Gastronomía

El juego del calamar: al sol que más calienta (III)

Ahora que llueve en serio, ahora que el otoño cae a plomo, ahora que comenzará a llegar el frío… los logroñeses comenzarán a ser de nuevo conscientes de lo que cuesta encontrar en la capital una terraza al sol cuando éste se debilita hasta la primavera. Calles angostas, cerradas, toldos, sombrillas… y son pocas las terrazas en las que darse un buen baño de sol con, por ejemplo, ¡una de calamares!

Un buen punto para disfrutar de ambas cosas (del sol de otoño y de los calamares de siempre) lo podemos encontrar en el Ibiza, en pleno Paseo de El Espolón. El sol está garantizado a mediodía, y desde la terraza se puede degustar una ración de calamares, en este caso, a la andaluza.

Los calamares a la andaluza que sirven en El Ibiza.

Pero si eres más de los calamares a la romana, lo de toda la vida en tierras riojanas, y buscas algo de sol, una de las terrazas más visitadas está ubicada frente al instituto Sagasta. El Cervantes es un buen bar de toda la vida, con un buen servicio de terraza y con uno de los mejores calamares de la ciudad. Son pequeños, tersos y con un rebozado perfectamente elaborado. Se pueden comer como las pipas. Uno detrás de otro para disfrutar de un vermut en familia en el centro de Logroño.

Es uno de los espacios más visitados durante cualquier domingo o festivo, en los que ponen a disposición de sus clientes estas raciones que salen a una de las terrazas en las que dejarse ver. Porque resultará del todo imposible no encontrarse con alguien conocido, que va o vuelve Portales arriba -o Portales abajo- para pasear la ciudad.

Los calamares a la romana del Cervantes.

Los lectores siguen participando en la elaboración de este mapa del buen calamar, un juego que permite prescribir buenos espacios en los que acudir solo en la mejor compañía. Así, Cami no invita a un necesario paseo hacia el exterior de Logroño. En el barrio La Cava-Fardachón, donde la oferta gastronómica va en alza, encontramos un punto en el que tomar buenos cócteles, buenas copas, buenos vinos… y buenos calamares. Cuidan mucho lo que hacen en El Real, un bar clásico en el servicio, de ambiente fantástico y con una amplísima terraza, punto de encuentro los domingos para comer calamares.

Hacia el este de la ciudad, un lector nos invita a conocer los calamares que preparan en el bar Ensenada, en la calle Marqués de la Ensenada. Asegura que «son como los de siempre, con el rebozado buenísimo y en su punto». Porque en una gastronomía tan abierta a las nuevas tendencias conviene reconocer que el calamar, siempre, como el de toda la vida. Conecta directamente con los recuerdos de infancias vividas en largos vermuts familiares. Y eso es sagrado.

Viaje por La Rioja

Gracias a Antonio Santolaya viajamos fuera de la capital. «Quiero aportar mi granito de arena», dije. Y grano hace granero. Se detiene en primer lugar en Ezcaray. Parada gastronómica principal en La Rioja cuando se habla de buena mesa. El lugar que elige es El Refugio. «Aquí lo hacen estupendos». Apunta que son «a la andaluza».

Y ahora nos lleva hasta La Rioja Baja. Con su relato nos conduce hasta Arnedo. «El Imperia». Esta es su recomendación. «Sitio clásico de calamares a la romana clásicos». Todo muy clásico, por tanto, ideal cuando se habla de esta receta. Y en este viaje no se resiste a parar de nuevo en Logroño para su tercera y última recomendación. Nos lleva a un local que hay cerca del instituto D’Elhuyar. «Llevo yendo cuarenta años». Eso es fidelidad. «Estudié al lado». Y supo elegir dónde alimentarse con buen gusto desde su juventud. Elige El Neira. «Muy crujientes», apunta.

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I. El juego del calamar que gusta en Logroño.

II. El juego del calamar: en ración o entre pan y pan.

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