Gastronomía

La emoción del Festival MAMA enciende los fogones de la memoria

Ezcaray celebra con éxito la segunda edición del Festival MAMA

Ezcaray ha vivido un fin de semana que quedará grabado en la memoria colectiva como una exaltación de la cocina con nombre de madre. La segunda edición del Festival MAMA ha confirmado que este evento (que no celebraba desde el año 2019) ya no es una anécdota ni un guiño nostálgico: puede ser perfectamente un relato potente, anclado en la emoción, que reivindica el papel de las mujeres en los fogones. Esas madres y abuelas que han cocinado con empeño, constancia, poniéndole alma al asunto y casi siempre en silencio.

Francis Paniego, ideólogo -junto a la familia del Echaurren- de este proyecto, resume el espíritu de este encuentro gastronómico, también popular: «Queríamos hacer un sencillo concurso de croquetas para tener en el recuerdo a mi madre cada año, pero se nos ha ido de las manos y también hemos pensado en homenajear a las madres en general, que han sido tremendamente importantes en la cocina española». La ovación de cinco minutos, con todos los asistentes puestos en pie, a Vicenta, de Casa Masip, al cierre, este domingo, es la constatación de que este festival ha sido un rotundo éxito.

Lo que nació como un gesto íntimo de Marisa, Chefe y Francis con su progenitora, Marisa, matriarca de los Paniego y gran dama de la cocina española, se ha convertido en un festival que este año ha reunido a chefs que suman 16 estrellas Michelin y 32 soles Repsol, en un homenaje a Valencia para ayudarle en la recuperación tras la dana, pero también a cientos de personas en torno a los sabores que definen lo que somos.

La emoción ha sobrevolado cada jornada. El viernes, en la apertura, el presidente del Gobierno riojano, Gonzalo Capellán, expresó que «cuando el tiempo pasa, debes quedarte con lo esencial. Y lo esencial es Marisa Sánchez». Ese femenino plural que está teniendo voz propia como se ha podido comprobar durante este fin de semana en Ezcaray, movimiento esencial para entender lo que es hoy la gastronomía en esta localidad riojana. Plasmado en una fotografía protagonizada por todas las mujeres cocineras que han trabajado en los bares y restaurantes del pueblo. Un reconocimiento colectivo que es al mismo tiempo un acto de justicia, con las que siguen al pie del cañón y con las que ya no están.

Testimonios actuales como el de la prestigiosa chef valenciana Susi Díaz: «Las recetas que aprendí en casa, como los escabeches que hacía mi madre, son ahora platos de alta cocina. No es postureo: es recuerdo, técnica y respeto al producto». O el de Alejandra Herrador: «Las mujeres cocinaban en casa con cariño y sensibilidad, pero siempre estaban tapadas. Luego parecía que solo podían cocinar los hombres en los restaurantes. Eso está cambiando, pero queda mucho camino».

El festival ha sido también un punto de encuentro entre territorios. Con la Comunidad Valenciana como invitada, cocineros como Quique Dacosta, Ricard Camarena o Paco Torreblanca han traído hasta Ezcaray sus saberes, sus platos y su emoción. Dacosta ha apuntado que «el debate entre vanguardia y tradición es de otro tiempo. Yo soy hijo de la tradición, y desde ahí he llegado a crear paisajes comestibles o platos con oro y plata». Y ha añadido: «Cocinar es un arte que empieza con la calidad del producto. Lo demás es técnica, emoción y relato».

En ese mismo tono reflexivo, Paco Torreblanca ha lanzado una advertencia preocupante sobre el relevo generacional: «No les contamos a los jóvenes la verdad de esta profesión. Les enseñamos cocina de lunes a viernes, pero aquí se trabaja sábados, domingos y muchas horas. Hay que hacer algo para que no se pierda la pasión y no se pierda la repostería».

El sábado, el festival salió a la calle. Con la música del mejor folklore riojano y valenciano, un mercado de artesanía, talleres y la gran paella solidaria para 900 personas. Así es como Ezcaray vivió una jornada de hermandad y compromiso. La recaudación se destinará a apoyar a los hosteleros valencianos afectados por la dana. «Hay gente que lo ha perdido todo. Esta ayuda, por pequeña que parezca, sirve para tender puentes», contó emocionada Gema Galvis, responsable de preparar el arroz.

EFE/Raquel Manzanares

Pero si hubo un día especialmente emotivo fue la jornada de este pasado domingo. Varios chefs riojanos cocinaron, junto a sus madres, recetas que han marcados sus infancias. Jairo y su madre Marta, del bar Satorre, reinterpretaron platos familiares; Miguel Caño y su madre Rosa revivieron un cocido de garbanzos con zancarrón; y Vicenta Pérez, matriarca de Casa Masip, acabó subiendo al escenario para acompañar a sus hijos Pedro y Magdalena en la reinvención de las manitas de cerdo, en un improvisado homenaje a esta gran señora de la cocina riojana. El público, en pie, les dedicó una ovación de reconocimiento y gratitud por el trabajo de toda una vida.

Beatriz y Rodrigo, del restaurante Arsa, cocinaron junto a sus respectivas madres recetas que han trasladado a su propuesta gastronómica. Aunque, «no todas las madres cocinan bien. La mía lo hacía tan mal que yo aprendí a cocinar para sobrevivir», apuntó con humor Beatriz.

Francis Paniego cerró agradeciendo a todos los participantes su implicación para apuntar que alguna pista sobre el futuro de este festival sin periodicidad establecida: Galicia será la comunidad invitada en la próxima edición, que se celebrará dentro de unos años, con la intención de ajustar mejor las fechas y facilitar la participación de los profesionales del sector. «Queremos que este homenaje siga creciendo, pero también que sea sostenible para todos», ha explicado el chef riojano, que ha convertido Ezcaray en un faro gastronómico que ilumina desde lo más hondo de nuestras cocinas: el amor de una madre.

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