuye en el río. «Durante el recorrido vamos contando cómo ha ido cambiando la ciudad alrededor de sus orillas», añade César. El antiguo desagüe del matadero, la pequeña isla que delimita la cascada a la altura del Puente de Piedra o las nuevas edificaciones que hacen sombra al río en el tramo del Puente Sagasta son algunas de las lecciones de presente, pasado y futuro que relata el Ebro.

Una actividad que permite disfrutar de un entorno natural que también hay que proteger. Durante el recorrido, «siempre» se encuentran pequeños residuos, como plásticos, botellas o bandejas. El equipo de Logrokayak aprovecha el viaje y los recoge porque entiende que «cuidar el entorno es mucho más importante que cualquier otra cosa».
Un pequeño recorrido que cuenta muchas cosas de la ciudad y que, sobre todo, permite disfrutar de una de sus grandes señas de identidad. Porque, como canta el himno, Logroño es «puente sobre el Ebro» y, desde hace muy poco, también se puede navegar.


