El riojano Álvaro Rubio (Logroño, 18 de abril de 1979) y el Real Valladolid han separado sus caminos tras dieciocho años. «Me resulta difícil explicar en pocas líneas mis sentimientos a lo largo de estos casi 20 años juntos, en el que considero el club de mi vida. He vivido y pasado por muchas etapas a lo largo de este tiempo, como jugador, como ayudante técnico y finalmente, como primer entrenador. Buenas y malas, todas ellas acompañado por mi familia, mis hijos (más pucelanos que José Zorrilla) y, en especial, mi mujer, sin la que nada de esto habría sido posible. Todas ellas inolvidables, las cuales llevaré en mi corazón para siempre», ha expresado en su mensaje de despedida.
Diez años como futbolista y ocho como entrenador
Rubio llegó al Pucela en la temporada 2006-07 como futbolista y permaneció hasta la 2015-16. En ese tiempo, el centrocampista logró dos ascensos a Primera (2006-07 y 2011-12) y otros dos descensos hacia Segunda (2009-10 y 2013-14). Llegó a disputar 310 partidos oficiales con los blanquivioletas, portando además el brazalete de capitán y ocupando el décimo puesto en encuentros jugados de la historia de la entidad. Una huella ya imborrable en la historia pucelana. Se ganó a pulso la ‘Insignia de Oro’, recibida en Zorrilla el 28 de enero de 2017, con un precioso homenaje.

Álvaro Rubio homenajeado tras su retirada en Zorrilla (2017) / Foto: Real Valladolid
Inolvidable como futbolista, el riojano siguió ligado al club de su vida desde la parcela técnica. Allí se incorporó en 2017 y se ha mantenido durante estos últimos ocho años. Comenzó su formación junto a Luis César en la 2017-18. Durante ese mismo curso, con la llegada de Sergio González (2018 a 2021), formó parte del cuerpo técnico que ascendió a Primera. Y después, también fue una pieza importante de los cuerpos técnicos de José Rojo ‘Pacheta’ (2021 a 2023) y posteriormente, de Pezzolano. El 15 de abril de 2023, con la expulsión de Pezzolano, pudo debutar en Primera como entrenador, ante el Villarreal (unos minutos) y también ante el Girona y el Valencia. Posteriormente, en noviembre de ese mismo año cogió las riendas del filial.
Álvaro dirigió durante veinticuatro encuentros a la cantera pucelana durante la 2023-24, con el resultado de diez triunfos, siete empates y otras tantas derrotas. Sustituyó a Júlio Baptista y llevó al filial a un cómodo octavo puesto, lejos de los problemas clasificatorios del inicio de campaña. En el pasado curso 2024-25 comenzó también con el Promesas, en una campaña donde acabaría entrenando también a un primer equipo en caída libre. Paso a paso. En primer lugar, Rubio encadenó las catorce primeras jornadas de liga con el Valladolid Promesas. Con la destitución de Pezzolano en el equipo principal, actuó como ‘apagafuegos’ hasta la llegada de Diego Cocca.
Así, volvió a ser técnico del primer equipo con triunfo frente al Ávila en Copa del Rey (2-4) y posteriormente, tuvo la oportunidad de dirigir también en Primera División. Lo hizo ante Las Palmas (derrota por 2-1) y frente al Valencia (triunfo por 1-0). La victoria frente a los chés es su primera y hasta el momento, única victoria en la máxima categoría como técnico titular. Tras ese impás y con la contratación de Cocca, volvió al filial, donde se mantuvo hasta la jornada 23. Mientras tanto, el Pucela naufragaba hacia Segunda División y Cocca fue destituido. Esta vez, fue el propio Rubio el designado como técnico. Su misión, casi imposible: reflotar un barco a la deriva.

Álvaro Rubio, como primer técnico / Foto: Real Valladolid
En su segunda etapa, a Álvaro le tocó iniciarse en San Mamés, donde el Athletic le endosó una goleada por 7-1 (jornada 25). Posteriormente, empató frente a Las Palmas (1-1) y a partir de ahí, acumuló derrotas hasta el final de campaña. Hasta doce consecutivas, sufriendo unos meses muy complicados con un balance de un triunfo, un empate y catorce derrotas. Dio la cara en los peores momentos, en medio de un descenso irreversible y una temporada caótica que acabó como colista, con solo 16 puntos. No fue el mejor final para la trayectoria de una leyenda blanquivioleta.
Una «espina clavada» por el final y muchos agradecimientos
Por ello, en referencia a su última etapa como entrenador, el propio Rubio ha reconocido que se va «con una espina clavada». «Los que me conocen lo saben, pero extrañamente sintiéndome más orgulloso de este final de etapa, anteponiendo las necesidades del club, sin pensar en las consecuencias personales. Ojalá nuestros caminos vuelvan a cruzarse algún día y en otras circunstancias. A partir de ahora, lucharé por continuar mi carrera como entrenador, con fuerza e ilusiones renovadas en otro destino», ha continuado.
El logroñés también ha agradecido el trato recibido por «la afición y la ciudad». «Siempre con cariño y respeto, independientemente del mérito deportivo. Mi gratitud infinita por hacerme sentir parte de vuestra historia. Gracias de verdad», ha expresado. También se ha acordado de todos los trabajadores e integrantes del club: «Especialmente a los que cuando llegué me hicieron sentir parte de esta familia blanquivioleta y que he intentado inculcar a las siguientes generaciones lo que significa formar parte de ella. Gracias por darme tanto sin esperar nada a cambio».
«Amo y amaré siempre Valladolid. Vaya donde vaya, formará parte de mí y de mi familia, y os estaré eternamente agradecido por todo lo que me habéis dado. Mis mejores deseos. Siempre Pucela, ¡aúpa Pucela!», ha terminado.


