El nacimiento de Daniela en el Hospital San Pedro protagonizaba la primera noticia del año ese 2015. Ni ella, ni sus padres lo sabían, pero la pequeña de Villamediana llegaba al mundo en una tierra que estaba a punto de empezar a cambiar. Aquel mismo enero Vetusta Morla y Supersubmarina abarrotaban la plaza de toros de Logroño, Gonzalo Capellán disfrutaba en inglés como Consejero de Educación en la embajada de Reino Unido, el obispo Juan José Omella todavía pisaba tierras riojanas y en París un grupo de desalmados atentaba contra la revista’ Charlie Hebdo’. La palabra refugiado era elegida como palabra del año.
Mientras, en La Rioja una mirada en la calle San Juan. Tres números (el nueve, el cuatro y el uno), muchas horas de toma de decisiones y más post-it pegados en paredes, empezaban a dar forma a una idea. El 11 de abril, cuatro ‘locos’ decidían dar el salto y empezar a contar la información de otra forma, ‘a la riojana’. Unos periodistas «dispuestos a iniciar una aventura que no tiene más límites que los de contar, por todos los medios posibles, la actualidad de nuestra tierra», decían entonces. Así nacíamos, mientras La Rioja comenzaba a transformarse.
Diez años más tarde, más de 90.000 noticias después, La Rioja ha cambiado y lo ha hecho para mejor. Somos cada vez más riojanos. De Haro, de Alfaro, de Torremontalbo y de Lagunilla pero también de Colombia, de Marruecos o de Rumanía. 7.346 riojanos más en una década en la que Logroño ha perdido habitantes, sí, pero en la que Villamediana y Lardero se han disparado con un crecimiento insospechado hasta entonces. También han crecido las principales cabeceras de comarca. Sin embargo, los pequeños pueblos siguen perdiendo vecinos: de 58 municipios con menos de cien habitantes en 2015 hemos pasado a 63.

Y todo eso a pesar de que nacen menos niños que nunca porque somos padres más tarde y de que, aunque nos casamos igual, lo hacemos a una edad más tardía y por lo civil. Los riojanos, los que siguen aquí, los nuevos que han llegado y los que un día decidieron irse pero no olvidan su tierra siguen teniendo ese sentimiento de pertenencia que huele a chuletillas al sarmiento, que sabe a vino, que tiene de banda sonora a una charanga y que se goza como no se hace en otro lugar del mundo.
En política, 2015 llegaba en forma de sacudida. Después de más de dos décadas en el Gobierno regional, Pedro Sanz y el PP perdían la mayoría absoluta. José Ignacio Ceniceros (PP) tomaba el relevo gracias a los pactos con Ciudadanos y también con pactos, en este caso con Podemos, llegaba después la socialista Concha Andreu, para terminar volviendo a eso de las mayorías absolutas hace dos años con el popular Gonzalo Capellán. Cuatro presidentes en diez años elegidos por un Parlamento en el que los colores han cambiado de tonalidad y ha girado a la derecha. Apareció y desapareció la nueva política mientras Logroño veía cómo tres alcaldes (Cuca Gamarra, Pablo Hermoso de Mendoza y ahora Conrado Escobar) pasaban por sus despachos.
Y porque «las ciudades cambian más rápido que el corazón de los hombres», la capital comenzaba a modificar su fisonomía intentando no perder su esencia. Llegó la transformación de Sagasta y el soterramiento, la nueva estación de autobuses y el nudo de Vara de Rey y persiste el eterno debate por cómo afrontar la movilidad de una ciudad que se ha convertido en un lugar que contar, que vivir, que disfrutar. Logroño se ha expandido sobre todo hacia el este y al otro lado del Ebro con nuevos barrios que van creciendo y creando ciudad.

Pero no todo se ha movido en esta década a la misma velocidad. Hace diez años ya se hablaba de la falta de infraestructuras que nos conectasen con el resto del mundo. Una frase que sigue resonando en la región una década después. En estos diez años se han movido más papeles que máquinas y la Ronda Sur y la variante de Rincón de Soto han sido las dos únicas infraestructuras que realmente han avanzado y empiezan a verse en el horizonte más cercano. Los trenes siguen llegando con cuentagotas, el avión aún no es una solución efectiva y después de descartarse el desdoblamiento de la N-232 todo pasa por quitarle una letra a la AP-68 y esperar a su liberación.
Pero volvamos atrás. La crisis de 2008 todavía se sentía en 2015, aunque empezaban a notarse los primeros signos de recuperación. Una recuperación que no les sirvió de nada a los trabajadores de Altadis. El eco de más de un siglo de historia se convertía en el adiós a una era. La fábrica cerraba sus puertas. Del griterío de las protestas de los trabajadores se pasó al silencio de las máquinas y el eco de un oficio que había moldeado la región.

Y como todo en la vida, unos van y otros vienen y el turismo y un sector vitivinícola modernizado junto con el nacimiento de empresas dedicadas a oficios tecnológicos que antes ni existían han sido los motores de cambio en estos diez últimos años. Y con ellos, la gastronomía. De cuatro estrellas Michelín en 2015 pasamos a ocho, convirtiéndonos en la región con más estrellas per cápita del mundo. Mientras, el enoturismo se consolidaba en la región. De unas pocas bodegas que abrían sus puertas al que llegaba, La Rioja se iba convirtiendo con el paso del los años en un destino de referencia que se consolidaba con la creación del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV) que marcaba un nuevo horizonte para el sector.
Porque el Rioja en estos años también ha cambiado. Por la presidencia del Consejo Regulador han pasado en estos años cuatro hombres: Luis Alberto Lecea Blanco (2013-2015) , José María Daroca Rubio (2015-2017), Fernando Salamero (2017-2021) hasta la actualidad en la que Fernando Ezquerro afronta el final de su mandato. Mientras, la presencia del vino blanco ha crecido en todo el territorio y con él las vendimias se han adelantado, la mujer tiene cada vez más presencia en los campos y las bodegas y, entre tanto, el sector ha vivido su propia montaña rusa: la helada de 2017, el Brexit, la guerra en Ucrania, la caída del consumo tras la pandemia y ahora los aranceles. Aún así Rioja sigue estando presente en las mesas de todo el mundo vendiendo casi un millón de botellas al día y poniendo nombre a una tierra que se ha convertido «en la más acogedora del mundo».
Pero no todo han sido momentos buenos. En el ecuador de nuestra existencia llegó la pandemia. Un tiempo de calles vacías, de aplausos en los balcones, de falta de respiradores, de olas,de mascarillas, de contagios, de desesperación. El año en el que el mundo entero se detuvo y en el que La Rioja, como el resto, aprendió a vivir de otra manera. Ahí estuvimos, lo contamos, lo lloramos y lo vivimos con vosotros. 978 riojanos perdieron en tres años por el virus, casi 600 en el primer año.

EFE/Abel Alonso POOL
Mientras, la crónica negra se comenzaba a escribir con demasiada frecuencia en sus calles. Una región poco acostumbrada a sobresaltos sumaba en pocos meses demasiados asesinatos, cada uno con su propia sombra pero todos vividos con el mismo desgarro. El nombre de Carolina, el de Issam o el Alex aún resuenan con tristeza en una región que los sigue echando de menos porque el miedo y la tristeza, a veces, también hacen patria. 18 asesinatos en diez años, q6 de ellos en los últimos cinco. La comunidad donde nunca pasaba nada, dejó de serlo.
Y el que en estos diez años no ha dejado de hacer patria ha sido Javier Cámara. En una tierra en la que las grabaciones de películas cada vez son más habituales, el albeldense recogía su segundo premio Goya y abría el camino para otros tantos riojanos que se hacían con el premio o, al menos, eran nominados para ello. Un mundo cultural que en la región ha representado en esta década a la perfección Pablo Sáinz Villegas que ha conseguido pasear el nombre de La Rioja por medio mundo junto a su guitarra española. Dos riojanos que han sabido contar su historia con emoción y maestría mientras la región comenzaba a experimentar la creación y consolidación de numerosos festivales. Actual, el veterano, compartía escena cultural con MUWI, Fárdelej, Holika, Ezcaray Fest y tantos otros que se han convertido en la banda sonora de una tierra única.

Una banda sonora que no ha ido acompañada de grandes progresos deportivos. El deporte riojano en los diez últimos años ha vivido más penas que alegrías. Entre estas últimas, el ascenso de la UD Logroñés a Segunda División (para descender temporadas después hasta la cuarta categoría del fútbol español). Un ascenso no compartido con los aficionados por la situación de pandemia pero que marca el camino hacia donde tiene que ir el futuro. Aunque no todo han sido malas noticias. Casi recién estrenados Carlos Coloma nos daba la alegría de contar con una medalla olímpica que se sumaba a la, hasta entonces única, de Dani Aranzubía. En 2020 el riojano Luis de la Fuente conseguiría la tercera para un riojano en los Juegos Olímpicos de Tokio. Y es que si un nombre está marcado con letras de oro en el deporte de esta pequeña región en los diez últimos años es el del jarrero que poco mas tarde se pondría al mando de la selección nacional con la que no ha dejado de cosechar triunfos. El más importante, la Eurocopa del 2024 en Alemania.

Diez años después seguimos aquí: La Rioja ha cambiado. Nosotros, también. Han sido diez años de noticias que no sólo cuentan la historia de una región, también la comparten con todos los riojanos para seguir siendo testigos de esa transformación. En las próximas semanas analizaremos lo ocurrido en esta década con la mirada puesta también en el futuro, pero sin olvidar de dónde venimos y qué cosas nos movieron a decidir estar aquí.


