Hay un momento muy concreto que anuncia que el calor va en serio. No aparece en las previsiones de la Aemet ni lo recoge ningún aviso meteorológico. Ocurre cuando alguien abre el congelador de un supermercado buscando una bolsa de hielo y descubre que está vacío. Entonces comienza la ronda.
Primero prueba en la gasolinera más cercana. Después en otra tienda. Quizá en el supermercado del barrio de al lado. Y si tampoco hay suerte, toca seguir buscando. Porque hay pocas cosas más urgentes durante una ola de calor que una bebida esperando cubitos.
La Rioja afronta esta semana la primera gran embestida del verano de 2026. Todavía ni siquiera ha llegado San Juan y los termómetros ya apuntan hacia temperaturas superiores a los 40 grados en el valle del Ebro. Las noches tropicales han empezado a instalarse en municipios como Logroño, Calahorra o Alfaro, y la sensación es que julio se ha adelantado varias semanas.
Mientras miles de personas preparan escapadas, comidas familiares, bodas o tardes de piscina, existe una pequeña red logística que trabaja desde hace días para evitar que falte uno de los productos más invisibles del verano. «El hielo es un producto que no tiene valor hasta que te falta».

La frase la pronuncia Iñaki, responsable de Hielo Rioja, una empresa que desde Oyón distribuye miles de kilos de hielo por toda La Rioja, Miranda de Ebro y buena parte del entorno. Y resume perfectamente la relación que la mayoría mantiene con los cubitos: nadie piensa en ellos hasta que desaparecen.
Cuando llegan episodios de calor intenso, la demanda se dispara en cuestión de horas. No porque aumente ligeramente el consumo, sino porque cambia por completo el comportamiento de los compradores. «Una ola de calor en agosto se nota, pero la gente ya está preparada. Lo complicado son éstas que llegan en junio, cuando nadie tiene hielo almacenado en casa», explica.
Y entonces empieza la carrera. Los supermercados vacían sus reservas mucho antes de lo previsto. Las gasolineras aumentan pedidos. Las tiendas pequeñas reciben llamadas constantes. Y los repartidores empiezan a encadenar viajes para reponer cámaras que horas antes estaban completamente llenas. «Nos ha pasado eso de dejar hielo tres veces en el mismo supermercado durante un mismo día», asegura.
La escena se repite especialmente en zonas residenciales con abundancia de chalés, terrazas y piscinas privadas. Barrios y localidades donde el hielo se convierte casi en un artículo de primera necesidad cuando los termómetros se disparan.

Pero no son los únicos consumidores. Las fiestas populares son otro de los grandes motores de la demanda. En celebraciones multitudinarias pueden llegar a consumirse varios miles de kilos en apenas unas horas. San Juan del Monte, una de las romerías más multitudinarias del norte de España, es uno de esos ejemplos. Allí han llegado a distribuir más de 5.000 kilos durante una sola edición.
Y luego están las bodas. Si hay un colectivo que se toma en serio el hielo, son los novios. Mientras medio país improvisa o reaccionar en el último momento, quienes organizan un enlace suelen asegurarse de que no falte una sola bolsa. «Quien se casa te llama desde marzo», explica Iñaki.
La experiencia les ha enseñado que quedarse sin hielo en una boda de junio o julio puede convertirse en uno de esos pequeños desastres logísticos que nadie quiere recordar. Por eso reservan con meses de antelación.
Lo curioso es que, pese a la importancia que adquiere durante los días de más calor, el hielo sigue siendo uno de los productos más desconocidos para el consumidor. Pocos saben que existen diferentes calidades, distintos procesos de fabricación o incluso variedades específicas para usos concretos, desde enfriar botellas de vino hasta conservar alimentos o trabajar masas de pan.

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Sin embargo, cuando el calor aprieta de verdad, todas esas diferencias pasan a un segundo plano. Lo importante es encontrar una bolsa. Y ahí aparece una imagen que cualquier riojano ha vivido alguna vez: el coche recorriendo supermercados, gasolineras y tiendas de barrio mientras alguien pregunta una y otra vez la misma frase: «¿Os queda hielo?».
Con temperaturas que podrían acercarse a los 40 grados durante los próximos días, la pregunta volverá a repetirse este fin de semana en muchos puntos de La Rioja. Y cuando eso ocurra, volverá a ponerse en marcha la ronda del hielo. Esa pequeña carrera veraniega que empieza justo cuando el calor deja de ser una previsión meteorológica para convertirse en una realidad.


