El bocata de calamares. El que se está imponiendo en las barras de la calle San Juan y La Laurel. Desde El Torres, en la primera calle, hasta el Calderas, en la segunda, pasando por La Universidad y otros tantos espacios hosteleros, el bocatita de calamar va ganando espacio en las barras logroñesas. Algún razón tendrá.
Tendencia que ha llegado, incluso, a una de las catedrales de la ración del calamar en Logroño. Es el Samaray un buen lugar para degustar esta propuesta de toda la vida. Especialistas desde hace décadas, aquí tratan este producto con esmero. Frescos, al momento, con el aceite limpio… las familias pasean hasta esta esquina de la San Juan para comer los calamares de toda la vida. Y desde hace un tiempo lo presentan también entre pan y pan si así lo requiere el cliente.

La ración de calamares del Samaray.
El Samaray es un santuario del buen hacer, de la constancia, de la dedicación… donde se pueden comer uno de los mejores calamares de Logroño. Y así vienen siendo durante las últimas décadas. Esta labor la reconocen también los lectores de NueveCuatroUno, que participan activamente en este juego del calamar enviando sus propuestas al correo electrónico [email protected] o al Whatsapp 602262881. Se requiere especial sensibilidad con el punto del calamar, con el exceso de aceite alrededor del rebozado, o con la frescura de la materia prima principal.
Gabriel ha remitido un correo electrónico en el que califica de esta forma los calamares que presentan en esta histórica casa de pinchos: «Por su rebozado crujiente, su toque de aceite justo, su color de fritura y tamaño alargado y contundente y no poder comerlo de un solo bocado, para mi las mejores raciones de calamar son las del bar Samaray, de la calle San Juan. ¡¡¡Brutales!!!». Y son brutales.

Calamares a la andaluza de un bar de Logroño.
Estos calamares que presentan en el Samaray son a la romana, los de toda la vida por estas latitudes. Harina, huevo, quizás cerveza… y con eso se logra un rebozado esponjoso, sabroso, y que no se agarra al calamar. Pero poco a poco se están viendo en nuestras barras calamares a la andaluza, con harina y poco más, que tampoco llegan a tener la presencia, el crujiente y el toque fantástico de la raba cántabra, que como nos apunta algún lector, «en Logroño, la raba de Cantabria, solo se puede degustar en el Días de Norte», ubicado en la calle Doctores Castroviejo. «Es la auténtica raba cántabra, crujiente, tersa, sabrosa…», añade otro lector.
A la andaluza va ganando terreno. Como explica Álvaro Pascual. «A mí me gustan a la andaluza. Porque es un calamar pequeño, limpio y troceado, además tiene que ser de calidad. Enharinado es el rey. Con poco aceite y buena mordida. Por supuesto, sin limón, que el limón disimula muchas cosas». Y remite una recomendación si se busca un buen calamar a la andaluza: «Donde mejor los he probado es en el Al Toque, de Gran Vía. Son cojonudos. Cantidad, calidad, precio y una mordida espectacular». Y aunque remarca que lo suyo es a la andaluza, para los amantes del calamar a la romana, este lector indica que «en el Delicias, de El Espolón, también están muy buenos. Buen calamar y un rebozado poco aceitoso».
-(I) ‘El juego del calamar que gusta en La Rioja’ para saber más cosas sobre los calamares.


