A solo diez minutos de Logroño, entre viñedos y olivos, Finca Los Arandinos despliega una oferta que va mucho más allá de una comida con vistas. «Se puede hacer cualquier plan y con los servicios de manera independiente: venir solo al spa, visitar la bodega, tomar un vino o quedarse a cenar», resume Patricia Guillén, responsable del complejo.
Desde su apertura en 2011, éste fue «el primer proyecto enoturístico en La Rioja que englobara hotel, bodega, restaurante y spa». Lo hizo con una visión estética singular, que conjuga arquitectura de líneas rectas, grandes ventanales y diseño de autor: «Todo el interiorismo del restaurante y de diez de las habitaciones es de David Delfín, que jugó con el hormigón junto con el arquitecto riojano Javier Arizkuren para integrar el edificio en el paisaje».

La terraza con vistas a los viñedos y olivares que van subiendo hacia la sierra de Moncalvillo. FOTO: Fernando Díaz
Este verano, el restaurante Tierra -dirigido por el chef calceatense Alejandro Argudo- estrena una carta de terraza pensada para las tardes y noches más informales. «Tenemos una carta un poquito más informal, con picoteo, que está disponible viernes, sábados y domingos desde las doce del mediodía, y todas las tardes a partir de las siete», explica Guillén.
En esa carta no faltan clásicos con producto local: «Croquetas de jamón o de picadillo, patatas con chorizo, ensaladilla rusa, calamares, salmorejo, anchoas, dados de rape adobado, una tabla de quesos de La Rioja con nueces y membrillo…». Todo sabrosísimo. Y también bocadillos, pero «un poquito más elaborados», como el de solomillo con salsa de queso y vino de la finca, o el de papada ibérica.

Patricia Guillén, de Finca los Arandinos. FOTO: Fernando Díaz
«Puedes venir a tomar un vino blanco en un paraje fantástico, disfrutar de las vistas, picotear algo, sin necesidad de estar alojado ni de sentarte a comer un menú largo», invita su responsables.
Gastronomía riojana
Para quienes buscan una experiencia más tradicional, el restaurante ofrece un menú riojano con platos como las chuletillas al sarmiento, los caparrones o las patatas con chorizo. «Con reserva previa, una pareja o una familia puede venir perfectamente a degustar este menú riojano», comenta Guillén.

Salón interior decorado por David Delfín. FOTO: Fernando Díaz
Los servicios de comida se ofrecen viernes, sábados, domingos y festivos, mientras que las cenas se sirven todos los días. «Por el día el visitante suele salir a conocer la zona, pero por la noche, después del spa, la mayoría se queda a cenar». Y siempre es una decisión acertada.
Hotel boutique, spa y vistas al Moncalvillo
El hotel cuenta con 14 habitaciones y ofrece servicio de ‘room service’. Para quienes buscan relajarse, el spa incluye «dos saunas, una seca y otra húmeda; duchas de sensaciones; pediluvio; piscina dinámica con jacuzzi, camas de agua y chorros cervicales; y una piscina de agua fría para contrastes». Todo ello, con terraza a pie de viñedo.

Alejandro Argudo, chef de Finca los Arandinos. FOTO: Fernando Díaz
También se pueden reservar tratamientos como reflexología o vinoterapia, y disfrutar del exterior: «La terraza se puede usar para relajarse después del circuito. Al atardecer es una maravilla».
Los Arandinos está en la parte alta de la cercana localidad de Entrena, en una zona que, cuenta Patricia entre risas, «la llaman buenos aires porque aquí corre un vientecito muy agradable en los días de calor». Las vistas a la Sierra de Moncalvillo, visibles desde la terraza del restaurante, refuerzan esa sensación de escapada perfecta, cerca de núcleos urbanos, pero apartados del mundanal ruido.

FOTO: Fernando Díaz
«Estamos a doce kilómetros de Logroño, en un entorno privilegiado para conocer la Rioja, porque ya te sales del valle y ves la sierra», señala Guillén. Y para quienes todavía duden si hacer la visita, la recomendación es clara: «Que pregunten, que llamen, que nos pidan estar dentro o fuera, en pareja, en grupo… El sitio lo merece».

Además, el complejo es ‘pet-friendly’: se puede alojar con mascotas en el hotel y disfrutar de la terraza con ellas, aunque «en el comedor interior no se permite, por respeto a todos los clientes».


