Hablar de territorio Tarón es hablar de viñedos en altura, de los montes Obarenes, de Tirgo, pero también de Sajazarra, Cuzcurrita de Río Tirón y de Villaseca. Es hablar, sobre todo, de
paciencia. Porque los vinos que se elaboran en esta bodega cooperativa (dedicada mayormente a la venta embotellada) se toman su tiempo para madurar y sacar el mejor provecho a esta zona del extremo occidental de Rioja.
Esta paciencia se ha catado este miércoles en la penúltima cita del VI Ciclo de Catas Underground organizada por NueveCuatroUno y Calado by Criteria de la mano de Argraf, Cartonajes Santorroman, Cork Supply, Ramondin y Tonelería Magreñan como patrocinadores, en compañía también de los pinchos de Delicious Gastronomía. Una cita donde el gerente de Bodegas Tarón, Gonzalo Salazar de Burendes, ha hecho gala de la identidad de esta zona y de sus gentes, sus viticultores. “La paciencia es parte del carácter de los agricultores de estos pueblos porque siempre han sido zonas más tardías, algo que también se refleja en los vinos”.
El primer ejemplo llegó con Patiens 2017, un reserva elaborado con viura muy vieja que lleva un proceso lento y que da poca producción. Un vino que pasa hasta 48 meses en barrica y es que la crianza es parte de la historia de este territorio ya que la madera aporta la estabilidad que necesitan los vinos de esta zona, especialmente antes cuando las maduraciones tardaban en llegar.

“La viura vieja se expresa mejor en este tipo de vinos con crianza que en los vinos jóvenes porque precisamente la viura no es que sea la variedad más aromática, mientras que el juego que le aporta la madera es justo lo que necesita para evolucionar de la mejor manera”, reflejó el gerente. Un tiempo que se acorta en la elaboración de Tarón Cepas Centenarias, ya que aquí se busca más esa “fruta roja y una acidez muy viva”, pero no así los ritmos que marcan este viñedo, El Monte, que fue plantado en 1915.
Aunque para hablar de paciencia ya está Pantocrator, otra de las joyas de Tarón cuya añada 2015 se descorchó en esta velada después de 10 años de sueño profundo. Este vino solo se ha
elaborado cuatro años desde 2005, siguiendo con las añadas de 2010, 2011 y 2015. Afinado en botella durante seis años, “siempre sorprende en cata porque se relaciona con un vino más
joven”. Con el recuerdo reciente de lo que ha sido esta vendimia 2025, Salazar de Burendes asegura que “esta añada es la que más capacidad tiene para elaborar Pantocrator”, aunque
habrá que esperar hasta 2035 para comprobarlo.
“Este vino podría ser un gran reserva perfectamente, pero preferimos sacarlo como reserva porque entendemos que un gran reserva se relaciona con vinos más evolucionados y este no lo es”, opina. Así mismo, este rechazo a una contraetiqueta concreta se refleja también en Territorio Tarón (el tercer vino catado en su añada 2017). “En este caso solo lo sacamos como reserva en las partidas que se venden en el mercado internacional, mientras que en nacional sale bajo la contraetiqueta de genérico porque creemos que no aporta nada distintivo al vino, más allá de que su historia ya es de por sí atractiva. De hecho, creo que estamos descuidando las categorías tradicionales de Rioja y es porque ya no son categorías que vayan vinculadas a una calidad a la altura. Entre todos estamos desprestigiándolas hasta el punto de que no resulten atractivas desde el punto de vista comercial. Y es una pena, porque los reservas de Rioja están buenísimos pero se venden mejor fuera. Hay crianzas y reservas buenísimos, pero también los hay que no deberían estar en esas gamas. Al final son categorías que han hecho grande a Rioja pero hay bodegas que están desprestigiándolas. Por eso creo que debería haber más controles de cata de vinos ya acabados, siendo el Consejo regulador de la DOCa quien vele porque se mantenga esa calidad”, valora el gerente.


