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Bolt mira a La Rioja y estudia su desembarco en Logroño y su área metropolitana

Quien haya visitado grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, Sevilla o Málaga habrá visto cómo decenas de vehículos recogen y trasladan pasajeros más allá de los tradicionales taxis y autobuses. Y los más atentos habrán reparado en que esos coches no se detienen a mano alzada, sino a golpe de smartphone. La contratación de servicios VTC (Vehículos de Transporte con Conductor) a través del móvil se ha normalizado en las grandes urbes y empieza a extenderse por ciudades de tamaño medio, como Pamplona.

La capital navarra, de hecho, se ha convertido en la última ciudad española en acoger –desde finales de octubre-la actividad de una gran plataforma VTC. Ha sido Bolt, presente en más de 500 ciudades del mundo, la que ha desembarcado allí dentro de una estrategia de expansión que pone el foco en capitales medianas. «Nuestra llegada a Pamplona se enmarca en un plan que iniciamos este año para entrar en ciudades medianas y capitales de provincia», explica a NueveCuatroUno Daniel Georges, director general de Bolt en España. Tras su implantación en lugares como Murcia, Toledo o A Coruña, el directivo no oculta que La Rioja encaja plenamente en sus planes.

«Vemos su potencial y estamos estudiando La Rioja y Logroño; desde luego, los tenemos en el mapa», afirma Georges, aunque matiza que no puede confirmar «planes a corto plazo». El interés de la plataforma se sustenta en una convicción clara: los problemas de movilidad derivados del aumento de la población y la gentrificación, que hace años se observaban solo en grandes urbes, se reproducen ahora en ciudades más pequeñas. «Incluso más de lo que esperábamos», reconoce.

Preguntado por si el tamaño de Logroño (150.000 habitantes) podría limitar la implantación de la empresa, Georges recurre a un ejemplo revelador: «Toledo es mucho más pequeña; no llega a los 85.000 habitantes. Y aun así hemos tenido allí el mismo éxito que en las grandes ciudades». En su experiencia, en todas estas localidades -también Pamplona- se repite un patrón: una demanda latente que supera sus previsiones, impulsada por el auge turístico y el incremento de población. Más aún en un año en el que el turismo en España está batiendo récords históricos.

Una regulación «desactualizada»

Para que Bolt no haya dado aún el salto a La Rioja, los motivos no son técnicos, sino administrativos. «El obstáculo no está en la normativa que afecta a las plataformas, sino en la regulación del taxi y de las VTC, que es la que condiciona a los transportistas que operan con nosotros», precisa Georges. A su juicio, la legislación en esta materia es «antigua o inexistente» en gran parte del país, salvo en comunidades que han avanzado más rápido.

Regiones como Andalucía o Madrid «llevan años normalizando el servicio de VTC y actualizando las reglas del taxi», señala. En otras, entre ellas La Rioja, apenas se ha legislado desde que el Estado traspasó las competencias a las autonomías. A este respecto, fuentes del Gobierno riojano explican a NueveCuatroUno que la Administración tramita la concesión de licencias «por delegación estatal», si bien compañías como Bolt reclaman que cada territorio disponga de una regulación clara, ya que su ausencia «genera inseguridad jurídica y limita la capacidad de prestar un servicio eficiente». Y no solo para ellas: «También perjudica al taxi, que no puede competir en igualdad de condiciones», apunta Georges.

Entre los factores que la compañía valora para implantarse en un territorio destaca la tarifa cerrada, es decir, que el usuario conozca el precio antes de iniciar el trayecto y sepa de antemano cuánto pagará por el desplazamiento, al margen del tiempo de llegada. «Es una demanda histórica de los usuarios y funciona muy bien allí donde está implantado porque hace el servicio más transparente y competitivo», afirma el director general de Bolt en España.

El conflicto con el taxi: «No competimos, vamos de la mano»

Aunque las licencias VTC existen desde hace lustros, el fenómeno no explotó hasta principios de la pasada década, cuando Uber y Cabify comenzaron a operar en las principales ciudades españolas. La proliferación de nuevas licencias desencadenó una oleada de protestas del sector del taxi –también en La Rioja-, que denunció un trato desigual por a  y condiciones más laxas para los nuevos operadores. Las críticas no se dirigían tanto a las plataformas como a las administraciones, acusadas de agilizar la concesión de licencias más baratas que las del taxi y con menos restricciones para transportar viajeros.

Pese a las tensiones históricas, Bolt defiende un modelo de integración entre ambos servicios. «El usuario quiere moverse del punto A al B y no le importa si el coche que le lleva es blanco o negro. Quiere precio claro, seguridad y disponibilidad», resume Georges. «No competimos con el taxi, vamos de la mano», explica, detallando que su plataforma trabaja actualmente con unos tres mil taxistas en toda España.

Su estrategia pasa por ofrecer a los taxistas la posibilidad de integrarse en la plataforma sin coste añadido, permitiendo que los usuarios de Bolt puedan solicitar un taxi desde la app y manteniendo «el 100 % de sus ingresos». Con ese modelo ha aterrizado recientemente en Pamplona, donde, según Georges, «el balance es muy positivo»: «Tenemos taxis trabajando con nosotros desde los primeros días y facturan más que si trabajaran a mano alzada. Hay mucha más demanda que oferta y nuestro reto ahora es estabilizar el servicio».

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