El Rioja

Graciela Palacios: «Veo mucha positividad en los jóvenes que hacemos Rioja»

Graciela Palacios, directora técnica de Marqués de Vargas: «Veo mucha positividad en los jóvenes que hacemos Rioja»

Graciela Palacios, en los exteriores de la bodega Marqués de Vargas. | Fotos: Leire Díez

Entusiasmo, inquietud y pasión por el origen. Así se define Graciela Palacios, la nueva directora técnica de la bodega Marqués de Vargas. En cuestión de unos meses, y con tan solo 25 años, dejó de de ser la ayudante en el departamento de Enología para asumir el cargo de su maestra Ana Barrón (fallecida el pasado mes de julio) y convertirse en la máxima responsable de la vinificación.

Tras un par de años de recorrido por bodegas de Italia, Brasil y también aprendiendo en Rioja, esta logroñesa irrumpe con el ímpetu propio de la juventud, pero también con un portfolio que rebosa de compromiso, entusiasmo, firmeza, trabajo y optimismo. Así lo cuenta en el nuevo programa del podcast La Voz del Agro.

– De aprendiz a directora técnica en apenas unos meses. ¿Cómo procesa todos estos cambios? 

– Es muy emocionante. Es un reto pero estoy encantada, tanto con el sitio, con el proyecto, como con el equipo. Es cierto que la manera de elaborar vinos de Marques de Vargas y la especialización que tengo en vinos de guarda y larga crianza ha sido, sobre todo, aquí, con Ana Barrón. Trabajar con Ana es trabajar al cien por cien o al 200 por cien incluso. Desde el principio sentí una conexión inmediata con ella y venía a trabajar con unas ganas que no sé explicar. Estaba inmensamente feliz porque era trabajar con alguien a la que admiro, así que era una constante motivación. Iba a casa y empezaba a leer artículos para comentarlos juntas al día siguiente, muchos temas de estabilidad de color, que ella sabía mucho de eso, y muchas dudas. Quizá, si hubiese estado en otro sitio con otra gente no hubiera tenido la capacidad de aprender de una manera tan gradual. Ella ha sido muy generosa, me lo enseñó todo, todo lo que pudo, y siempre voy a estar pues eternamente agradecida.

– Pero ya venía con parte de las enseñanzas en la materia hechas desde casa.

– Sí que es cierto que tengo recorrido en Enología gracias a mi padre (Antonio Palacios), enólogo, profesor en la Universidad de análisis sensorial, por lo que desde muy pequeña le he acompañado cuando iba a asesorar a bodegas aquí y allá. Él le da mucha importancia al trabajo y, aunque no me lo dice mucho, sé que está muy contento y orgulloso. Así que sí, puedo decir que he tenido dos mentores en la vida; he tenido esa gran suerte.

Foto: Leire Díez

– ¿Qué diría que es lo positivo de tener un perfil joven en este sector?

– Yo ahora siento y quiero dar la vida por este proyecto. Me voy a dormir y me despierto pensando en esto y mi tiempo libre también es esto y lo disfruto. Catar, conocer diferentes regiones, variedades, formas de vinificación, protocolos,… Vamos, una friqui. Pero es que me encanta, y desde pequeña lo he tenido muy claro que quería ser enóloga. Y creo que la clave del éxito es encontrar algo que te guste.

– Forma parte de las nuevas generaciones de enólogos, de profesionales en el sector. ¿Cómo define esta corriente de rostros y proyectos jóvenes que afloran en la DOCa?

– Somos una generación que tenemos muchas ganas y cada vez más con el foco en preservar viñedos y respetar el origen. También en no perder la intervención en bodega, porque sí hay que intervenir, pero siempre el origen del viñedo. Sí que estamos viendo otras tendencias, como puede ser una mayor conservación de fruta, pero al final todo es respetar la uva, respetar de dónde viene y mostrar ese proceso. Lo más importante es que veo mucha positividad en los jóvenes que hacemos Rioja, hay muy muchas ganas de aprender por parte de todos y a todos nos caracteriza un punto de locura, propio de este sector. Además, veo muy buena relación entre la nueva generación y la anterior, con muchas ganas de aprender por parte de unos y de mostrar y enseñar por parte de otros. Veo mucho futuro, pero hay que centrarse más en calidad que en cantidad. Hay gente que está haciendo cosas y elaboraciones muy curiosas y por eso hay que poner en valor el trabajo que venimos haciendo durante mucho tiempo. Rioja es quien es y hay que luchar por el nombre.

Foto: Leire Díez

– Dos vendimias en Marqués de Vargas, pero con responsabilidades muy diferentes. ¿Cómo recuerda una y otra?

– Claro, el salto ha sido brutal. Sí que es verdad que justo han sido dos añadas complicadas en Rioja, pero también en los momentos complicados aprendes. Cuando exprimes una naranja es cuando realmente sale el jugo, ¿no? La de 2024 recuerdo cómo todo venía muy bien y en dos días todo cambió. Había que correr más con unas temperaturas más extremas. Mientras que este año creo que Ana nos ha retenido las nubes esos últimos días para poder coger todo a tiempo y, en el caso del mazuelo, hacerlo en unas condiciones espectaculares. También ha sido clave convencer a un equipo de que había que esperar para lograr esa madurez fenólica, pero todos compartimos los mismo intereses y motivaciones para hacerlo perfecto, por Ana, por el vino, por la bodega

– ¿Cómo piensa que se puede mantener la identidad de los vinos en esta nueva etapa?

– No se pueden hacer los mismos vinos porque es imposible, incluso Ana tampoco podría hacerlo igual que la añada anterior, pero eso es realmente lo bonito de esta profesión. Cada año es un reto nuevo, una cosa nueva, ningún año va a ser fácil, pero donde está lo difícil se consigue la excelencia. La manera de trabajar va a seguir siendo humana, buscando el origen. Recuerdo cómo Ana buscaba el arte en saber demostrar dónde está el origen, el ‘terroir’, el suelo, el respeto. Y en ese sentido, para mi la tradición no es hacer las cosas igual que antes, sino entender el porqué se hacían así. Solo así se puede avanzar. Ana es quien ha marcado la gran personalidad de la bodega, por lo que hay que mantenerla pero con pequeños guiños, respetando la base tan sólida de esta historia y siempre en busca de la exigencia y del respeto hacia el viñedo.

Foto: Leire Díez

– ¿Qué enseñanza destacaría de entre todas las que recibió de Barrón?

– Diría que escuchar al viñedo, lo que te permite hacer una sectorización y personalizar el trabajo de una parcela para mostrar ese origen el vino. Si conoces a fondo una parcela se te abre un mundo para mostrarlo luego en el vino, una paleta de colores enorme. Ahora mi mayor motivación es conocer las parcelas como las conocemos, dibujando un mapa donde no haya solo una tonalidad de verde o de azul, sino un abanico más amplio que permita conocerlas más a fondo, exprimir más la naranja. Es ahí donde se va a ver nuestra esencia y personalidad. Además, cada vez se le está dando más importancia a trabajar la viña con respeto, y mirando al futuro, porque tenemos entre manos proyectos a largo plazo que verán la luz de aquí a 25 o 30 años, lo cual da un poco de vértigo, pero en ese tiempo espero estar aquí –ríe–; estoy enamorada de este sitio. .

– ¿Cómo se define en el plano técnico?

– Inquieta. Estoy constantemente con ganas de aprender, de mejorar. Si algo se ha hecho bien quiero que se haga mejor. Si hay una técnica para hacerlo, quiero saber las otras cuatro. Y ahora lo que me está volviendo loca es el origen, el suelo. Algo que permita responder a por qué un vino muestra ese potencial fenólico y esa cantidad de fruta, porque eso no lo marca la personalidad, si no la uva y su territorio de donde procede. Mi objetivo es que cuando se abra una botella de Marqués de Vargas se vea su personalidad reflejada de la bodega, pero que a su vez permita ir a la finca concreta, a esa uva, a esa parcela.

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